Jennifer Rubell: rompiendo las barreras del arte a través de la comida

Ha escrito de gastronomía durante décadas, pero sólo recientemente sus experimentos con la comida se han convertido en creaciones artísticas a medio camino entre evento, perfomance e instalación. Así la neoyorkina Jennifer Rubell nos cuenta su profesión.

Comida

Cabezas de queso Fontina que se derriten sobre una montaña de crackers, paredes hechas de algodón dulce, donuts colgando de una pared, conejos asados, montañas de plátanos. Las creaciones de la artista neoyorkina Jennifer Rubell– 40 años, estudios en Harvard y en Culinary Institute of America – no sólo se pueden tocar, sino se deben tocar. Y comer y oler. A medio camino entre una escultora y una anfitriona que exige a sus huéspedes que se comporten como un su casa, Jennifer Rubell acaba de aterrizar en el mundo del arte con un único objetivo: romper las barreras que separan la pieza artística de los espectadores. Y en este sentido la comida le viene fenomenal. Aunque, advierte, no es su único recurso y la gastronomía no es arte.

¿Cómo describirías tu trabajo?

El centro de mi trabajo es la idea de la participación, pedir a los espectadores que rompan los tabúes típicos de las instituciones que se dedican al arte utilizando sentidos que están prohibidos o ausentes en estos ambientes: el tacto, el gusto, el olfato.

¿Cuándo has pensado por primera vez en la posibilidad de manipular la comida en un sentido artístico?

No tenía la intención de hacer arte a partir de los alimentos. He realizado proyectos con la comida durante casi una década antes de empezar a ver lo que estaba haciendo a través de las lentes del arte. Finalmente, un día miré lo que hacía y no pude ver nada más que arte. No encajaba en ninguna otra categoría.

¿Qué características tiene la comida como materia prima en el arte respecto por ejemplo al mármol, la madera o el bronce?

La comida es un material increíblemente difícil de trabajar. Es perecedero, variable, a menudo estacional. Es efímero, que es la cualidad que más me interesa, pero lo que quiero es justo crear algo monumental a partir de este material tan efímero.

¿Qué tipo de comida consideras inspiradora o atractiva para tu trabajo?

Cada pieza es diferente. Me gusta la comida que ocupa un lugar icónico en nuestra cultura, pero también me gusta la comida que es más bien materia prima. Depende de la pieza y de lo que esté intentando lograr a través de ella.

¿Crees que existe algún tipo de relación entre el arte y la gastronomía?

Muchos artistas han realizado unos proyectos con la comida pero no necesariamente lo han considerado como el núcleo de su práctica artística. Cuando pienso en el Arte, con mayúsculas, pienso en un trabajo que se coloca en la línea continua de la historia del arte visual. No pienso que la gastronomía, por muy extraordinaria que sea, se posicione en esta línea. Ferran Adrià es un maestro, pero no está compitiendo con Picasso o con Jackson Pollock, está compitiendo con Escoffier. Ésta es la diferencia fundamental entre un artista que usa la comida como un medio y un chef extremadamente innovador.

¿Consideras que tus piezas son tan “sociales” e “interactivas” porque utilizas la comida?

La interactividad es el corazón de mi trabajo y creo que la comida siempre será un medio significativo en mi práctica. También estoy trabajando en esculturas interactivas que no tienen nada que ver con la comida. Estoy interesada en borrar los confines entre el espectador y la pieza de arte y en eliminar el malestar que el arte puede provocar en él. Voy a utilizar cualquier medio para hacer esto, pero resulta que estoy particularmente bien informada sobre la comida.

¿Cuál es la performance más espectacular que has realizado? O la más rara y divertida.

¿La más espectacular? Probablemente “Icons”, en el Brooklyn Museum. Había siete vaciados de mi cabeza en queso Fontina, con unos focos muy calientes dirigidos hacia ellos que les hacían gotear sobre una montaña de crackers colocada abajo; otra base gigante con centenares de conejos asados que los mismos espectadores habían cazado; una piñata de 7 metros de alto con forma de cabeza de Andy Warhol que los espectadores tenían que golpear con una bate de baseball hasta que se rompiera dejando caer miles de merienditas “twinkies”, etc.”

¿Y cómo fue la experiencia en la Saatchi Gallery de Londres, un templo del arte contemporáneo?

Fue una experiencia increíble. Empezaba con dos personas, Simon y Michaela, vistiéndose detrás de un cristal, con todo el mundo mirándoles. Luego Simon rompía el cristal con un martillo y forzaba la caja en la que estaba Michaela. Luego arrojaban sus copas de champán de un balcón en una galería dentro de una galería, que había construido abajo. Había 67 camas con bandejas de plata gigantes llenas de comida sobre ellos y más 100 tartas de 100 pastelerías diferentes de Londres. Fue increíblemente emocionante.

¿En qué estás trabajando ahora?

Estoy preparando un show en la Stephen Friedman Gallery de Londres en febrero, algo que tiene que ver con el compromiso del príncipe Guillermo con Kate Middleton.

¿Cuál es tu plato favorito?

Me gustan las cosas más simples, me gusta el pollo asado con una simple ensalada aliñada con limón y aceite de oliva.

¿Te gusta cocinar?

Adoro cocinar y cocino todo el tiempo. A menudo organizo cenas en mi casa y normalmente mis huéspedes parecen entusiastas de lo que preparo. Pero esto no es arte, es obvio.

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