Una Sanidad rota,
17 reinos de taifas


CRISTINA ALONSO


Nerea de Bilbao Diseño e infografía

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“Se puede decir que esta invasión brutal de la enfermedad tuvo como primer efecto el obligar a nuestros conciudadanos a obrar como si no tuvieran sentimientos individuales”. Lo escribió Albert Camus en ‘La Peste’, en 1947. La novela ha resucitado en plena pandemia del coronavirus, cuando resurge el debate sobre la descentralización del sistema sanitario y la solidaridad entre comunidades autónomas. España afronta la peor crisis de su historia con un Ministerio de Sanidad despojado de sus competencias desde hace más de veinte años y con grandes dificultades para asumir en un mando único las necesidades de 17 regiones, que ante el retraso en la respuesta del Gobierno central se han visto obligadas a buscarse la vida por su cuenta en los mercados internacionales para adquirir el material sanitario vital para asistir a los enfermos más graves y proteger a los profesionales de unos hospitales que se han visto al límite de sus capacidades.

¿Por qué vuelve ‘La Peste’ setenta y tres años después? La novela, que bate récords de ventas estos días, advierte de que “ha habido tantas pestes como guerras y, sin embargo, pestes y guerras cogen a la gente siempre desprevenida”. Salvando las distancias, el Covid-19 ha llevado al confinamiento de la población como hizo aquella enfermedad provocada por una plaga de ratas. Camus planteó la receta para afrontar la situación: la solidaridad. Un principio que ha inspirado al propio Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno ha apelado a la unidad de acción, a la coordinación y solidaridad entre todas las administraciones, instituciones y fuerzas políticas y sociales como única vía posible para doblegar al virus. Y lo ha hecho cuando se ha puesto en evidencia que España, como el resto de países del mundo y pese a contar con uno de los mejores sistemas de sanidad pública, no estaba preparada para esta pandemia.

Se ha dicho que el sistema sanitario español ha llegado a esta crisis con las defensas bajas por la merma de recursos, pero, ¿cuál ha sido la evolución real del gasto y cómo ha afectado a la lucha contra la actual pandemia? “El gasto sanitario público en España cayó brutalmente durante la crisis: un 13% en términos reales entre 2009 y 2013. Después de 2014 ha habido una cierta recuperación, pero todavía el gasto público sanitario total y por persona en 2018, últimos datos disponibles de la OCDE, era inferior al de 2009 en términos reales”, detalla Félix Lobo, catedrático emérito de la Universidad Carlos III de Madrid y director de Economía y Políticas de Salud de Funcas. En este sentido, la directora del Área de Ciencias de la Salud de la Universidad Europea de Valencia, Silvia Trujillo, pone el foco en la escasez de personal, especialmente en el área de enfermería: España registra una media de 5,7 enfermeras por cada 1.000 habitantes, inferior a la media europea de 8,4 enfermeras y muy alejada de países como Finlandia (14,3) o Alemania (12,9). También estamos muy por debajo del entorno en camas hospitalarias (297 por cada 100.000 habitantes, frente a 541 en la UE) y unidades de cuidados intensivos (4.404 camas en total, entre hospitales públicos y privados).

Estas deficiencias han llevado a un sobresfuerzo del personal sanitario sin precedentes para superar esta prueba de fuego. Pero Lobo cree que “en una pandemia así, ni el sistema sanitario mejor dotado puede hacer frente a la avalancha si no se han contenido los contagios antes”. Por eso, a su juicio, más importante que el nivel de gasto es “el grado de preparación y despliegue rápido de las armas de la salud pública, previamente planificadas y dispuestas cuando llega la ola de contagios; el blindaje de los profesionales sanitarios y otros esenciales; la detección temprana mediante test y el aislamiento eficaz de los grupos vulnerables como las residencias de ancianos y las personas con discapacidad”. Pero todo esto ha fallado. El Gobierno central no dispuso de arsenal para desplegar a tiempo, por inexperiencia y falta de previsión, y por eso los enfermeros tuvieron que protegerse con bolsas de basura y los geriátricos vieron morir a nuestros mayores.

“Un Ministerio sin músculo ni ‘expertise’ en compras masivas se erigió en mando único de la noche a la mañana y sin ninguna garantía”. Esta reflexión ha cuajado en círculos políticos tras comprobar que la ayuda central ha llegado tarde sobre todo a las comunidades autónomas donde el virus ha golpeado con más fuerza. Los gobiernos regionales se lanzaron al mercado chino a hacer sus propias adquisiciones de equipos de protección individual, guantes, mascarillas, test rápidos y respiradores. Todo para frenar la curva de contagios. Mientras tanto, el Ejecutivo central seguía haciendo ajustes para levantar temporalmente el control previo de Hacienda sobre el gasto ministerial y agilizar así la respuesta a la crisis sanitaria y económica desencadenada por el coronavirus. “En el Ministerio de Sanidad ha faltado un comité de expertos técnicos con experiencia en compras en los mercados internacionales, donde es necesario conocer a los proveedores y el funcionamiento de los procesos para operar con éxito”, destaca el economista Javier Santacruz, quien considera que un mecanismo central de compras permanente y potente hubiera acelerado la respuesta a la pandemia y ayudado a descongestionar los hospitales con mayor celeridad.

