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Siete bares para disfrutar de sus pintxos en una visita a Vitoria

Vitoria es una gran ciudad no por su tamaño sino por su calidad de vida. Sus pinchos no son tan célebres como otros, pero merecen la pena.

pintxo vitoria

Vitoria es desde siempre una de las mejores ciudades en las que vivir. Sus dimensiones humanas, sus parques y zonas verdes así como sus excelentes servicios la posicionan un año tras otro, como una de las ciudades que disfrutan de una mayor calidad de vida. Sus amplias y largas avenidas permiten extender la vista más allá. Los magníficos paseos residenciales se visten de mansiones, villas y soberbios palacetes a ambos lados. La catedral y sus iglesias menores, dan lustro y esplendor, y la homologan a cualquier ciudad europea similar. Sus bares de pintxos no gozan de la fama de la de los de Donosti y Bilbao, pero merecen la pena.

Toloño (Cuesta de San Francisco 3)

Cerca de la Plaza Nueva, Enrique Fuentes y Carmen Bargaño abrieron hace más de quince años uno de los bares más emblemáticos de Vitoria. Una decoración moderna y una barra que semeja la proa de un barco, luce sus mejores pintxos. Las croquetas cremosas y sabrosas; la morcilla de las landas con pimiento de Tricio, el foie a la plancha, el ravioli de trufa y el huevo trufado.

Idoia (Cuchillerías 15)

Entre una buena oferta de pintxos muchos de los cuales se describen en la pizarra que cuelga de la pared destacan, las croquetas, un de sus especialidades. Aquí las hacen de boletus, de Idiazabal, de bacalao y de jamón. Son cremosas y muy buenas. Sus rabas son una de las mejores frituras de la ciudad. Se sirven vermút de las mejores etiquetas, cervezas paulaner y mojitos.

Tulipán de Oro (Correría 157)

Situado en pleno Casco Viejo, Tulipán Negro es un bar sin muchas aspiraciones pero con un par de pintxos de esos que recordará toda la vida. Sus famosos choricillos al infierno, flambeados en plena barra, delante de ud. en una pequeña barbacoa con forma de cerdito y una morcilla dulce, muy buena; son las dos razones por las que merecen la pena parar en este ´garito´.

Boko (Prado 5)

Boko es el hermano pequeño del restaurante homónimo en el que Zuriñe Berganzo oficia con solvencia como demuestran sus participaciones en el Concurso de Pintxos de Euskadi. Más que correctas sus croquetas, buena la ensaladilla y estupenda la tortilla de bacalao, jugosa y con la intensidad de sabor justa.

Sagartoki (Prado 18)

El bar de Senén, uno de los cocineros con más identidad por su perseverancia hasta ganar el concurso nacional de tortilla y su exitosa industrialización después. A Sagartoki se viene a probar la tortilla, técnicamente perfecta. Pero también hay otros pinchos como el ravioli de patata y huevo frito, una pequeña explosión en la boca o el pincho de cecina con hojas de rúcula fresco y rico.

Txolarre (Cuchillería 19)

Un bar de toda la vida en el que siempre ha destacado su ensaladilla de puerros, pero entre cuyas propuestas, lo mejor son sin duda, sus cazuelitas de rabas, bien rebozadas y perfectamente fritas. Buen vermú

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