La guerra
de Calviño


FERNÁNDO PASTOR


Nerea de Bilbao Diseño e infografía

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Hasta que la crisis sanitaria no alcanzó cotas preocupantes en Italia y se cerró toda la parte norte del país, el Gobierno español no empezó a tomar conciencia de la gravedad del problema y de la que se le podía venir encima a nuestra población. Aunque duela reconocerlo, a estas alturas de la pandemia en España se empiezan a reconocer claves en el entorno del Ejecutivo que empiezan a explicar muchas de las tribulaciones posteriores y que han terminado en un estado de alarma con toda la población confinada en casa y un consejo de ministros donde la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, flanqueada por su fiel escudera María Jesús Montero desde Hacienda, está enfrentada al resto del gabinete, agrupado tras el ‘escudo social’ de Pablo Iglesias.

En varios de los ministerios más implicados con las medidas económicas que se han puesto en marcha hasta ahora en distintas fases, reconocen que la opción de decretar el estado de alarma estaba sobre la mesa del consejo incluso una semana antes de hacerlo, a la vista de que los afectados y el número de fallecidos se iban a multiplicar sin más remedio. El problema era entonces el impacto económico que suponía paralizar el país de una manera tan grave, hasta el punto de minimizar el consumo, congelar sectores industriales enteros y cortar al sector servicios y al turismo en pleno inicio de la campaña de Semana Santa y verano.

Mientras Sánchez se encomendaba a las decisiones de los expertos en Sanidad en todo momento, a Nadia Calviño y los ministros de su área económica les tocaba buscar la cuadratura del círculo: intentar que con un estado de alarma no se paralizase el país del todo, pero con el menor coste para los fondos públicos, de tal manera que tras pasar esta primera fase de contención del virus, al Estado le quedase “potencia de fuego” para poder entrar en una fase de estímulo económico para los servicios y la industria, de forma que la recuperación fuera en V, con un daño para el déficit asumible entre los socios europeos.

Hasta ese momento no había bandos ni tensión, pero todo estalló el sábado en el que Sánchez decide que el estado de alarma debe decretarse, con Iglesias sentado en la mesa en plena cuarentena para defender sus ‘asuntos sociales’ frente a la ortodoxia fiscal de Calviño. “Ya no era una cuestión de ideologías, era decidir qué pasa con la gente si hay que parar un mes entero el país”, cuentan fuentes cercanas a esa batalla. En ese momento es cuando la mayor parte del consejo se pone del lado de Iglesias, por aquello de que no se puede dejar sin medios a dos millones de pymes y autónomos, y a un millón de personas que van a ir al paro, aunque sea de forma temporal, cueste lo que cueste.

Montero y Calviño defienden los números, con las vistas puestas en la recuperación y hacen frente a una parte del consejo para la que los costes de la medida no tienen importancia. Para la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, aliada de Iglesias, el coste de los ERTE y las medidas laborales no era lo más importante, no tenía esas cuentas echadas seguramente porque era imposible. Pero ya se lo había recordado un día antes Calviño: la parte laboral va a salir por más de 5.000 millones al mes.

Con las espadas en alto, la vicepresidenta económica ha sabido jugar su baza con los dos instrumentos que tiene a mano y que han sido, en parte, la base de la recuperación de la anterior crisis: el ICO, con una línea de 100.000 millones para financiar pymes; y CESCE, para asegurar los balances de las cerca de 150.000 empresas exportadoras que hay en España, que ha sido en parte la base sobre la que la economía se recuperó de la debacle inmobiliaria de 2009. Cuenta de su parte con la gran banca, a la que ha prometido llegar a una cobertura en lo que tenga que prestar a los empresarios para salir de esta situación. Esa baza de la ministra cuenta además con la fuerza del aval de la UE, azotada también por el virus y que apuesta por armonizar este tipo de medidas.

La pelea, en la que está en juego el futuro inmediato de casi todos los españoles, no ha hecho más que empezar. Calviño y Montero son menos, pero tienen buenas armas y cuentan con que a medio y largo plazo, serán sus departamentos los que hayan impedido que las empresas se queden sin liquidez y puedan tirar del país cuando el virus esté vencido. Iglesias y su escudo social pasarán a la historia por haber doblegado “los dogmas de la autoridad fiscal” y haber impedido “que la crisis la paguen los de siempre”. Pero con un millón de personas metidas en ERTE de todo tipo, su éxito pasará por ver si logran que todas ellas vuelvan a ser contratadas, al menos, en la misma situación que estaban antes.

Según apuntan ya los analistas económicos, tras al menos dos meses de parálisis económica, habrá que ver cómo queda el país a la hora de hacer que las empresas contraten o inviertan de nuevo. “Arrancar será muy complicado”, advierten fuentes del Ejecutivo, que cuentan ya con que 2020 será un año perdido y va a costar mucho tiempo y dinero levantar la economía si no se mira bien ahora lo que supone una posible “sobreprotección” del tejido productivo, en palabras de la propia Calviño. La crisis inmobiliaria cercenó más de un 12% el consumo interno, un 22% la producción industrial y un millón de parados más, y de ahí se salió con mucho sector exterior y dando liquidez a las empresas durante años.

Iglesias y su escudo social pasarán a la historia por haber doblegado los dogmas de la autoridad fiscal… y Calviño por haber mantenido vivas a las empresas

Los economistas ya comparan los costes económicos de esta crisis, aunque en mucho menos tiempo, con los que puede tener la del coronavirus, mientras en el seno del Gobierno, la vicepresidenta Calviño y su colega Iglesias preparan más medidas, cada uno en su línea, para que Pedro Sánchez, siempre atento a lo que digan los expertos, decida. El siguiente ‘round’ está en la condonación o no de los alquileres mientras dure la crisis, que postula Iglesias y sobre lo que Calviño ya ha advertido que puede hacer daño a muchas familias que viven de ese tipo de renta.

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