‘Parte de guerra’
a Bruselas:
escenario
de una crisis


BRUNO PÉREZ


Nerea de Bilbao Diseño e infografía

Facebook
Twitter
LinkedIn

Nadia Calviño se enfrenta esta semana a una prueba de fuego. El jueves como muy tarde la Vicepresidencia de Asuntos Económicos debe remitir a Bruselas la Actualización del Plan de Estabilidad del Reino de España para el periodo 2020-2023, que antes de marzo se esperaba con interés para vislumbrar la hoja de ruta en materia económica del Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos para la próxima legislatura pero que ahora se espera con más interés todavía para conocer, en primera instancia, cuál es el balance de daños que el Ejecutivo espera para este año tras el devastador impacto social y económico del coronavirus, y en segundo término, para conocer ya de forma oficial cuáles son sus expectativas respecto a la recuperación de la actividad económica: su posición en definitiva en ese debate sobre si España va a salir de la crisis más rápido, en ‘V’; con ciertas dificultades, en ‘U’; o directamente se estancará, haciendo una ‘L’.

El asunto se dirime con la máxima discreción en los despachos de la Vicepresidencia de Asuntos Económicos, a partir de las evidencias disponibles y de las proyecciones realizadas por el equipo del director general de Análisis Macroeconómico, Carlos Cuerpo, exanalista jefe de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal. El celo sobre las previsiones oficiales del Gobierno para este año y los venideros es tal que a menos de una semana de tener que remitir este crítico informa a Bruselas el Ministerio de Hacienda aún no disponía del escenario macro a partir del cual armar sus previsiones de ingresos y gastos para este año, absolutamente necesaria para trazar la senda de consolidación fiscal para los próximos años. “Es una situación muy excepcional y cualquier nuevo indicador que aparezca puede aportar información muy relevante sobre cómo pueden ir las cosas”, justificaba con la boca pequeña un miembro del área económica del Gobierno.

Según ha podido saber La Información, en los últimos días la horquilla de caída del PIB para este año con la que trabaja la Vicepresidencia Tercera se ha estrechado a un segmento de entre el 8% y el 9%, un abanico amplísimo en condiciones normales, pero que en un contexto de extraordinaria incertidumbre sobre el futuro como el actual se antoja hasta angosto. Basta recordar que el informe prospectivo publicado hace apenas unos días por el Banco de España planteaba tres potenciales escenarios que iban desde una caída del 6,6%, en el mejor de los casos; hasta un desplome del PIB del 13,6%, en el escenario más desfavorable.

La decisión es particularmente delicada por una razón que ancla sus raíces en la Gran Crisis de hace una década: los mercados nos vigilan. “Ya es más una decisión política que técnica. Sabes que no puedes alejarte de la previsión realizada por el FMI – caída del 8% del PIB en 2020 y tasa de paro del 20,8% – porque los inversores van a cuestionar tu credibilidad; y que no puedes bajar de la previsión de caída que ha estimado Francia -del 8%, casi un punto más de lo estimado por el FMI (7,2%) – porque los mercados te pueden tachar de optimista. Y sabes también que por tu bien no te puedes permitir una caída de dos dígitos… Luego está la vigilancia de Bruselas, que no te va a dejar que te pases de optimista”, explica un alto funcionario con años de experiencia en la elaboración de las previsiones económicas del Gobierno.

Ha pasado más de una década pero el recuerdo de la Gran Crisis financiera sigue muy presente. España, Europa y el mundo se enfrentan de nuevo a un fenómeno sin precedentes como consecuencia de la expansión planetaria del Covid-19 y hay un pánico indisimulable a repetir los errores del pasado. Lo hay en Frankfurt, sede del todopoderoso Banco Central Europeo, donde Christine Lagarde tuvo que enmendar a las pocas horas su maniobra evasiva inicial – aquello de que “no estamos aquí para reducir las primas de riesgo” – y comprometerse de forma inequívoca a utilizar toda la potencia de su ‘bazooka’ financiero para no resucitar una década después las dudas sobre el proyecto del euro. Lo hay en Bruselas, que pese a sus tradicionales titubeos ha mostrado una diligencia infinitamente mayor a la hora de poner sus recursos a disposición de los países afectados que hace una década.

