El ‘agujero
negro’
de Netflix


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JESÚS MARTÍNEZ


JOSÉ GONZÁLEZ (vídeo)
NEREA DE BILBAO (diseño y gráficos)

En tiempo récord se ha colado en cientos de miles de hogares españoles con su plataforma de vídeo. Ha sacudido la industria con su irrupción. Pero lo ha hecho con una ausencia (casi) total de cifras. Tanto de sus millonarios ingresos, como de su base de clientes. Netflix cumple más de cuatro años operando en España y se ha convertido en el líder indiscutible de su sector y en el protagonista de un fenómeno social en el que también se encuentran otros competidores como HBO, Amazon o Filmin. Pero su rápido crecimiento en este mercado ha levantado muchas ampollas en el sector audiovisual y en el de las telecomunicaciones por la opacidad en los números, la falta de regulación y su estructura fiscal con sede en Holanda.

Año 2015. Netflix deshojaba la margarita, tras meses analizando si aterrizaba en España, por el fuerte arraigo de la piratería de los contenidos online y por el alto coste de los derechos de autor respecto a otros mercados del continente europeo. Estrenaba su servicio. Justo después de que dos de los grandes nombres de la televisión de pago en España acabaran en manos de las dos grandes telecos: Digital+ (Telefónica) y Ono (Vodafone). Los abonados empezaban a despegar y el gigante estadounidense decidía apoyarse en las operadoras. Primero con un acuerdo comercial con Vodafone y después con Orange. Telefónica no movió ficha en esos primeros pasos.

La compañía liderada por Reed Hastings explotaba sus series propias para ir creciendo en España: House of Cards, Orange is the New Black, Narcos, Stranger Things… Aceleraba con una estructura mínima. En España no contaba con sociedad local y su equipo era muy pequeño. La estrategia era muy similar a la que seguían otros gigantes tecnológicos: quien realmente registra todos los ingresos procedentes de su servicio (las cuotas mensuales de entre 8 y 11 euros) es una sociedad radicada en Holanda, bajo el nombre Netflix International BV, que es la que concentra el negocio europeo en su conjunto. El objetivo de este planteamiento es reducir al máximo la factura fiscal.

Esta sociedad holandesa no declara las cifras de negocio por mercados, por lo que es imposible saber cuánto negocio mueve. En 2017, dos años después de iniciar sus operaciones, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) incluyó por primera vez a estas plataformas como Netflix dentro de su panel semestral de hogares, donde consulta a familias sobre su consumo de internet y servicios digitales como este. En aquel momento se habló de algo más de medio millón de usuarios. Sin embargo, un año y medio después el organismo regulador decidió frenar esta estadística, después de haberle otorgado más de 2 millones de usuarios y una cuota del 12% (lo que supondrían ingresos mensuales de más de 20 millones de euros, en base a su tarifa media de 11,99 euros). ¿La razón? Quería perfeccionar la metodología para tratar de acercarse más a la realidad.

Entretanto, la sociedad quiso crear su primera estructura local en España. A mediados de 2018 constituyó las dos primeras filiales bajo el nombre común de ‘Los Gatos’, nombre del pueblo de Santa Clara (California) donde el gigante tiene sus oficinas centrales. Su cometido: la promoción y tareas de marketing de su plataforma y la gestión de la producción propia en España. Este movimiento no implicó ningún cambio en su estructura fiscal: siguió facturando a sus clientes desde Holanda. En ese año, el primero de actividad de ambas firmas, pagó apenas 3.500 euros de Impuesto de Sociedades declarando unos ingresos de apenas medio millón. Estas cifras volvieron a poner los focos sobre ellos. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la colocó en la picota: “Una conocida plataforma digital pagó 3.146 euros en IS; no es la única. Esto no sólo resulta insostenible, sino que atenta contra los más elementales principios de responsabilidad y justicia fiscal”. La utilizó como argumento para reforzar su posición en defensa de una ‘tasa Google’ que grave estos servicios de manera local.

SIN CIFRAS DE USUARIOS

Pero al margen de los impuestos, que es una problemática consustancial a todas las multinacionales que ofrecen servicios digitales, la compañía ha seguido sin facilitar ni una sola cifra. Y se ampara en la ley que no le obliga, como sí hace con las operadoras de telecomunicaciones y los grandes grupos televisivos, a facilitar el número de abonados o usuarios de manera trimestral a la CNMC. La última estadística ‘extraoficial’ la aportó el propio regulador, que estimó que a mediados del pasado año 2019 los gigantes del sector como Netflix, HBO o Amazon sumaban seis millones de contratos activos con clientes españoles. La fiabilidad del dato está en entredicho después del paso atrás del organismo presidido por José María Marín Quemada. ¿Es creíble que Netflix cuente con 2 millones de clientes? Un directivo del sector de las telecomunicaciones confirma que tiene sentido, aunque es más que necesaria una mayor transparencia.

Es eso lo que exigen desde las principales telecos -que, pese a todo, siguen siendo un socio distribuidor de la propia Netflix y de otros- y los dos grandes grupos televisivos. Reclaman que la reforma de la ley audiovisual, que vendrá tras la transposición de la directiva europea aprobada a finales de 2018, genere una regulación simétrica entre ellos y estas grandes plataformas. No sólo en lo que a transparencia se refiere, sino en cuanto a la financiación del cine europeo y de la Radio y Televisión Española (RTVE). El primer paso es condición indispensable para el segundo. Habrá que ver si el Gobierno lo incluye en el texto que deberá aprobar en este 2020.

Aunque Netflix es el líder absoluto y el gran paradigma de este sector, no está solo en el mercado español. Amazon, con su servicio de vídeo (incluido dentro de la suscripción Prime para clientes), y HBO son los dos grandes exponentes que llevan varios años operando. Ahora se sumarán Apple+, la plataforma que va a poner en marcha el fabricante del iPhone, y Disney+, que ya ultima las primeras negociaciones con Telefónica para incluir su servicio en los paquetes más caros de la operadora. Esta explosión deja claro que este segmento irá a más. El consumo crecerá a marchas forzadas y todos los estudios advierten de que irá a más. En este contexto, Netflix ya ha reservado una oficina en el distrito financiero Azca y última la segunda fase de su gran centro de producción, para lo que traerá a este país a centenares de empleados.

Se prepara para pertrecharse ante la batalla por el contenido. También el resto de sus competidores. Cuatro años después de esos inicios tímidos se ha consolidado como uno de los grandes actores del sector. Un particular ‘imperio’ en la sombra. Queda por ver si la regulación, como exigen las grandes teles y las telecos, pone luz y taquígrafos. 2020 será clave.

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