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¿Cuándo y a quién compensa contratar un desayuno en hotel?

La comida más importante del día debe ser contundente, sabrosa, que te dé ganas de repetir pero sin tener que rascarte el bolsillo.

Parte del desayuno del hotel Molino de Alcuneza, en Sigüenza
Parte del desayuno del hotel Molino de Alcuneza, en Sigüenza

Amanecer, descorrer la persiana y ducharse son tres de los pasos que das cuando, tras un año de duro trabajo, empiezas a dar con la confianza del que sabe que el despertador no sonará al disfrutar de tus vacaciones. Hoteles de todo el mundo te esperan y entre sus salas desfilan bandejas, camareros y comensales dispuestos a honrar al desayuno, ese momento del día que en los hoteles tiene vida propia y que convierte en una fiesta pantagruélica, a la que no solemos hacer caso el resto del año, la primera comida de la jornada.

Por dónde empezar ante semejante cornucopia gastronómica, en la que conviven panes y bollería de una decena de clases, untable con otra buena ristra de mermeladas, que tienen por ilustres vecinos a embutidos, quesos y una cantidad de frutas que parecerían sacadas del sombrero de una Mama Chicho.

Con los ojos aún a medio abrir, el desayuno de hotel te tienta, estimulando tus papilas gustativas y demostrándote que haberlo reservado era una buena idea pero, ¿a qué debemos prestar atención para saber si estamos haciendo una buena inversión? Esto vamos a intentar resolverlo hoy, para que en tus vacaciones no tengas al estómago haciendo borborigmos hasta la hora de la comida por una mala decisión de base.

¿A qué te enfrentas y a qué estás acostumbrado?

Si eres español es posible que tus mañanas comiencen con un café con leche y una tostada. Si eres británico las posibilidades de que haya té, huevos fritos, bacon y baked beans son altas o si eres estadounidense probablemente en el menú matutino se cuele el bacon de nuevo, los huevos sean revueltos, haya café, y puede que pancakes o gofres, en un auténtico alarde de glotonería matutina. Además, sirven como resumen para lo que se consideran como desayunos de hotel estándar: continental, británico o inglés y americano. Lo que también nos sirve para encontrar desayunos más caros de media en función del país.

En esas valoraciones debes apreciar además si es buffet o no. Generalmente los hoteles de cuatro y cinco estrellas ofrecen siempre este servicio, aunque también está presente en muchos tres estrellas. Evidentemente cambia la categoría de la comida pero deberás prestar atención a la diferencia de precio entre habitación sin desayuno y la habitación que lo oferte. Si es muy poca cantidad, posiblemente estés ante un hotel que no ofrezca buffet. Cerciórate de ello antes de hacer la reserva.

Sección de la partida de frutas del buffet del NH Collection Eurobuilding
Sección de la partida de frutas del buffet del NH Collection Eurobuilding

Un placer para gente de buen comer

Con estas pistas ya podemos lanzarnos a la primera y gran pregunta: ¿cuánto quieres comer? Si te apetece darte un auténtico festín nada más levantarte, aprovechando que estás de vacaciones y que no cocinas tú –dato a tener en cuenta-, los desayunos de hotel son perfectos para ponerte como el Quico. Si por el contrario, no quieres alterar tu dinámica cotidiana y vas servido con un café y un cruasán, más un zumito, el desayuno de hotel será un mal negocio para ti y para tu bolsillo.

Si amanece y eres capaz de hacer temblar a Carpanta, ya sea por gula o apetito, el desayuno del hotel siempre te merecerá la pena. El carrusel casi inagotable de fuentes y bandejas que se despachan puede ser un reclamo muy potente para los más glotones, sobre todo si hay que surtirse de mucha energía para un largo día de turismo.

Además, ten en cuenta esa sensación de saciedad. Si sigues la pauta alimenticia anglosajona lo más normal será que hagas un almuerzo ligero a mediodía, quizás un sándwich o un bocadillo, por lo que la cantidad que has invertido en desayunar es una cantidad que dejas de gastarte en la comida.

