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Bodega Donostiarra, solera en el barrio de Gros

Mantiene abierta una de las barras con más fuerza del barrio y probablemente de la ciudad desde 1826.

Bodega Donostiarra
Bodega Donostiarra

Recomendar un sitio donde comer bien en San Sebastián puede parecer redundante o casi. En una ciudad en la que la gastronomía es una religión, un mantra, una locura colectiva que cuenta con más seguidores que el equipo de fútbol local; en el que los bares de pintxos son seña de identidad y los restaurantes con estrella Michelin, parte del paisaje que desde siempre han acompañado al panorama gastronómico donostiarra; que recibe cientos de miles de turistas que se acercan hasta allí atraídos por la fama de su cocina; Bodegas Donostiarra, abrió hace casi 100 años, en 1826.

Se encuentra en un lugar privilegiado, enfrente del Gran Hotel María Cristina, al otro lado del rio Urumea, flanqueado por el modernista edificio del Kursaal, en pleno barrio de Gros; fue una de las primeras bodegas que abrieron en aquella zona y probablemente la única que, sin apenas interrupción mantiene abierta una de las barras con más fuerza del barrio y probablemente de la ciudad. Su carta se mantiene invariable a la filosofía y el concepto de la bodega: Buen producto y una cocina sin complejos, sin complicaciones ni tecnicismos que sobre actúen en el plato. Sólo recetas de siempre, de casa de toda la vida.

Si las gildas se inventaron en el vecino Casa Vallés, allá por 1946 (por su similitud con la protagonista de la película del mismo nombre: Verde, salada y picante); en Bodegas Donostiarras las bordan. La tortilla de patatas, de ración, individual, es tan jugosa y rica como la que más. La ensaladilla rusa, elegante y con dosis justa de yodo por el punto que aporta la anchoa. El pulpo en vinagreta muy bueno. El Indurain es probablemente su pincho más popular, similar a una Gilda, pero apoyado en una base de bonito y con alguna guindilla más de las usuales, recibió el nombre por su ‘parecido’ con el perfil del gran ciclista.

Iñaki y Amaia se encargan de la cocina y gestionan las comandas con agilidad sorprendente, para que todo tenga su ritmo a pesar de que hacen gala de preparar todo en el momento, la clave para que todo sepa mejor, es no elaborar nada con anticipación. Y debe de ser cierto porque todo sabe muy muy bien. La ensalada de tomate, pero del bueno, es de tomates de los de antes, y si le añaden generosas lascas de bonito, mejor. La ensalada de la casa, a base de bonito, boquerones, sardinillas, anchoa, pulpo y piparras es una de las más solicitadas en las comandas. Más contundentes filetes de lengua de ternera en salsa o la carne guisada con tomate.

Como en todas las sidrerías o bodegas vascas, no pueden faltar las típicas y descomunales txuletas, en este caso la ración supera el kilo. Una buena merluza del Cantabrico, o unos buenísimos huevos que acompañan con jamón y un guiso de pisto bastante logrado. Y si lo desean pueden acompañar el plato de huevos con uno de morcilla a la brasa y pimientos, que si riegan con una buena botella de Rioja, saldrán más que satisfechos a la búsqueda de un lugar donde reposar la experiencia.

Bodega Donostiarra

Calle Peña y Goñi 13
 San Sebastián

http://www.bodegadonostiarra.com/

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