Compras centralizadas. Desde luego no es en lo que estaba pensando Camus cuando escribió ‘La Peste’ al poco de finalizar la Segunda Guerra Mundial. Pero el escritor francés planteó el dilema entre la solidaridad y el egoísmo en una ciudad asolada por una epidemia y la disyuntiva está de actualidad en España en 2020. “¿Qué concepción tenemos de país?”, espetó el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, al portavoz parlamentario que le recriminó la cesión de material sanitario a la Comunidad de Madrid. También Andalucía, Murcia o Extremadura han ofrecido respiradores al mayor foco de contagio y mortalidad del Covid-19. Iniciativas solidarias que debían ser normales pero se convierten en extraordinarias en este “reino de taifas sanitarias en el que el Estado ha demostrado seria incapacidad de centralización y gestión”, tal y como denuncia Javier Esteban, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Europea.

Y vuelve el debate sobre la descentralización. Esteban destaca aspectos positivos innegables de este proceso que finalizó hace ya dos décadas, como la proximidad al ciudadano. Coincide Trujillo, que recuerda que “el mecanismo de transferencia de las competencias en materia sanitaria a las distintas comunidades autónomas nació con la intención de aproximar la gestión sanitaria a los ciudadanos y garantizar así la equidad, la calidad y la participación ciudadana”. La profesora admite que durante esta crisis sanitaria “se ha evidenciado la necesidad de articular mecanismos centralizados que establecieran los mejores protocolos de actuación para el conjunto de la población y garantizaran la correcta distribución de los recursos, tanto humanos como materiales”. En este sentido, destaca que “la compra centralizada de productos sanitarios ofrece condiciones favorables y permite ahorros importantes”. Según el Ministerio de Sanidad, “la política de compras centralizadas generó hasta febrero de 2019 unos ahorros de 237 millones de euros desde 2013”. No es una cantidad demasiado elevada, pero es dinero ahorrado.

Desde Funcas, Lobo manifiesta que “el poder de negociación de un gran comprador siempre es mayor, aunque, ciertamente, hay que preservar la flexibilidad”. Con todo, considera que el Ejecutivo “ha acertado en combinar las compras nacionales con las compras autonómicas”. Descarta que un sistema centralizado tenga que responder mejor a una pandemia y lo define como “una especie de elefante artrítico”, eso sí, reconoce que “ciertamente tenemos que mejorar la cooperación”. En esta línea, Esteban apuesta por que “el Estado ejerza la coordinación, que no intromisión” e insiste en que existe “base legal para coordinar, pero no ha funcionado por diversos motivos como el desuso de la administración estatal, la falta de personal y la poca experiencia de los políticos en estas situaciones”. El profesor invita a replantearse “a dónde queremos llegar con las autonomías, si queremos tener 17 sanidades distintas y desiguales o si esta crisis puede abrir paso a un serio debate”.

“esta pandemia ha demostrado que nuestro sistema sanitario está dividido, politizado y debilitado por la mala gestión política partidista y por los egoísmos nacionalistas”, profesor de Derecho Constitucional

Reflexiona el profesor de Derecho Constitucional que “esta pandemia ha demostrado que nuestro sistema sanitario está dividido, politizado y debilitado por la mala gestión política partidista y por los egoísmos nacionalistas”. A su parecer, “no es un problema de descentralización, sino de bien común y sensatez frente a la división entre españoles por sus ideas o nacionalidades”. El catedrático emérito de la Universidad Carlos III de Madrid, por su parte, se muestra partidario de “un Ministerio de Sanidad fuerte y bien dotado porque sus competencias actuales, como bien se ve, son cruciales”. Trujillo, por último, cree que “es el momento de trabajar humildemente y, desde cada una de nuestras posiciones, aportar nuestro granito de arena para vencer al virus”. “Ya habrá tiempo, y estoy segura de que se hará, de analizar pormenorizadamente todas las competencias que debe asumir cada uno de los órganos en materia sanitaria en nuestro país con el fin siempre de mejorar colectivamente”, zanja.

“Calma, dijo el médico. En una epidemia no hay culpables, todos son víctimas”. De ‘La Peste’ de Camus al ‘Ensayo sobre la ceguera’ de José Saramago, ambos en boga en estos tiempos de pandemia. Si en algo coinciden los expertos consultados es en que ha existido “falta de preparación por exceso de confianza de todos nosotros, incluidos los expertos, no sólo los gobiernos”. Lo destaca Lobo, quien apunta con acierto que “las anteriores emergencias internacionales de salud pública habían sido exóticas. Creímos que el Lejano Oriente seguía siendo lejano, cuando hoy está solo a ocho horas de avión y se mueven cientos de miles de personas entre oriente y occidente en una semana”. También tienen palabras para nuestros sanitarios, su “trabajo heroico” y su “sacrifico literal”, como lo define Esteban. En definitiva, el “elevado nivel de competencias” que hacen del sistema sanitario español, en palabras de Trujillo, “uno de los mejores del mundo”.

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