Para foodies y los que quieren tener controlado el gasto

Del mismo modo, en lo tocante al dinero, concertar el desayuno dentro de la reserva –que siempre es más recomendable, porque pagar el desayuno una vez hecho el check in suele ser más caro- te permite conocer con más precisión los gastos fijos del viaje. Una ventaja que hará que sea más fácil administrarse una vez estés en el destino.

Además, como buena noticia para disfrutones , los desayunos de hotel están personalizándose, siendo más variados y apostando por productos locales, conscientes también de que el cliente se ha gourmetizado. Ahí entra el factor experiencial de lo gastronómico, convirtiéndolo en un momento de disfrute distinguido.

A ello se refiere Samuel Moreno, chef en el hotel Molino de Alcuneza (Sigüenza), bajo el sello Relais & Châteaux, que recientemente ha conseguido una estrella Michelin: “Muchos clientes buscan en el desayuno una extensión de su experiencia y poder saciarse de productos deliciosos que en el día a día ni se les pasaría por la cabeza consumir”, asegura. “Mermeladas caseras, chacinas, quesos, zumos de todo tipo, bollería (…) y sobre todo tiempo para saborearlo y convertir el desayuno en un momento memorable”, corrobora.

Salmón, jamón y queso en el buffet del NH Collection Eurobuilding
Salmón, jamón y queso en el buffet del NH Collection Eurobuilding

Para los que no se quieren complicar buscando

¿Tengo más alternativas? No es que estés en un callejón sin salida, pero la realidad es que no habrá las mismas opciones para desayunar en el centro de París que en un pueblo perdido de la Selva Negra donde has reservado un descanso rural en mitad del bosque. Eso nos lleva a que, en función del lugar, apostar por un buen y conocido desayuno sea más práctico que arriesgarse a la aventura.

¿Trabajo u ocio?

El éxito de los hoteles B&B (bed & breakfast) se basa en ofrecer buenas camas y desayunos competitivos, orientados a un perfil muy laboral. No es lo más normal acudir a uno de ellos en tus vacaciones, pero aún así es una buena solución para los que sólo quieren el hotel para dormir, ducharse, desayunar y salir pitando. Si por el contrario, aprecias más el perfil leisure (ocio) e incluso bleisure (business + leisure), el perfil del desayuno de hotel puede ser más relajado y confortable, así como de más calidad –por regla general-, así que deberás ser consciente del tipo de hotel en el que te alojas para exigir al desayuno en consonancia.

Entonces, ¿a quién no le compensa un desayuno de hotel?

Resulta bastante obvio que si te sacias con una tostada y un café no resulta de especial interés apostar por un desayuno que te saldría caro en términos totales. Generalmente los desayunos de hotel son sustanciosos y tienen una calidad alta, por lo que puede ser que sólo con el zumo y el café vayas bien servido, pero pagar más de 15 euros sólo por hacer este pequeño uso no parece demasiado rentable.

De ello publicó un estudio el portal de viajes trabber.mx en 2018, donde el coste medio de un desayuno en Estados Unidos era de 23,86 euros, seguido de los 18,08 euros en Holanda o de los 16,33 euros en Reino Unido. En el caso español la media está en 12,61 euros, aún lejos de los 14,99 de países como Francia. Sea como fuere, si vas mirando cada céntimo, un desayuno de hotel no es un buen negocio para tu presupuesto.

Tampoco compensa a los que van apurados de tiempo

Si has cerrado un viaje organizado o ya has marcado en el mapa todo lo que te gustaría ver, el desayuno de hotel no está hecho para ti. No porque no lo disfrutes, sino porque suele exigir algo de pausa y no convertirse en una competición de comer más rápido que nadie. Bien es cierto que los horarios de servicio suelen ser amplios y podemos madrugar más para aprovechar sus bondades,

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