El gas y su papel clave en la descarbonización

En el abanico de opciones frente al objetivo de emisiones cero, el gas se perfila como uno de los líderes en el modelo energético del futuro


Los objetivos de París en la Unión Europea exigen, entre otras cosas, que de cara a 2050 todos los sectores (electricidad, transporte, inmuebles e industria) tendrán que estar libres o prácticamente libres de carbono. Así lo estableció el impulsor de la agenda 20-20-20 de la UE, Christopher Jones, durante su intervención del pasado junio en Madrid en los Encuentros Energy Prospectives, organizados por la Fundación Naturgy y el IESE Business School.

Pero ¿cómo se puede avanzar hacia esa descarbonización? Teniendo en cuenta que el contexto es de crecimiento de la demanda, solo queda una solución lógica: el avance hacia un modelo basado principalmente en energías renovables en forma de gas y eléctrica.

Y es que el gas natural puede desempeñar un papel decisivo en la transición energética para lograr un sistema bajo en emisiones de carbono a través de iniciativas como la cogeneración de industrias y sector residencial, además de su uso en transportes terrestre y marítimo.

"El gas natural es una de las tecnologías más eficientes económicamente"

Así, este tipo de energía en su alternativa renovable (biometano) se sitúa como la mejor alternativa en usos energéticos no eléctricos, como procesos industriales de alto calor, transporte pesado y marítimo y parte del consumo residencial de calefacción, entre otros.

El híbrido del futuro

Según Christopher Jones, para alcanzar los objetivos de descarbonización en el futuro ha de imperar un híbrido entre la electricidad con renovables y el gas descarbonizado, que incluye biometano, hidrógeno verde y gas renovable.

“Los estudios actuales indican que, para 2050, en un modelo eficiente en costes, la UE necesitará el gas renovable como medio para descarbonizar los sectores industrial, residencial, comercial y del transporte, así como un importante vector energético en la producción futura de electricidad”, asegura el experto energético y profesor de European University Institute.

Y es que la opción del gas tiene, a medio plazo, un coste mucho mejor, tal y como argumenta el autor, en gran medida porque utiliza infraestructuras existentes y evita la construcción de nuevas líneas eléctricas. Así, en estudios que él mismo firma, se recoge que este modelo aseguraría a la UE un ahorro que oscila entre los 217.000 y los 540.000 millones de euros al año.

Más allá de los académicos

Además de distintos estudios, las compañías energéticas también apuntan a esa posición mixta. Naturgy, como ejemplo, considera que el gas es un componente clave en la transición energética que podrá seguir el ritmo marcado por la agenda climática.

“Es una fuente de energía eficiente, limpia y flexible, que puede utilizarse en todos los sectores y que ofrece soluciones esenciales allí donde la electrificación no es factible”, explican desde la compañía. Y es que, según los últimos informes de la Comisión Europea y de la Asociación Europea de la Industria Eléctrica (Eurelectric), la electrificación no será suficiente para cubrir la demanda de energía.

El gas renovable no se encuentra en el futuro: muchos países lo aplican ya de forma efectiva. Es el caso de Alemania, Reino Unido, Suecia y Francia, que utilizan una energía equivalente al gas pero obtenida mediante recursos renovables como la biomasa o los residuos orgánicos y, por lo tanto, neutra en emisiones de CO2.

Su producción supone, de hecho, un gran ejemplo de la llamada economía circular; además, permite a la sociedad producir, distribuir y consumir gas autóctono, convirtiéndolo en un gran propulsor de la economía local. Otro gran punto a favor: su versatilidad, ya que puede usarse como combustible para transporte, pero también, mediante su inyección en la red de transporte de gas, para hogares o industrias.

España cuenta, en la actualidad, con más de 300 plantas de producción de gas renovable, más de la mitad procedente de las plantas de tratamiento de aguas de residuos, 30 procedentes de residuos sólidos urbanos y más de 40 procedentes de residuos agroganaderos. No obstante, solo dos plantas convierten gas en biometano, el gas renovable con calidad suficiente como para ser inyectado a la red de transporte de gas.

Y las cifras son optimistas: Según la patronal gasista Sedigas, la mitad de la demanda doméstica en España podría ser suplida, para 2030, con Gas Renovable, dado el volumen de residuos existente. Matizan que, para ello, “habría que apoyar esta tecnología para que haya inversiones necesarias que abaraten su producción”.

El gas en el transporte

El transporte es, sin duda, uno de los sectores clave de cara a mitigar el calentamiento global. El cambio en su uso pasa, según el informe Un modelo energético sostenible para España en 2050, elaborado por Deloitte, por dos puntos principales: “El cambio modal a ferrocarril y el impulso de los vehículos de gas natural vehicular”.

Cabe aclarar, en este punto, que el gas natural vehicular tiene dos formas: la primera es el gas natural comprimido o GNC, utilizada para el transporte ligero; y el gas natural licuado (GNL), destinado a barcos y transporte pesado.

Este último está llamado a ser el combustible del futuro en el transporte a corto y medio plazo, hablando en especial de la vertiente de mayor tonelaje, en la que la electrificación queda lejos. Pero no es la única ventaja del gas natural: además, es la energía mejor posicionada ambientalmente para largas distancias, ya que no sacrifica la autonomía ni la economía de los vehículos.

Por otro lado, es más económico: el coste por kilómetro de un vehículo a gas natural es un 30% menor que con gasóleo y un 50% menor que el de gasolina. Como suma, es más silencioso, limpio y respetuoso con el medio ambiente que los combustibles fósiles.

Además, en comparación con otros combustibles, el gas natural mejora la calidad del aire global y local al reducir las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOX), partículas en suspensión y dióxido de azufre, gases causantes de problemas respiratorios. Reduce, de igual forma, el 25% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal causante del efecto invernadero.

“El GNV es una tecnología suficientemente madura que debe jugar un papel relevante en la reducción de emisiones”, apunta el mismo estudio de Deloitte. No obstante, apunta a que, para promover el gas natural como combustible pesado, “se deberán desarrollar los mecanismos adecuados que incentiven la construcción de infraestructuras de repostaje; desarrollar una estrategia de desarrollo e implementación del GNV para el transporte pesado; y realizar campañas de difusión para comunicar sus ventajas”.

Esta descarbonización se traslada, de igual modo, al transporte marítimo, esta vez mediante la utilización de gas natural licuado (GNL): la gran mayoría de embarcaciones funcionan con productos derivados del petróleo, y el gas elimina en más de un 80% las emisiones de óxidos de nitrógeno, en un 70% las de partículas y en un 100% las de dióxido de azufre.

Con más inversión, desarrollo y difusión, el gas natural se transformará en una de las energías del futuro más extendidas y versátiles.

Bluemedia Studio para Naturgy

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