Domingo, 21.07.2019 - 02:47 h

El miedo y la vergüenza ocultan los datos reales de las agresiones de hijos a padres

Un 8% de los hijos reconoce maltratar psicológicamente a sus padres, aunque estos intentan ocultarlo

Los padres tienen miedo de hablar de una realidad cada vez más frecuente en los hogares españoles.

Los padres tienen miedo de hablar de una realidad cada vez más frecuente en los hogares españoles.

"Estamos viviendo un infierno". Es lo que dicen los padres que, desesperados, piden ayuda a las instituciones ante las agresiones de sus hijos. Pero son la minoría. Nada más difícil que denunciar a tu propio hijo, dicen los fiscales.

Un pequeño porcentaje de los hijos que maltratan psicológicamente a su padres se atreven a reconocerlo, pero son aún menos los padres que manifiestan haber sufrido esas agresiones. Este tipo de violencia familiar es todavía un tabú en la sociedad española, como sucedía hace años con la violencia de género.

Los psicólogos identifican como violencia filioparental la "actuación reiterada de hijos e hijas con el propósito deliberado de causar dolor físico, psicológico o económico a sus progenitores".

El uso del móvil, la compra de sustancias estupefacientes y de alcohol o la normas de la casa suelen ser algunos de los motivos que disparan los conflictos intrafamiliares que pueden derivar en agresiones físicas o psicológicas.

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Esther Calvete, autora de numerosos estudios sobre la Violencia filiopartental y profesora de la Universidad de Deusto, alerta de los datos preocupantes que reflejan las investigaciones y que los psicólogos constatan en sus gabinetes cada vez con mayor frecuencia. Entre un 8 y un 9 por ciento de los adolescentes admite haber agredido a alguno de sus progenitores mediante insultos, amenazas, robos, etc. Y entre el 3 y el 5 por ciento reconocen que también les pegaron empujones o patadas.

Las respuestas de los padres suelen bajar estas cifras. Ante la pregunta “¿ha sido usted agredido por su hijo?”, sólo entre el 5 y 6 por ciento de los padres responde afirmativamente. Y esta cifra disminuye a entre el 1 y el 3 por ciento cuando se inquiere específicamente por las agresiones físicas.Como pasaba con la violencia de género

“Los padres tienden a minimizar algunas de las conductas agresivas de sus hijos e hijas, como hace años ocurría con la violencia de género”, cuenta Calvete en un encuentro con el Consejo General de la Psicología en España.

“Algunos progenitores podrían sentirse incómodos admitiendo que sus hijos e hijas les tratan de forma agresiva debido a que la sociedad a menudo interpreta que la violencia filio-parental es signo del fracaso de los progenitores a la hora de educar y establecer límites a sus hijos”, explica.

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Los estudios detectan que cada vez son más frecuentes los casos de agresiones psicológicas -sobre todo verbal y económica- de chicas a sus padres; los chicos suelen ser todavía quienes recurren con más frecuencia a la violencia física.Deseo desordenado de lograr todo y ya

Los psicólogos explican estas actitudes reflejan abundantes casos de narcisismo secundario, un deseo desordenado de lograr inmediatamente todo lo que desean, que puede ocultar importantes problemas de autoestima e incluso sintomatología depresiva.

Según Esther Calvete, los padres no son los únicos que padecen en este tipo de conflictos, ya que “los propios agresores sufren mucho”. En ocasiones, su forma de comportarse “es una forma de manifestar su malestar y hastío con su propia realidad”.

La violencia de hijos a padres suele ser más frecuente en las familias monoparentales, especialmente en aquellas que han vivido algún tipo de violencia familiar en el pasado. Es el caso de los menores que fueron testigos de violencia de género o de abusos psicológicos entre los progenitores. “Es algo muy frecuente relatado por los adolescentes a quienes hemos entrevistado en centros especializados”, resalta Calvete. De ahí que los expertos recomienden introducir programas de prevención de la violencia en los casos de familias que ha vivido la violencia de género, incluso cuando los niños aún son pequeños.

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Las soluciones a este problema no son fáciles por la vergüenza que sienten los padres y familiares que presencian los hechos. “Piensan que serán juzgadas negativamente por parte de los profesionales y la sociedad en general. Sienten vergüenza por lo sucedido”. En casos extremos también hay temor de que las autoridades ordenen el ingreso del menor en un centro especializado, lejos del domicilio familiar, para prevenir futuras agresiones.Visibilizar el problema

Por este motivo, los expertos animan a realizar campañas que visibilicen este problema y los recursos disponibles para tratarlo, dado que “los medios de comunicación, centrados en el sensacionalismo, no siempre han contribuido a generar una imagen correcta del problema”.

Los psicólogos recuerdan que en España han surgido “excelentes programas de intervención en numerosas comunidades”, aunque reclaman que se continúe investigando sobre este problema, que “no es sencillo”.

En este sentido, Calvete recuerda que “no hace mucho tiempo la violencia contra las mujeres permanecía oculta en el ámbito de la familia. La sociedad no estaba sensibilizada y no había recursos para abordar el problema. Aunque aún queda un gran camino para solucionar el problema de la violencia de género y aún muchas mujeres la sufren en silencio, se ha avanzado mucho. En años futuros deberíamos avanzar con la violencia filio-parental en la misma línea: con sensibilización, prevención y tratamientos adecuados”.

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