En Huesca

La Borda del Mastín, la mejor cocina del inigualable Cerler

La sopa de cebolla, caliente, rica y reconstituyente es uno de los platos más solicitados tras un día de esquí.

Borda
 

Cerler es un pueblo de montaña, de hecho, es el más alto del Pirineo Aragonés. Se llega a él a través de una carretera que en algunos tramos parece imposible. Es un recorrido hurtado a desfiladeros, montañas rocosas que se han socavado para inventarse una carretera de esas que ya no existen y por las que parece imposible llegar a ninguna parte. Cerler es un conjunto de casas apretadas, unas contra otras, como se construía antiguamente para soportar los fríos y la nieves. Casas de piedra recia y oscura cuyos muros de un grosor de más de medio metro, les aísla del frío.

Un portalón que no llama la atención, tras su puerta de cristal apenas se ve nada parecido a un restaurante o a un bar. Una gran casona reconvertida en dos espacios. En la parte inferior, un bar con un amplio surtido de cervezas, un billar que requiere más destreza de la que demuestran los jugadores; y un futbolín, más animado y en el que la gente se reta y juega ruidosamente. En el piso superior, un comedor, amplio y diáfano. Una gran parrilla en una esquina y unas mesas repartidas sin agobios por el comedor. Decorado con utensilios rurales, resulta cómodo, agradable y cálido.

Si Baqueira o Formigal, se llevan la palma por la cantidad de kilómetros esquiables, La Masella por su ambiente familiar y Sierra Nevada por su buen tiempo y mejor ambiente, Cerler, es la más bonita. No son sus 77 kilómetros de pistas, ni el reto mayor o menor que para esquiadores avezados pueden suponer sus pistas negras, doble diamante, ni que tenga un gran porcentaje de pistas aptas para esquiadores de nivel medio; es la vegetación, sus pinos y abetos que adornan una gran parte de sus pistas y lucen un aspecto verdaderamente alpino. Por eso y porque tras un día de esquí se puede cenar muy bien, Cerler tiene legión de fieles, a pesar de la carretera que llega a Benasque.

La Borda del Mastín lleva cuarenta años siendo un local imprescindible en cualquier escapada a Cerler. Y desde hace treinta ocho, Marino Sahun está al frente del mismo y al pie del cañón cada día, ocupándose de la parrilla sobre la que elabora unas piezas de carne de una calidad sobresaliente y que en su parrilla de encina, toca lo justo para sellarlas por fuera, y mantener ese color marrón apenas un par de milímetros y mantener la carne jugosa, roja y tierna en el interior. Piezas de buey, ternasco de Aragón y piezas de caza como un excelente solomillo de jabalí.

La sopa de cebolla, caliente, rica y reconstituyente es uno de los platos más solicitados tras un día de esquí. Si la carta no es demasiado extensa, el catalogo de platos disponibles fuera de carta es de un atractivo especial. Huevos con rebozuelos; un arroz cremoso correcto, pero que mejora con las trompetillas y un añadido de tomillo que le da un aroma a campo enorme. El revuelto de morcilla y huevo extraordinario. El apartado de las carnes es inmejorable. Unas albondigas guisadas muy ricas. Una extraordinaria pieza de carrillera que por su tamaño mejor compartirlo. Un guiso de pollo de corral con salsa de almendras muy rico.

La Borda del Mastín

Calle El Obispo s/n
Cerler
Huesca
Teléfono: 974 55 12 07

 

La Borda del Mastín, la mejor cocina del inigualable Cerler

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