El negocio
de la burbuja
renovable


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SANTIAGO CARCAR


Infografías Nerea de Bilbao

¿Qué sucede si se juntan empresas cotizadas a la búsqueda desesperada de nuevos segmentos de negocio; fondos de inversión a la caza de oportunidades; liquidez abundante; planes gubernamentales para instalar hasta 60.000 MW de nueva potencia renovable y una regulación llena de huecos? Una burbuja…de papel. España registró en 2019 un récord de instalación de proyectos renovables tras años de parálisis. Se conectaron a la red 6.456 MW renovables y se reventó el récord de 2018 (4.658 MW). Pero los datos reales de la fiebre los tiene Red Eléctrica del España (REE), el gestor del sistema eléctrico. A 31 de enero, la compañía había autorizado la instalación de 105.000 MW eólicos y solares y había recibido solicitudes por otros 28.000 MW: el doble de las necesidades que prevé el Gobierno en una década.

Los números muestran una explosión. Una burbuja, aunque el papel lo aguanta todo. El director general de la Unión Española Fotovoltaica, José Donoso, reconoce que “hay un gran interés por invertir en un sector que ofrece posibilidades en un momento de liquidez abundante”. Las solicitudes de conexión a la red son un indicio de ese interés. Pero muchas de las solicitudes, admite Donoso, corresponden a proyectos que sólo existen sobre el papel. “Reclamamos -explica el directivo- una normativa exigente y cuanto antes para desplazar a los especuladores”.

La especulación se centra sobre todo en los permisos de acceso a la red de electricidad. El enganche. Con la normativa en vigor, REE tiene las manos atadas. Quien obtiene autorización para desarrollar un proyecto tiene derecho a solicitar un permiso de enganche con una garantía mínima. Con un desembolso mínimo y un aval de 40.000 euros, ese permiso se puede revender. El consejero delegado de Endesa, José Bogas, apuntó esta misma semana al problema de la especulación con las autorizaciones. “Los éxitos de algunas gentes”, dijo, “son conseguir los permisos y los proyectos para poder especular con ellos, vendiendo desde 60.000 hasta 250.000 euros el megavatio (MW) de proyecto”. “”Hay empresas muy serias que los han comprado por 250.000 euros”, indicó, añadiendo que se está creando “una burbuja enorme”.

La Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC), el Ministerio de Transición Ecológica y REE están al tanto del problema. Competencia y el Gobierno preparan sendas iniciativas para regular el acceso a la red y evitar la especulación. Mientras, la empresa que preside Beatriz Corredor ha hecho lo posible por filtrar las solicitudes desde servicios que en algunos momentos se ven desbordados.

“Yo no lo llamaría burbuja”, asegura el empresarios, divulgador y experto en energía, Jorge Morales de Labra. “Hay menos proyectos (renovables) de los que parece. La especulación se da con la conexión. Sale barato pedir el acceso. Hay mucha solicitud y poco cable, poca obra”, expone. En ese marco, la incertidumbre se multiplica. En opinión de Morales de Labra, va a haber muchos proyectos, válidos en un excel y que sólo tenían puntos de conexión autorizados “que no van a acceder a financiación” y van caer.

El director general de la Asociación Empresarial Eólica (AEE), Juan Virgilio Márquez tampoco ve burbujas en el sector. “Sí hay una necesidad de regular los accesos”, asegura. “Es importante que se articule la capacidad financiera y técnica de los proyectos; que haya hitos exigentes para dar curso a las solicitudes”.

La sombra de la especulación afecta al sector renovable y hay debate sobre sus causas, más allá de la falta de regulación. Bogas (Endesa) señala a las subastas que “resucitaron” las renovables en 2016 y 2017 como el germen de la burbuja. Eólicos y fotovoltaicos, con matices, las consideran necesarias para el desarrollo de nuevas inversiones. “Son necesarias para dar continuidad a la instalación y garantizar la oportunidad de oportunidades a los inversores, pero siempre que se garantice espacio para pequeños promotores –menos de 10 MW-”, apunta Donoso.

Nadie discute que la llave de la transición ecológica está en las renovables. Si se cumplen los planes del Gobierno, en 2030 la potencia eléctrica instalada rondará los 160 GW. Del total, 110 GW serán renovables. Es una revolución para el sistema. Se abren muchas cuestiones nuevas. El analista de modelos energéticos, Javier García Breva, destaca entre otras cuestiones la contradicción entre la búsqueda de rentabilidad de los inversores y la tendencia a la caída de precios de la energía. En su opinión “con más renovables se producirá el efecto caníbal que reducirá los ingresos y la rentabilidad de las instalaciones a niveles cercanos a cero, lo contrario de lo que persiguen los inversores con las autorizaciones de REE”. En opinión de Breva, el sistema eléctrico se encamina hacia la sobrecapacidad renovable y no son necesarias nuevas subastas.

“Con más renovables se producirá el efecto caníbal que reducirá los ingresos y la rentabilidad de las instalaciones a niveles cercanos a cero, lo contrario de lo que persiguen los inversores con las autorizaciones de REE”

La agitación en el sector renovable es lógica. España ha acelerado el proceso de transición energética con el Gobierno de Pedro Sánchez y las renovables están en el corazón del proceso. El primer empujón se produjo ya hace dos años. En 2016 y 2017 regresaron las subastas para adjudicar proyectos. El dinero volvió a tintinear en los departamentos de análisis e inversión de empresas, fondos y bancos. El tirón fue notable. En 2018 se invirtieron en España 6.840 millones de euros en renovables, frente a los apenas 1.000 millones de un año antes, según datos de Bloomberg NEF.

El movimiento afecta a todos los actores implicados en el desarrollo del negocio: de Red Eléctrica de España (REE), que tiene que dar paso a la nueva generación en la red, a la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) cuyo servicio de reclamaciones se ha visto desbordado por las quejas de promotores cuyas peticiones de enganche han sido rechazadas. El negocio renovable se está reconfigurando y la entrada de grandes jugadores como Repsol, BP o las eléctricas lo concentra aún más.

La consultora Haz Energía elaboró hace poco más de un año el ránking de las empresas que copan el negocio en España. Dos decenas de empresas controlan casi las tres cuartas partes del negocio de las energías limpias en el país. Pocas empresas, grandes proyectos. Es lo contrario de lo que están haciendo países como Alemania, Italia, y Francia, que apuestan por instalaciones de renovables de pequeño tamaño, vinculadas al autoconsumo. En Alemania, más de la mitad de la potencia fotovoltaica corresponde a proyectos de menos de 40 kW . También en Francia el 98% de estas instalaciones tienen potencias inferiores a 100 kW. En Reino Unido, solo en los últimos tiempos ha empezado a cambiar la dinámica a favor de grandes proyectos fotovoltaicos.

España va por otro camino. El informe Solar Power Europe, de junio de 2018 la sitúa junto a Rumanía y a Bulgaria. Son los países que apuestan por megaproyectos de renovables. Una estrategia alejada también de mercados como el austriaco, el suizo y el holandés, en los que las grandes instalaciones fotovoltaicas sobre suelo han jugado un papel muy residual, frente al mayor desarrollo que se ha producido en las instalaciones sobre cubierta.

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