El fútbol
desangra
a las telecos


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JESÚS MARTÍNEZ


JOSÉ GONZÁLEZ (vídeo)
NEREA DE BILBAO (diseño y gráficos)

Julio de 2018. Vodafone mueve ficha en la partida de ajedrez: no compra ni los derechos de retransmisión de la Champions League ni del Partidazo a Telefónica en la nueva subasta regulada de la temporada que arrancaba entonces. Orange decide que sí saca la chequera. El giro de los acontecimientos sacude los cimientos del sector de las telecos en España. Lo que antes era una pelea entre tres que se repartían los clientes con este contenido premium, se convierte en un duelo de dos por tratar de robárselos al único que dijo ‘no’. Así se desató una guerra de precios que, combinada con el auge del segmento ‘low cost’ cimentado en el fuerte avance del grupo Másmóvil, ha supuesto un cóctel explosivo para las operadoras, que ha hecho saltar las alarmas en sus despachos nobles ante la caída de los ingresos y las inciertas perspectivas para el mercado español.

Todo cambió en el sector de las telecos en 2015. Un decreto del Gobierno del PP fechado el 30 de abril introducía la llamada ‘venta centralizada’ de los derechos por parte de los clubes españoles. Éstos cedían la explotación a la Liga de Fútbol Profesional y la Real Federación y eran éstos quienes negociaban con las televisiones. La consecuencia: se podía elevar el precio pagado por las teles. Mediapro y Telefónica sacaron la chequera y abonaron entre ambos 2.650 millones de euros por los paquetes más jugosos de La Liga. La teleco decidió recomprar los derechos al grupo audiovisual liderado por Jaume Roures. La regulación de la CNMC, ante su dominio del mercado audiovisual, obligaba a la operadora presidida hoy por José María Álvarez-Pallete a vender a un precio regulado esos contenidos a sus competidores. Empezaba así una carrera que vivió un momento álgido en el verano del pasado año.

LAS GUERRA DE TARIFAS

Después de casi dos temporadas pasando por caja, Vodafone dio el golpe en la mesa. Y lo justifica por los sobrecostes: entiende que no sólo no genera un retorno para obtener beneficios, sino que supone un déficit de más del 10% de los ingresos procedentes de sus clientes de fútbol. No le salían las cuentas. Decide no recomprarle en la oferta mayorista a Telefónica. Y tanto ésta última como Orange se conjuran para robar el máximo número de clientes de entre los más de 300.000 de la operadora británica que tenían el ‘deporte rey’ en sus paquetes. La consecuencia: unas para conseguir ese botín y la otra para defenderse deciden afilar sus cuchillos y ofrecer descuentos del 50% durante uno o dos años e, incluso, de por vida.

Los efectos en las cuentas no se hicieron esperar y llegan hasta nuestros días. Los ingresos de Vodafone en España se han desplomado (hasta un 10% interanual) y los de Orange se frenaron para registrar, al final, las dos primeras caídas en años en los dos últimos trimestres. En Telefónica se mantienen estancados. Mientras tanto, la infidelidad de los clientes españoles no ha dejado de crecer y se ha situado en máximos históricos. Hasta en dos ocasiones se superó la barrera de los 700.000 cambios de operador en líneas móviles en el último año y medio. Y en otras tantas ocasiones se rozó esa cantidad. El mercado sigue estando muy caliente.

“El mercado se ralentiza y hay más actores en el 'low cost'; todo ha llevado a un cambio radical y ha hecho que el valor total del mercado esté bajando"

El pasado verano hubo un amago de esa guerra y aunque se registraron descuentos agresivos no se alcanzaron los niveles de 2018. Pero sí que las operadoras sufrieron otro cambio que ha resultado clave en el mercado: el giro hacia los productos más ‘low cost’. ¿Por qué? Hay un factor determinante: el avance progresivo de Másmóvil y de otras operadoras pequeñas, con ofertas completas de fibra y móvil con precios de derribo. Esto ha obligado a las grandes telecos a sacar a relucir sus marcas secundarias para tratar de evitar la huida de sus clientes. Y esto ha presionado aún más a la baja a los precios (y a los ingresos) de las operadoras.

Las cifras de Telefónica son más que evidentes. En algo más de un año su segmento de bajo valor ha pasado de representar el 32% de toda su base al 41%, según sus propias cifras. En este contexto empiezan los recortes. Vodafone ha completado su Expediente de Regulación de Empleo (ERE) para más de un millar de empleados. El CEO de Orange, Laurent Paillassot, se puso la venda hace unas semanas: “El mercado se ralentiza y hay más actores en el ‘low cost’; todo ha llevado a un cambio radical y ha hecho que el valor total del mercado esté bajando“. ¿Despidos? Se limitó a advertir que hay aún margen para optimizar su cuenta de resultados y sus costes.

A todas estas circunstancias se suma un telón de fondo que marca las reglas del juego: el mercado de las telecomunicaciones está estancado, sin apenas crecimientos fuertes tanto en líneas (móviles y fijas) como en abonados de televisión de pago. En líneas móviles la base ha crecido apenas un 1% (600.000 nuevas) en los últimos doce meses y en clientes de plataformas audiovisuales menos de un 2% (137.000 más). La traducción es clara: los mismos jugadores deben pelearse por un pastel que no crece y en el que, por tanto, sólo queda ‘robar’ al rival. Y los ‘robos’ se consuman, en una inmensa mayoría, por el precio. Mientras tanto, las operadoras buscan diversificar para hacer crecer su base de ingresos: seguridad, seguros, banca… Quieren construir un futuro también lejos del fútbol. Queda por ver si, finalmente, lo consiguen.

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