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Cocina quijotesca en La Carmencita

Gastronomía cervantina para conquistar una de las tabernas más antiguas de Madrid durante el mes de marzo.

Uno de los espacios de la taberna © La Carmencita
Uno de los espacios de la taberna / La Carmencita

Desde que la Taberna La Carmencita abriera sus puertas en 1854 los aires literarios se han deslizado con profusión entre sus azulejos añilados y entre la barra de estaño clásico que preside la entrada. Nombres como Jacinto Benavente o Benito Pérez Galdós eran asiduos a las tertulias que en estas paredes se formaban de continuo, en torno a los aires realistas y naturalistas que copaban las letras españolas durante la segunda mitad del siglo XIX.

No moriría esta devoción con el noventayochismo ni con el desastre de Cuba, ya que la taberna seguiría siendo un punto de encuentro ya entrado en el siglo XX, con la presencia de dramaturgos y poetas de la talla de Miguel Hernández o Miguel Mihura. Ahora, estas mismas paredes, recuperadas para la causa gastronómica y novelística por el grupo Deluz y Compañía hace unos cuantos años, se engrandecen con las jornadas ‘Letras y ollas: El Quijote en La Carmencita’, que propone redescubrir parte de la magna obra de Miguel de Cervantes a través de los fogones.

Útil como compendio cultural patrio para entender la España del Siglo de Oro, El Quijote no sólo es una cumbre universal literaria, sino también una perfecta guía de usos y costumbres nacionales, entre las que evidentemente también tiene mucho que ver la gastronomía. De los ranchos de cuarteles a fondas y mesones, la obra de Cervantes está salpicada, no sólo en El Quijote, de guiños hacia la cocina y a esos lugares en los que confraternizaba el pueblo, perfecto laboratorio desde el que el novelista encuentra materia prima para su trabajo.

Así, durante todo el mes de marzo, comida casera y literatura se aglutinarán bajo un prisma histórico que también contó con la participación de poetas y expertos en la obra cervantina. El conjunto se ensambla así bajo un aura costumbrista en el que condensar más de cuatro siglos de historia sobre platos y cazuelas.

La versión moderna de la sopa de matahambre © Taberna La Carmencita
La versión moderna de la sopa de matahambre / Taberna La Carmencita

Recetas como la sopa de matahambre –cuyo ‘ingrediente’ principal no necesita apelativos-, el cordero en calderetilla o los duelos y quebrantos, forman parte de esta pequeña y efímera carta con la que La Carmencita rinde homenaje a dos grandezas patrias: la cocina y Cervantes. De esta manera se reivindica no sólo el casticismo, sino también una forma de entender la gastronomía que hunde sus raíces en un recetario clásico, casi ancestral, en el que dos valores fundamentales como son quitar el hambre y disfrutar coinciden. Un auténtico lujo, aunque en estos tiempos de bonanza no lo parezca, en el que tener el estómago vacío tiene más de rareza que de lo que pudo tener hace apenas 80 años. Todo ello con La Carmencita como testigo mudo del paso del tiempo, tan inexorable como eterna se sigue haciendo El Quijote, y que aún sin voz sigue ejerciendo de guardián de un legado castizo y literario en el que aún hoy nos podemos sentir más identificados que nunca.

España es lo que su literatura y cocina han ofrecido, perfectos refrendos de lo que en la sociedad se gestaba, y la realidad de lo que hoy somos no deja de ser patente en lo que leemos o comemos.

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