Escapada

Dónde comprar, comer y dormir en Roma sin perder de vista el Coliseo

Un viaje a la ciudad eterna es siempre un reto entre lo que podemos visitar y lo que tendremos que dejar para una segunda visita. 

Roma cierra al tráfico de vehículos privados los alrededores del Coliseo
Roma cierra al tráfico de vehículos privados los alrededores del Coliseo / EP

Roma es la huella indeleble que todo europeo lleva en su adn cultural. Es caótica y celestial al tiempo. Mundana y apasionada pero distinguida y casi divina. En su evidente monumentalidad se entrelazan los ‘vicolos’ (callejones) que guardan en su interior auténticas obras de arte hechas a retazos del renacimiento más espléndido y el barroco más elegante. Roma, residencia de Papas y cuna de Emperadores es el mayor museo vivo de historia. En su infinito caos se ama con el mismo apasionamiento que desprenden sus habitantes, tras cualquier esquina se descubren tesoros insospechados: Patios, columnas, estatuas, plazoletas, cafés e iglesias...

Un viaje a Roma es siempre un reto. Encontrar el equilibrio entre lo que se va a ver y lo que voluntariamente se dejará de visitar. Un rompecabezas en el que descartar ciertas zonas, monumentos, y barrios que no va a recorrer. Roma es exuberante, completa, inabarcable, casi infinita: plazas y fuentes o palacios y museos; callejones con encanto o el Foro de otra época; cúpulas que anidan en el cielo o la vida oculta que se escondía en las catacumbas horadadas bajo tierra; iglesias o cafés; las huellas de emperadores que dominaron el mundo o el rastro de Papas que dieron otra dimensión al arte.

Aunque París se lleve la fama y en Londres abunden por doquier en los mercados callejeros, los mejores anticuarios los encontrará en Via del Babuino, via Giulia y Via Coronari. Via Margutta es además de una pequeña calle con mucho encanto, acogedora y tranquila, una de las calles con coquetas y muy interesantes galerías de arte. Sobre el pavés de Via Coronari, conocida también como Via Recta, se amontonan las tiendas en las que joyas, muebles, lámparas y objetos de otras épocas que harán las delicias de los amantes de las antigüedades.

El hotel Palazzo Manfredi resume el auténtico lujo italiano, un compendio de diseño, elegancia y sobriedad. Las habitaciones no son muy amplias, pero suficientes, mientras mantienen el lujo indiscutible de su situación. La fachada principal, discreta y sobria, recae sobre el mismísimo Coliseum con unas vistas impagables sobre el monumento más característico de Roma, ¡Sobrecogedor! Desde la magnífica azotea acristalada que permite disfrutar de las vistas sobre el viejo anfiteatro durante todo el año, se obtiene una de las experiencias más impactantes de la ciudad: Disfrutar del menú con estrella Michelin de su restaurante Aroma y esas vistas...

¿Alguien puede imaginar mejor emplazamiento para un restaurante que vistas sobre el Coliseo, El Foro y el Domus Area? En ese territorio y con una cocina vista, el chef romano Giuseppe di Lorio imparte una magistral lección de cocina. Recetario italiano y gran producto local con los añadidos de las joyas gastronómicas nacionales como la trufa de Alba y el AOVE de Taggia; que completan una carta corta, pero bien estructurada. Inconmensurables tagliatelle con ragú de pato y cardamomo; delicioso el ravioli de mozarella de búfala, anchoas y ensalada romana, un plato fresco y sabroso. Entre los principales destacar la distinción del pichón a la mostaza y foie, un bocado muy redondo.

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