Y lo hay también en España, uno de los países más zarandeados por la crisis financiera de hace una década y también uno de los más castigados ahora por el coronavirus. Buena parte de las tensiones internas por la suficiencia o insuficiencia de las medidas de contingencia para atenuar el impacto de la crisis, lo que se ha dado en llamar el ‘escudo social’, puestas en marcha por el Gobierno han venido de la obsesión del área económica de Nadia Calviño por controlar la factura de la crisis. Fuentes del diálogo social aseguran que muchas de las medidas pactadas con los ministerios se han ‘aligerado’ o directamente se han metido en el cajón por el pánico de la Vicepresidencia de Asuntos Económicos “a irse a un déficit como el de 2009”, cuando el desequilibrio de las cuentas públicas se disparó hasta el 11% del PIB, un horizonte que muchos analistas observan como probable este año. La explicación es avalada sin reservas desde alguno de los ministerios afectados.

El consenso de los analistas – ver gráfico – también empuja al Gobierno a una horquilla de entre el 7,5% y el 9% de desplome del PIB, aunque con un puñado de riesgos amenazando con deteriorar aún más esa situación. “El mayor de ellos es la crisis sanitaria y económica derive en una crisis financiera”, advierte María Jesús Fernández, analista jefe de Funcas, que prevé una previsión de caída del 7% del PIB para 2020, una de las más optimistas. “Va a depender mucho de la situación de Italia y, por supuesto, de la intensidad de la respuesta que se dé desde Europa”. La evidencia disponible hasta el momento indica que el compromiso de comprar títulos de deuda de los países más estresados por parte del BCE y el plan de medio billón de euros aprobado, no sin dificultades, por el Eurogrupo han servido para mantener las primas de riesgo a raya, pero no han impedido un cierto repunte de las mismas.

Hay indicios preocupantes, en ese sentido. Francia se movía por debajo de los 50 puntos básicos en su prima de riesgo frente a Alemania hasta que oficializó su previsión de que el PIB nacional caería un 8% en 2020, momento en el que saltó automáticamente por encima de esos 50 puntos. La prima de riesgo italiana ha saltado durante esta crisis del entorno de los 190 puntos a más de 260 puntos, al tiempo que el Gobierno transalpino reportaba su previsión de que el déficit público nacional se disparará en 2020 hasta el 10,4% y su deuda por encima del 155% del PIB. Para complicar aún más el panorama, Moody’s revelaba el pasado viernes que degradara los títulos emitidos por Italia a la categoría de bono basura si la recuperación se retrasa hasta 2021 – un escenario que ya parece inevitable – y S&P anticipaba rebajas generalizadas del rating de los países.

El Tesoro Español, una vez más, se ha movido con diligencia ante este panorama y el miércoles colocó 15.000 millones de euros en bonos a 10 años – el mayor importe emitido jamás en esa referencia – con un ligero repunte de 17 puntos básicos en la rentabilidad exigida por el mercado, ante la probabilidad de que el panorama se deteriore en los próximos meses. Desde la declaración del ‘estado de alarma’ por el coronavirus la prima de riesgo de España frente a Alemania ha escalado desde los 116 puntos hasta alcanzar un pico de 155 puntos el pasado miércoles.

Más allá del posible contagio a través de Italia, el mercado observa con particular interés la evolución en España del déficit y la deuda pública. “Cuando pase todo esto, los inversores y las agencias de rating no van a analizar los porqués del nivel de deuda de España, mirarán el dato y decidirán si les da confianza invertir o no”, advierte la analista jefe de Funcas. Las estimaciones de los analistas apuntan a un nivel de déficit para 2020 de entre el 9% y el 11% y un nivel de deuda pública del 120% del PIB. La intención del Gobierno es evitar reportar un déficit público de dos dígitos para 2020…pero dependerá de su consistencia con el dato de caída del PIB que se remita a Bruselas.

Facebook
Twitter
LinkedIn

Ver más especiales en La informacion

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial