Cerrojazo en España,
recesión a la vista


CRISTINA ALONSO


Nerea de Bilbao Diseño e infografía

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“Whatever it takes”. Apenas tres palabras. Era julio de 2012 y Mario Draghi sacaba toda la artillería del Banco Central Europeo para evitar la asfixia económica de los países del euro. El eco de aquellas declaraciones resonaba esta semana en Pedro Sánchez: “Haremos lo que haga falta, donde haga falta y cuando haga falta”. La situación es excepcional y crítica. Tras el histórico Consejo de Ministros de este sábado que decretó el ‘cerrojazo’ de España para frenar la alarmante evolución del coronavirus en nuestro país, el presidente se resignó a admitir que el impacto de esta crisis global para la economía española “será grande” y adelantó que al Gobierno no le temblará el pulso a la hora de tomar decisiones en materia económica. “La victoria será mayor cuando caiga en picado la propagación a nuevos enfermos y será en ese momento cuando nuestra economía se recuperará con fortaleza”, aseguró. Todo dependerá del ritmo de expansión y contención del virus a nivel mundial, donde juega un papel importante la responsabilidad individual de los propios ciudadanos. Y en este momento, mientras una enorme parte del tejido productivo español echa el cierre en pleno estado de alarma, todos los escenarios están abiertos.

El shock del imparable coronavirus para la economía global y los mercados financieros empieza a recordar a la crisis de 2008, como ha advertido la encargada de pilotar ahora el Eurobanco, Christine Lagarde. Nadie veía venir una recesión de la mano de un virus, pero en la ‘bola de cristal’ de los economistas empieza a vislumbrarse como una opción más que probable. La incógnita en todas las previsiones es la variable tiempo: a mayor duración, mayor daño. Por tanto, los analistas están haciendo una aproximación prudente basada en distintos escenarios. En el peor de todos, el Covid-19 hunde al PIB mundial y lo deja inmerso en una recesión duradera de importantes repercusiones socioeconómicas. Y ante ese panorama, la economía europea y la española en particular sufrirá de manera importante, sobre todo por el golpe al sector turístico, que supone más de un 12% de nuestro Producto Interior Bruto (PIB). Pero casi ningún sector está a salvo de esta pandemia.

“Haremos lo que haga falta, donde haga falta y cuando haga falta” Pedro Sánchez

Tres palabras, aquellas pronunciadas por Draghi hace ocho años, y tres letras para interpretar ahora la eventual evolución de la economía mundial -y también de la española- en tiempos de pandemia: la V, la U y la L. La primera, la que más se repetía hasta la semana pasada, implica una rápida caída de la actividad, seguida de un repunte igual de veloz tras tocar suelo. En este escenario, el desplome de la demanda por falta de abastecimiento se recupera una vez los suministradores, principalmente chinos, retomen el ritmo habitual. Es el escenario que en estos momentos baraja el Ejecutivo español. La segunda, que contempla un periodo más lento hasta encarar la recuperación, empieza a tomar fuerza como la más factible entre los servicios de estudios. Incluso, los analistas no descartan un shock en forma de L en el que las economías mundiales afrontan una lenta fase de recomposición tras un crash catastrófico.

Estos tres escenarios los recoge detalladamente el último informe de actualización continua de McKinsey & Company, que aunque no especifica el caso español, deja buena cuenta de la que se viene encima a nivel mundial en una economía globalizada en la que España tiene mucho que decir (y que perder). En el primero de los escenarios, de rápida recuperación, el recuento de afectados por coronavirus continúa creciendo, con el consecuente incremento de la preocupación social y caída de la demanda, si bien se da una intensa reacción pública y los ciudadanos toman medidas para contener la propagación del virus. Aquí, el modelo desarrollado en asociación con Oxford Economics sugiere que el crecimiento global del PIB para 2020 cae desde estimaciones de consenso previas de aproximadamente un 2,5% hasta el entorno del 2%. Es decir, la crisis del Covid-19 resta medio punto de avance a la economía mundial, sobre todo lastrada por el impacto en China, que pasaría de crecer un 6% a un 4,7%.

Otra opción que empieza a cobrar fuerza es un escenario en el que los países no lograran el mismo control rápido que consiguió China. En Europa y Estados Unidos la transmisión sería alta pero localizada, en parte porque los ciudadanos, las empresas y los gobiernos tomarían fuertes contramedidas, incluido el cierre de escuelas y la cancelación de eventos públicos. Aquí se reduciría el crecimiento del PIB mundial a la mitad, a entre el 1% y el 1,5%, lo que implicaría una desaceleración, pero no una recesión. Las pequeñas y medianas empresas sufrirían especialmente y los sectores más afectados serían los servicios, incluidos la aviación, los viajes y el turismo, que perdería la temporada alta de verano. Malas noticias, por tanto, para la economía española en concreto. Para el resto de sectores el impacto no sería directo, sino derivado de la caída del PIB nacional y mundial. El petróleo y el gas, por ejemplo, se verían afectados, ya que los precios se mantendrán por debajo de lo esperado hasta el tercer trimestre.

Por último, el temido escenario de la recesión. El análisis de McKinsey plantea que en el caso de que el brote alcance el nivel de pandemia, como ya ha hecho oficial la Organización Mundial de la Salud (OMS), y se demuestre que no es estacional, es decir, que no se ve afectado por la primavera en el hemisferio norte, la economía frenará en seco. Y caerá de golpe. En este panorama el crecimiento de los casos de contagios continúa durante el segundo y tercer trimestre, lo que podría colapsar los sistemas de atención médica en todo el mundo y retrasaría la recuperación de la confianza del consumidor hasta el tercer trimestre o incluso más tarde. Este escenario resultaría en una crisis de alcance mundial en la que el PIB llegaría a caer hasta registrar tasas negativas del 1,5% y, como mucho, alcanzaría un rango de hasta el 0,5%. Un hundimiento que afectaría especialmente a una economía española que todavía no ha terminado de recuperarse de la Gran Recesión.

El impacto de esta crisis sanitaria y económica, en dinero contante y sonante, es imposible de cuantificar en estos momentos. Ya se están registrando pérdidas millonarias por cancelaciones de todo tipo de eventos a nivel mundial -en España hemos dicho adiós al Mobile World Congress, las Fallas valencianas, la Feria de Abril y todo tipo de competiciones deportivas de primer nivel- a las que habrá que sumar el lastre en las cuentas de resultados de las compañías que se vean obligadas a echar el cierre durante estas semanas. Los gobiernos nacionales han puesto en marcha planes de choque fiscales e inyecciones de liquidez, a lo que se sumarán las inversiones de organismos supranacionales como la Unión Europea, que ya ha anunciado 37.000 millones de euros (a España le corresponden algo más de 4.000), pero está por ver su alcance real. Un factor determinante es el tiempo, tal y como explican desde BBVA Research: “Las incertidumbres han aumentado y el impacto negativo en el crecimiento global dependerá de la duración, intensidad y propagación final que alcance la epidemia”. Desde el servicio de estudios de la entidad señalan, no obstante, que aún es pronto para aventurar un escenario.

“Las incertidumbres han aumentado y el impacto negativo en el crecimiento global dependerá de la duración, intensidad y propagación final que alcance la epidemia” BBVA Research

Siempre se puede echar la vista atrás y analizar qué ha sucedido en situaciones parecidas. Básicamente, tal y como reconoce la OMS en un informe reciente, “las epidemias devastan las economías”. Según sus estimaciones, en el año 2003 el SARS provocó pérdidas económicas por valor de más de 40.000 millones de dólares (unos 35.200 millones de euros). La pandemia de Gripe A (H1N1) costó en 2009 entre 45.000 y 55.000 millones de dólares (de 40.000 a 50.000 millones de euros) y entre los años 2014 y 2016 el brote de ébola en África tuvo un impacto de 53.000 millones de dólares (46.600 millones de euros).

En cualquier caso, a estas alturas a nadie se le escapa que la economía no va a salir indemne de esta crisis. Incluso la ONU ha dejado claro que el coronavirus no solo supone una amenaza para la salud pública, sino también para la economía global. Según el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) se estima que el Covid-19 desencadenará una recesión en algunos países y una desaceleración del crecimiento anual global por debajo del 2,5%, a menudo tomado por economistas privados como el umbral de recesión para la economía mundial. El impacto resultante en ingresos en comparación con lo que los pronósticos habían proyectado para 2020 será de alrededor del billón de dólares, en el mejor de los casos, y de dos billones, en el peor, según el citado informe. La clave, hay que insistir, está en el tiempo. Y nadie tiene la bola de cristal en esta crisis. Tampoco Pedro Sánchez, que ha comprometido un plan de choque económico progresivo, en función de la evolución de la crisis sanitaria durante los próximos días. Todos los escenarios están abiertos.

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