En Escocia

Johnnie Walker etiqueta azul, el lujo de un whisky único e irrepetible

La etiqueta azul se elabora a partir de una inigualable combinación elaborada a partir de algunos de los whiskys más raros y excepcionales de Escocia.

Un whisky muy a tener en cuenta.
Un whisky muy a tener en cuenta. / Johnny Walker

Todo amante de un buen trago de whisky debería visitar Escocia y sus destilerías. Una peregrinación obligatoria para conocer el territorio en el que se elabora y envejece el whisky. De las bodegas de la isla de Spey, algunas camufladas en el terreno, otras al borde de las rompientes y donde el olor a turba y humedad del musgo es constante. Las Tierras Altas, más duras, azotadas por las inclemencias del tiempo, muestran su serena belleza y desnudez. Mientras, en el interior de las bodegas, unas verjas que luchan contra el óxido protegen las viejas barricas de roble de menos de 700 litros.

Las bodegas guardan en su interior dos de los secretos mejor guardados que junto con el silencio y la oscuridad necesarias acaban de dar forma y perfilar el sabor del whisky, asi como dotarle del color apropiado: Las viejas barricas de roble español y americano que previamente han envejecido vino de Jerez, son quien en definitiva le transfieren los matices de chocolate, especias y frutos secos característicos de un buen trago. Hay otros dos elementos esenciales para elaborar un whisky único: Un alambique pequeño que permita un mayor contacto del líquido con el cobre, aporta un sabor más intenso y un cuerpo más denso y redondo.

Antiguamente el whisky se elaboraba en cada casa y era de una calidad muy irregular. Hasta que en el Siglo XIX, en un pequeño pueblo llamado Kilmarnock, un jóven tendero animado para ofrecer una calidad consistente y uniforme a sus clientes, probó mezclando ‘Single Whisky’ y ‘Blend Whisky’, hasta que dio con la combinación apropiada y decidió bautizarlo con su propio nombre. Posteriormente sus hijos, ampliaron el negocio y en sólo unas décadas se bebía en más de un centenar de países de ultramar gracias a la genial idea de nombrar agentes comerciales a todos los capitanes de barco que surcaban los cinco mares.

Primero fue la etiqueta roja (inclinada 24º para distinguirlas del resto), signo distintivo de un whisky de calidad. Después, la negra que evolucionaba la calidad del trago; y finalmente la azul como sublimación de una categoría. Si eran importantes el alambique y la barrica, así como los inmateriales del silencio y la oscuridad; el quinto elemento y definitivo es el Tiempo. Un whisky escocés debe envejecer en barrica al menos tres años, pero puede llegar a los 21 años y más. Tiempo durante el cual cada barrica paga lo que se llama tributo a los ángeles, una pérdida de líquido que puede llegar al 80%, pero el poso rebosa de sabor e intensidad.

La etiqueta azul de Johnnie Walker se elabora a partir de una inigualable combinación elaborada a partir de algunos de los whiskys más raros y excepcionales de Escocia. Solo uno de cada diez mil barriles tiene la calidad exclusiva y el carácter suficiente para poder lucir la etiqueta azul. Tonos ahumados, avellanas y chocolate negro, miel, especias y cierto aire cítrico que dan un trago que se prolonga y hace duradero en boca. Su elaboración a partir de cuarenta whiskys diferentes, cada uno de los cuales han pagado el tributo a los ángeles durante cincuenta años; le hacen uno de los más exclusivos del mundo.

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