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Míticos de la carretera: Los huevos con morcilla del Hostal Landa en la N-I

Si el nivel de la cocina en general es notable, la calidad del desayuno es impecable.

Landa
 

Afrontar un viaje en aquella España de los años setenta suponía aventurarse por unas carreteras estrechas, por muchas de las cuales no cabían dos vehículos que se encontrarán en sentido contrario. Los pequeños coches que reclamaban una parada para enfriar sus motores cuando ascendían algún puerto requerían emplear todo el día para llegar hasta el destino elegido para pasar las vacaciones. Los viajes se hacían en dos tramos con la consiguiente parada para comer de primero y segundo. Si el hecho de que hubieran camiones aparcados frente a la puerta de un local, existían algunas referencias claves como el Hotel Landa.

Cuando se atravesaba la meseta por la N-I, y se adivinaban los pináculos de las torres de su magnífica catedral, el viajero sabía que se aproximaba al punto en el que reponer fuerzas. En 1960 la familia Landa abrió el Hostal homónimo, al pie de la carretera y a un paso de la capital burgalesa, al tiempo que se hicieron con establecimientos tan emblemáticos como La Perla en San Sebastián y el Club Puerta de Hierro en Madrid. El Hostal Landa nació de un modo más modesto del que conocemos hoy y al que durante 20 años fueron añadiendo la plaza con la pérgola y los carros, la Torre de defensa y el hotel en un ambiente de lujo inglés.

Aunque hace tiempo que el Hostal Landa no tiene la categoría de Relais Chateaux, la calidad de sus servicios es innegable. Masaje relajante al llegar a la habitación; en invierno un baño en piscina mientras observa la lluvia y el frío desde su piscina y la gran chimenea que preside la estancia calienta el ambiente. Pero al Hostal Landa se va a comer desde un tentempié para poder proseguir el viaje a sus populares huevos fritos y morcilla o el típico asado castellano, el lechazo que asan en su horno de piedra.

Si el nivel de la cocina en general es notable, la calidad del desayuno es impecable: mantequilla francesa, zumo de naranja recién exprimida, expresso Illy, fruta de temporada y bollería fina elaborada en casa. El Hostal Landa cuenta con dos restaurantes diferenciados; uno para la comida y otro para la cena; mientras que el bar es el espacio más informal en el que poder realizar un pica pica rápido ahora que los viajes se realizan a otro ritmo. Pero si es de los que prefiere disfrutar pausadamente de una comida en la mesa de monjes o en la agradable terraza exterior, ordene unos huevos fritos con morcilla de Burgos.

En invierno cuando el frío de la meseta trata de penetrar y calar hasta los huesos, lo más reconfortante es la sopa de ajo huevo pochado, intensa, sabrosa y calorífica. El consomé de buey, sustancioso y desgrasado. Aunque como indicábamos arriba el plato estrella son los huevos con morcilla, no hay que desdeñar muchos otros como los pimientos rellenos de guiso de rabo de toro o las empanadillas de codorniz y champiñones, bien fritas y mejor rellenas. Las chuletillas de lechal, siempre sabrosas y jugosas, un acierto seguro. Entrando en más hechuras el cochinillo asado en horno de piedra es un plato sobresaliente.

Hostal Landa

 Crta N-I km 235 Burgos

http://www.landa.as/

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