La sanidad pública
acelera hacia
la telemedicina


PAULA MARÍA ÁLVAREZ


Nerea de Bilbao Diseño e infografía

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“Los hospitales ya no son cuatro paredes”. Las palabras del doctor Juan Rey, director médico y de Innovación Asistencial del Hospital Universitario Rey Juan Carlos (Móstoles), confirman que algo ha cambiado. La Covid se ha filtrado por cada rincón. Los españoles han demostrado que son capaces de concentrar en sus salones eso que, desde hace semanas, han dejado de llamar rutina. Con la Sanidad Pública, el virus ha tenido el efecto contrario. El miedo al contagio, el confinamiento y la parálisis de gran parte de la actividad asistencial, han hecho del virus un eficiente catalizador para extender la telemedicina por todo el sistema. “La transformación ha venido de la calle, la sociedad lo ha impuesto… pero el virus lo ha acelerado”, explica Rey.

Su hospital forma parte de la red de centros públicos del Grupo Quirón en Madrid, que incluye a la Fundación Jiménez Díaz (Madrid), el Infanta Elena (Valdemoro) y el General de Villalba (Collado Villalba). Juntos dan asistencia a un millón de personas, la mitad de los cuales estaba suscrita a su app ‘Portal Paciente’, antes del brote. La Covid los ha duplicado. Javier Arcos, subdirector médico del General de Villalba, coincide con el anterior y afirma que, desde que legó el virus, el número de procesos clínicos que los centros podían atender a distancia pasó de 150 a cerca del doble. “El hospital ya no es un dónde, es un acto de comunicación”, cuenta Arcos. En todo 2019, sus equipos llevaron a cabo 100.000 actos de atención clínica no presenciales. Solo en los meses de pandemia, los han multiplicado por cuatro.

Los avances médicos nunca surgen de la nada. La telemedicina tampoco. Toda España camina ahora sobre hombros de gigantes, los de aquellas regiones que vieron que la Sanidad Pública necesitaba un cambio antes de que el virus abriera los ojos del país a la fuerza. “La crisis nos pilló con la máquina bien engrasada”. El doctor David Moreno, jefe de Dermatología y coordinador de la Sala Digital del Hospital Virgen de la Macarena (Sevilla), lo sabe bien: “El virus ha roto todas las barreras y ha reforzado la telemedicina directa, en la que el paciente se relaciona directamente con el especialista del hospital desde la distancia”.

“Hay mucho por hacer, la tecnología está, pero hay que llevarla a la medicina… y es ahora o nunca”

Extremadura también ha recorrido buena parte del camino. Vicente Caballero, director general de Planificación, Formación y Calidad Sanitarias de Extremadura, asegura que en la telemedicina en la región lleva más de una década de desarrollo: “Comenzamos con la red de médicos de Familia, con un dispositivo electrónico en centros de salud alejados de hospitales, en áreas rurales”. Desde entonces, lo han ido extendiendo a gran parte de la Atención Primaria y, ahora, se está testando para ampliarlo a la red de hospitales: “Hay mucho por hacer, la tecnología está, pero hay que llevarla a la medicina… y es ahora o nunca”.

Como en la desescalada, las CCAA bailan a su propio son también en este proceso. La Covid ha golpeado con fuerza, pero no ha acabado con los efectos de una Sanidad transferida. “Independientemente del punto de partida, la pandemia ha ayudado a abrir los ojos y, en unos cinco años, la telemedicina debería formar parte de la rutina de todos los sistemas regionales de Salud“, valora Moreno. Las redes sociales han jugado un papel importante durante este brote, al acercar la idea de la telemedicina a toda España. Telederrma Solidaria, que atendió casi 3.000 consultas, o la plataforma Profesionales Solidarios, que recibió casi 67.500 ‘clicks’; son solo dos ejemplos. Diagnósticos a distancia para evitar contagios.

Raquel Cánovas, responsable de Tecnología del hospital Universitari Vall d’Hebron, ha vivido en primera persona cómo su centro añadió 130 camas a sus habituales 90 camas UCI en apenas una semana. Lo tiene claro: “El futuro está en que el hospital sea elástico y se reserve a los agudos y otras visitas imprescindibles”. En la misma dirección apunta José Luis Almudí, presidente del Colegio de Médicos de Valladolid y Médico de Atención Primaria, “habrá que incorporar filtros y triajes antes de que el paciente acceda a las consultas desde la misma Atención Primaria”. Ni Almudí ni el resto de los especialistas consultados por La Información descartan el riesgo de un rebrote. El futuro pasa por reforzar dos circuitos: uno para los pacientes limpios de Covid y otro para los contagiados con o sin sintomatología.

El cambio tendrá que ser transversal, implicar a todos los sectores y pasar por aplacar una brecha digital que aún entorpece la expansión del modelo. Pero los resultados están ahí. “Soy diabético desde los cinco años y estuve más de una década pinchándome insulina un mínimo de siete veces al día”. Juan Carlos Velerda tiene ahora 22 años y ya cuenta con una bomba que ha monitorizado su enfermedad, “Soy un ‘cyborg’ y me ha cambiado la vida”. Además de una bomba de última generación, cuenta con un sensor de glucemia integrado en su cuerpo y conectado a su smartphone: el teléfono le avisa si nota que los valores de glucemia se descontrolan. El caso del joven muestra cómo la tecnología aplicada a la Medicina llega a evitar complicaciones en los pacientes, lo que también tiene un impacto económico: cada diabético monitorizado puede llegar a recortar en un 50% el ‘coste’ anual que genera al Sistema Nacional de Salud.

La Covid ha convertido la medicina en una carrera a contrarreloj… y la Sanidad Pública no puede permitirse desaprovechar el impulso. Roi Piñeiro, jefe Asociado del Servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba, insiste en que la crisis nos ha hecho consciente de que “tenemos a nuestro alcance tecnologías avanzadas para teletrabajar más de lo que lo estábamos haciendo”. “Se presenta un futuro fascinante, con horarios más flexibles, también para el trabajador, con padres que no tengan que pedir horas para realizar desplazamientos innecesarios”. Y es que en el mundo postpandemia, habrá que poner más cuidado a los movimientos, tener claro por qué actuamos como lo hacemos, dentro y fuera de la consulta. El virus ha sembrado la sospecha de que una Sanidad más eficiente es posible. Ahora solo queda avanzar.

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