Domingo, 22.09.2019 - 14:02 h
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La acelga, otra gran aliada de la báscula: rica en fibra, vitaminas y poco calórica

Ya sea sus hojas o su tallo, esta verdura de temporada ofrece sabor y muchos minerales para ganarse un hueco en tu cocina durante la primavera.

Hojas de col, de acelgas y de espinaca - Pixabay
Hojas de col, de acelgas y de espinaca - Pixabay

Cercana pariente de las remolachas y de las espinacas, la acelga comparte el tronco común de la familia de las quenopodiáceas, con orígenes mediterráneos y que lleva plantándose en la cuenca del Mare Nostrum desde antes del nacimiento de Cristo. La prueba está en que ya los griegos la utilizaban, muy arraigada en su dieta, porque la acelga crecía con facilidad en terrenos cercanos al mar, ya que deriva de la beta marítima, una planta herbácea silvestre de la que surgió también la remolacha de mesa.

De fácil asimilación en climas templados, la acelga se puede encontrar en el mercado durante todo el año, debido a esa facilidad de cultivo, por lo que en nuestro país la podemos encontrar en los meses fríos cuando proviene de Andalucía o en los meses más cálidos cuando llega del centro y norte península. Aún así, la mejor temporada de la acelga va desde el mes de otoño hasta las primeras semanas de la primavera, cuando se obtienen los más tiernos brotes, incluyendo varias tonalidades siendo las blancas las más comunes pero donde también hay acelgas de penca roja o amarilla.

Históricamente considerada una planta con fuertes propiedades terapéuticas, la acelga siempre ha servido formado parte de nuestra dieta por varias razones, sobre todo por las facilidades que implica su producción, por su precio y por la gran disponibilidad que hay en los mercados de ella. Estas características también la han lastrado, al menos en cierto modo, a ser considerada una hortaliza de segunda fila y por la que hoy rompemos una lanza, demostrando que puede competir con otras verduras más aristocráticas.

Especialmente rica en fibra, algunas vitaminas y sales minerales, la acelga presume de aportar poco contenido calórico a nuestros platos, por lo que es especialmente buena cuando estamos siguiendo rutinas de adelgazamiento. Tampoco aporta grandes dosis de carbohidratos o proteínas, pero compensa estas carencias con una importantísima presencia de beta-caroteno (provitamina A), aportando un 34% de la dosis diaria recomendada de ésta en 100 gramos de producto. Aunque es aún más rica en vitamina K, aportando por la misma cantidad nada menos que el 312% de los requisitos diarios de este compuesto, necesario para mantener una buena salud ósea y hemática, siendo muy útil en tareas de coagulación. Junto a ellas se hacen fuerte el potasio, que regula nuestros niveles de agua de forma natural y nuestro tono muscular, a lo que una alimentación en la que esté presente la acelga favorecerá.

Sólo se trata de encontrar recetas en las que incorporarla, respetando sus muchas propiedades y siendo conscientes de que, debido a su fuerte carácter herbáceo, empezará a mustiarse mucho antes que otros productos de la huerta como pudieran ser los tubérculos o las cucurbitáceas. Siempre que vayamos a adquirir hortalizas con hojas, debemos tener en cuenta de que debe ser consumida lo antes posible, porque pierden sus cualidades saludables y sápidas según se recolecten.

En el caso de la acelga es recomendable no superar los dos o tres días, no porque no se puedan consumir, pero sí porque tendrán menos gusto y se desaprovecharán parte de los beneficios para la salud que pueden tener. Además, a la hora de tratar las verduras, es necesario tener en cuenta que un exceso de cocción puede arruinar parte de sus virtudes, por lo que en el caso de la acelga deberemos tener más cuidado.

Dividido en hojas y pencas, la acelga puede forma parte de una ensalada a la que queramos aportar un toque de frescura con un matiz crujiente, para lo cual sólo tendremos que cortar la parte verde de éstas. La penca, con un alto contenido en agua y también con una textura crocante, la podemos utilizar frita tras un ligero rebozado o acompañando a las hojas en salteados o revueltos.

Frecuente también en preparaciones clásicas como la menestra, la acelga no necesita ser sobrecocida, por lo que lo mejor es añadirla en los minutos finales de la preparación para no mermar su gusto o reducir sus saludables ventajas. Por eso es también relevante consumir los caldos de las verduras que se cocinen, evitando así la pérdida de estas sabrosas propiedades dentro del agua.

Presente también en guarniciones clásicas, ya sean con un pescado o con una carne, la acelga puede del mismo modo servirse en otras recetas algo más densas, como podría ser un gratén de acelgas. Para hacerlo sólo necesitarás saltear las pencas con un poco de mantequilla, cebolleta y ajo, luego lo napas con nata y queso para pasarlo después al horno. Si la receta te parece potente, puedes aligerarla con leche evaporada o restando la nata, para darle un ligero gratinado sólo con el queso. Además, puedes hacer una mezcla de variedades verdes, añadiendo espinacas, por lo que podrás disfrutar de dos verduras en el mismo plato.

Si lo prefieres, como es tradición en los últimos años, puedes apostar por licuar un estupendo manojo de acelgas para beberte sus propiedades en un zumo verde, que te aconsejamos acompañar de manzanas –no muy ácidas-, espinaca, coles y apio. Perfecto para empezar el día con las pilas cargadas a base de un potente complemento antioxidante.

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