En las cuentas de 2021

Sánchez e Iglesias pactan y venden unos presupuestos ‘fake’ para los militares

La partida total destinada al Ministerio de Defensa crece en un 4,5% y supera la barrera de los 10.000 millones por primera vez en la historia. Sin embargo, el volumen no convence a las Fuerzas Armadas.

La Familia Real saluda a los miembros del Gobierno, con el vicepresidente Pablo Iglesias, el pasado 12 de octubre.
La Familia Real saluda a los miembros del Gobierno, con el vicepresidente Pablo Iglesias, el pasado 12 de octubre.
Europa Press

Que un ministerio aumente más de un 4,5% sus presupuestos en plena pandemia sin duda es una buena noticia para cualquier departamento. Que el que lo haga sea el de Defensa, con un vicepresidente del Gobierno de Unidas Podemos, puede resultar cuando menos extraño. Alguna razón puede esconderse detrás, pero, al menos con la calculadora en la mano, el ministerio de Margarita Robles verá aumentadas sus arcas con respecto a ejercicios anteriores.

Por primera vez en la historia de la democracia, el presupuesto dedicado a las Fuerzas Armadas superará los 10.000 millones de euros, concretamente 10.863 de los que tan solo 25 vendrán gracias al fondo de recuperación de la UE. Sería una muy buena noticia para los militares, que han visto diezmadas sus cuentas cada vez que una crisis se ha cebado con España. Así sucedió en el periodo 2009-2014, cuando la partida dedicada al Ministerio cayó desde los 8.240 de 2009 a los 5.742 en 2014, tras acumular más de un 30% de caída en este periodo. La tímida recuperación y el compromiso de España con sus aliados han permitido un aumento presupuestario paulatino, que situará el gasto en Defensa español en el 1% del PIB, la mitad de lo exigido por parte de los Estados Unidos a sus socios de la Alianza Atlántica.

Aun siendo pírricos, el aumento y sobre todo la señal ofrecida en tiempos de crisis debería ser un motivo de alegría para los miembros de las Fuerzas Armadas, pero tras las cifras se esconden numerosas partidas que se alejan considerablemente del objetivo de unas "FAS modernas, tecnológicamente avanzadas y adaptadas a los tiempos que vivimos", como reza la descripción general de los objetivos del sector contemplados en el apartado de los PGE dirigidos al Ministerio.

Si suprimimos el monto dirigido al CNI, que ve incrementada su financiación, y a los organismos autónomos, la cifra apenas supera los 9.000 millones, estando comprometida ya el 50% de esta cantidad en gastos de personal repartidos entre los 80.000 militares profesionales con los que cuenta España. El resultado es que 5.240 millones irán a pagar un gasto fijo y que es a todas luces desproporcionado con respecto a la tendencia universal de invertir en equipamiento y tecnología de última generación.

La segunda gran partida la forma el apartado de inversiones en armamento y material. En este caso, el 80% de la misma se destinará a sufragar costes de proyectos ya comprometidos en el pasado, como es el caso de los 2.341 millones que se dedicarán al pago de, entre otros, el programa Eurofighter, el avión de transporte militar A400, la modernización de los helicópteros Chinook, las fragatas F-110 o los 53,7 millones ya comprometidos para el desarrollo del futuro sistema aéreo de combate. Esta situación provoca paradojas. Así, en un mismo año van a coincidir los gastos destinados al desarrollo de los vetustos vehículos de transporte Pizarro y sus sustitutos, los conocidos y polémicos Dragón 8x8. 

La causa de este desajuste es el traslado de pagos a futuro, de tal manera que hoy se costean gastos de ayer y eso condiciona el mañana, especialmente en un sector en el que es necesaria una planificación de décadas y en el que hay que ‘imaginarse’ como serán los conflictos de dentro de 30 años. Cualquier equivocación el despilfarro de miles de millones de euros y lo que es más importante, la pérdida de capacidades y de vidas humanas en escenarios internacionales cada vez más complejos.

Si hay algo que preocupa realmente al personal civil y militar de los Ejércitos es el adiestramiento y el entretenimiento del material. En estas circunstancias, cualquier recorte en los programas de formación y mantenimiento puede tener resultados catastróficos, tanto en combate como en el cumplimiento de las misiones asignadas y compromisos internacionales de las Fuerzas Armadas.

Este parece ser el contenido de la advertencia que el Jefe de Estado Mayor de la Defensa, el general Miguel Ángel Villarroya, lanzó el pasado jueves en el Congreso de los Diputados, cuando puso de manifiesto que se han tenido que reducir la preparación de los efectivos que no vayan a integrarse próximamente en el Ejército. Un hecho que, de facto, supone la reducción del número de equipos y sus tripulaciones operativas.  El general, según informa Europa Press, resaltó que en 2020 solo se han podido realizar un 51% de las operaciones de mantenimiento necesarias. La cifra está a años luz del 70% establecido como cifra mínima sólo para atender las emergencias. La situación como explicitó el JEMAD provoca que las Fuerzas Armadas sufran un “alto porcentaje” de materiales inmovilizados “por falta de recursos”.

La intención de Villarroya parecía estar más dirigida a apostar por amarrar presupuestariamente el correcto mantenimiento y formación en los equipos y capacidades ya disponibles que en adquirir nuevas. “Nuevos sistemas sí, pero siempre que no vaya en detrimento del material en servicio”, para que “un esfuerzo no hipoteque a otro”. 

La reducción fáctica de los presupuestos asignados a Defensa también preocupa a la industria militar nacional, especialmente segmentada y que vive en gran parte del mantenimiento y desarrollo de equipos ya existentes. La falta de partidas claras y que permitan planificar a medio y largo plazo sus inversiones afectan directamente a los puestos de trabajo de pequeñas y medianas empresas. Villarroya también defendió que apostar por contar con capacidades militares creíbles y eficientes es también “invertir en la defensa de los españoles y salvar vidas”. Dos factores que se unen a la creación de “un motor” para la industria española.

Políticamente, la negociación de los presupuestos de Defensa ha llevado a la ministra Robles a mantener e incluso aumentar mínimamente las partidas destinadas al ministerio en un contexto nada favorable. En este sentido, el enfado militar no se dirige tanto hacia ella como hacia los ministros de tonalidad morada del Gobierno. Aquellos que han conseguido ser los más beneficiados del pacto interno en el seno del Consejo de Ministros para presentar los “presupuestos más sociales de la historia de la democracia”.  A cambio, Defensa y la ministra al menos han conseguido evitar un tijeretazo como el ocasionado en 2013, con Mariano Rajoy al frente de un Ejecutivo que necesitaba arañar cualquier céntimo de euro en pro de sanear unas depauperadas cuentas públicas.

El aumento de gasto militar no puede ser apoyado, al menos explícitamente, por Unidas Podemos. Es casi “una cuestión de principios” que ha llevado al portavoz de la formación morada en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados, Roberto Uriarte, a cuestionarse sobre si su partido va a ser tratado “como un socio leal de oposición”, en referencia al ninguneo que su partido parece haber sufrido durante la gestación de los presupuestos del departamento. Uriarte aseguró que no había recibido ningún dato sobre las cuentas antes de hacerse públicas, en una tensa comparecencia de la secretaria de Estado de Defensa, Esperanza Casteleiro, para defender las cifras del Ministerio en el Congreso.

Todo un fuego de artificios ‘fakes’ que no convencen a nadie en un espectáculo en el que una de las facciones que forman parte del Gobierno pone en cuestión los presupuestos que su mismo partido presenta para su debate y consideración. Y es que, en cuestiones de Defensa, ni unidos podemos.

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