Un exchef sirio cocina para los refugiados del campo griego de Ritsona

Tras los fogones, Rankusi prepara recetas tradicionales de Oriente Medio: kibeh, ensalada fatush, maqluba o muhamara.

El presupuesto semanal del Café Rits oscila entre los 3.000 y 5.000 euros.

Un exchef sirio cocina para los refugiados del campo griego de Ritsona

Cansado de la escasa calidad de los platos servidos en el campo griego de Ritsona, Talal Rankusi, exchef en Damasco, ha puesto su talento al servicio de sus compañeros refugiados, sirios y kurdos, para recordarles la cocina de su país de origen.

La estadounidense Carolynn Rockafellow donó el dinero necesario para fundar el Café Rits, un juego de palabras con el nombre de este campo de refugiados situado a una hora de camino al norte de Atenas.

El Rits elabora "cocina alternativa" para ayudar a los organizadores del campo a mejorar la comida. Tras los fogones, Rankusi prepara recetas tradicionales de Oriente Medio: kibeh, ensalada fatush, maqluba o muhamara.

"Dos veces por semana, hago platos que no tienen nada que ver con la comida poco cocida que nos sirven aquí", dice el cocinero sexagenario, mientras vigila de reojo la olla en la que prepara un caldo de cebollas.

Como la mayoría de campos griegos, que son cuarteles en desuso, Ritsona recurre a los cocineros del ejército.

Las comidas "sólo cubren las necesidades básicas" en cuanto a valor nutricional, reconoce un responsable del campo que prefiere guardar el anonimato. Cerca de 700 personas, la mitad de ellas niños, residen en Ritsona.

"Nos cuesta pedirles a los cocineros que cambien sus menúes, por ejemplo que nos manden pan de pita en lugar de pan blanco", cuenta ese responsable. "A veces sobran 200 raciones porque nadie quiere comerlas", añade.Devolverles su cultura a través de la comida

El Café Rits, que intenta solucionar este problema, es una iniciativa para "ayudar tanto a los griegos -que se encargan de gestionar esta crisis- como a los refugiados", explica Rockafellow.

Esta exempleada del banco Credit Suisse, originaria de Nueva York, decidió viajar a Grecia hace un año para ayudar a los migrantes.

"Quería encontrar una forma de animar a los refugiados, de devolverles su cultura a través de la comida", explica esta madre de dos niños, que trabajó como chef voluntaria en Estados Unidos tras los huracanes Katrina y Sandy, en 2005 y 2012, respectivamente.

Instalado en un viejo edificio del campo, en un espacio de tan solo 20 metros cuadrados, el Café Rits se parece a un puesto de comida ambulante sin ruedas. Las paredes están cubiertas de vajilla y cubiertos.

Sentado en un largo banco, en medio de la sala, Rankusi prepara sus platos con la ayuda de una decena de refugiados voluntarios.

Los fogones de gas están al lado de la entrada, y el agua se tiene que traer en barreños porque no hay suministro directo en el edificio.

"Es importante para la comunidad del campo que la carne sea 'halal', y afortunadamente el supermercado de al lado me vende", indica Rockafellow, a la que los refugiados llaman la señora Sharba o Mrs Soup.Entre 3.000 y 5.000 euros a la semana

Cinco veces por semana, hace la compra en ese supermercado donde encuentra cardamomo, canela, jengibre o pimentón. Pero para otras especias como el zumaque, tiene que ir a Atenas, a unos 60 kilómetros de distancia.

"También celebramos fiestas. Es importante reír, recordar que todo esto pasará", dice la estadounidense, que desea aprovechar su experiencia para ayudar a los refugiados a encontrar un trabajo cuando logren abandonar Grecia.

El presupuesto semanal del Café Rits oscila entre los 3.000 y 5.000 euros.

"Una vez por semana distribuimos carne, y dos o tres veces repartimos verduras", explica Rankusi, que antaño trabajaba en el Bawabet Dimashq (La Puerta de Damasco), considerado como el restaurante más grande del mundo por el Libro Guinness de los récords, con más de 6.000 cubiertos.

El chef huyó de Siria, al igual que cientos de miles de compatriotas, y en febrero llegó a Grecia con sus tres hijos, tras "una travesía infernal" del mar Egeo, que separa Turquía de las primeras islas griegas.

Desde entonces, ha pedido asilo en varios países europeos como Alemania, Holanda y Francia, sin éxito.

Ahora asegura que no tendría "ningún problema" en trabajar como chef en un restaurante griego. "Esto es lo que me interesa, este es mi trabajo", sentencia.

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