Gran momento para el mundo del vino

Siete catedrales del vino imprescindibles si te gusta la arquitectura

Con la uva española al alza, las bodegas invierten más que nunca en modernizar sus instalaciones, con el objetivo de atraer a más visitantes.

Marqués de Riscal
La bodega Marqués de Riscal va más allá del vino.

El mundo del vino se encuentra en un buen momento. La uva española se cotiza dentro y fuera de nuestras fronteras, mientras el enoturismo se convierte en una de las principales opciones de ocio para los viajeros foodies. No es de extrañar que hoy las bodegas inviertan más que nunca en modernizar sus instalaciones, con el objetivo de atraer a más visitantes y competir en el mercado internacional.

El maridaje arquitectura-vino es perfecto. Ya lo demostró Gustav Eiffel, promotor de la famosísima torre parisina, cuando participó en la construcción de la Real Bodega de la Concha de Jerez, hogar de Tío Pepe, allá por 1862. Una costosa inversión de este tipo puede ver recuperado su presupuesto en cosa de meses mediante la venta de botellas, sobre todo si consigue atraer tanto a los amantes del producto y del sector como a los profesionales del arte, la arquitectura y algún que otro despistado. Una ruta por estas ‘catedrales del vino’ supone una escapada enoturística de lo más sugerente para cualquiera. Y eso siempre da dinero.

Con esta idea Burdeos, una de las zonas vinícolas más famosas del Francia, contó en su momento con grandes arquitectos como Ricardo Bofill, Jean Nouvel o Christian de Portzampac para levantar templos del vino como Château Lafite Rothschild, Château La Dominique o Cheval Blanc, respectivamente. Antes lo hicieron Mario Botta para Faugères, Norman Foster para Margaux, o los galos Nouvel y Wilmotte para La Dominique y Pédesclaux. Y en Napa, un valle al norte de San Francisco y Oakland donde se concentran la mayor cantidad de viñas de toda California, Dominius Winery fue pensada y concebida por tres genios, el director de la bodegas francesas Château Petrus y los ganadores del premio Pritzker, los suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron.

En España son ya cerca de una decena de bodegas concebidas por los mejores arquitectos, magos de la escuadra y el cartabón que elevan a la categoría de museo a estas grandes casas del vino y ofrecen al visitante la oportunidad de aunar dos clases de arte: la arquitectura y el vino. Empezamos la ruta.

Portia, de Norman Foster

Portia
Portia cuenta con el diseño de Norman Foster.

La nueva generación de Grupo Faustino dio el salto a la Ribera del Duero por todo lo alto, contando con el arquitecto británico Norman Foster para dar vida a su nueva y singular bodega. Una vez cumplido el objetivo de conseguir un vino de calidad a la altura del nuevo milenio, el grupo quiso dar un paso más en su estrategia innovadora y decidió contratar al prestigioso Lord para diseñar y proyectar Portia, una bodega que aúna funcionalidad y diseño, pensada para elaborar vino en las condiciones más óptimas y manteniendo un riguroso respeto por el medio ambiente y la naturaleza.

El edificio, en forma de trébol y hecho con hormigón, madera, acero y vidrio, está situado en una loma. Una carretera sube hasta la cima para que los camiones puedan liberar las uvas recolectadas directamente en las tolvas. A partir de aquí todo el proceso se hace por gravedad para que la fruta sufra el menor daño posible, pues los elementos más importantes de la elaboración del vino se encuentran enterrados de manera natural.

Marqués de Riscal, de Frank Gehry

Tras varias peticiones por parte del grupo bodeguero al prestigioso arquitecto Frank O. Gehry, sólo cuando el canadiense visitó las bodegas y probó un vino del año de su nacimiento (1929) aceptó el encargo de hacer realidad La Ciudad del Vino de Marqués de Riscal. 70 millones de euros de inversión para la construcción de un imponente complejo vitivinícola en torno a la vieja bodega de 1858, la más antigua de la Rioja, que incluye un hotel y un spa con tratamientos de vinoterapia pionero en nuestro país.

El padre del Museo Guggenheim de Bilbao esbozó el edificio en una servilleta. El mismo edificio que supuso uno de los más grandes retos arquitectónicos hasta la fecha y que hoy es un auténtico símbolo en el horizonte de la Rioja Alta. La espectacularidad arquitectónica, unida a la riqueza paisajística y a las instalaciones de la antigua bodega, ofrecen una experiencia enoturística excepcional.

Ysios, de Santiago Calatrava

Ysios
Santiago Calatrava es el ideólogo de esta obra.

La sierra cántabra sirve como telón de fondo a la singular arquitectura de las Bodegas Ysios, el retoño de la familia Iverus, en Laguardia. Santiago Calatrava, mente creadora del L'Hemisfèric en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia y del Auditorio de Tenerife, entre otras maravillas imposibles, dio vida a esta obra de arte de hormigón cuyos muros están revestidos por lamas de madera tratada con sales de cobre, en contraste con el acabado de aluminio exterior. Los muros de la bodega trazan una línea sinusoide, que aporta una sensación de pixelado, y un mar de cepas se dibuja hacia esta estructura ondulada en cuyo interior la concepción vanguardista continúa.

López de Heredia, de Zaha Hadid

López de Heredia
Zaha Hadid concibió la obra con motivo del 125 aniversario de las bodegas.

En Haro, capital de la Rioja Alta, se encuentran las Bodegas López de Heredia, las más antiguas de la ciudad y unas de las tres primeras de la denominación. Zaha Hadid, arquitecta iraquí afincada en Londres y conocida por la espectacularidad, innovación, plasticidad, atrevimiento y sutileza de sus obras, concibió la cubierta para el stand modernista presentado en la Feria Alimentaria de Barcelona con motivo del 125 aniversario de las bodegas. Proyecto que más tarde sirvió como base para una estructura fija que fue colocada definitivamente en las instalaciones y que hoy acoge la espectacular sala de cata de López de Heredia.

Protos, de Richard  Rogers

Protos
Esta bodega fue ideada por el arquitecto Richard Rogers.

La bodega Protos en Peñafiel (Valladolid) fue ideada por el prestigioso estudio de arquitectura de Richard Rogers. Un llamativo edificio formado por cinco grandes arcos laminados de madera sobre base de piedra, que ha marcado un antes y un después en el dominio magistral de las técnicas arquitectónicas aplicado a espacios funcionales. Y es que no sólo facilita las labores propias de una bodega, sino que convierte a las estancias en verdaderas galerías de arte. En la sala donde duermen alrededor de 10.000 barricas, el lujo es el espacio. Su austeridad huye de adornos y artificios, y el hormigón pulido, el cristal y la madera son los protagonistas.

Viña Real, de Philippe Mazières

Viña real
El arquitecto  Philippe Mazières es el creador de esta obra arquitectónica.

Viña Real se encuentra en lo alto del Cerro de la Mesa, en la Rioja Alta. La bodega es una imponente obra de arquitectura con un singular interior proyectado para conseguir las máximas calidades en el proceso de elaboración y crianza de los vinos. El arquitecto francés Philippe Mazières supo conjugar la idea de hombre, nobleza y modernidad con hormigón, madera y acero inoxidable, componentes principales de la bodega. Una construcción moderna compuesta por una gigantesca tina, un edificio de madera de cedro rojo de Canadá y dos colosales túneles perforados hacia el interior del cerro. Dentro, la tina se dividide en dos pisos. En la planta de arriba se encuentra la nave de vinificación que emplea la tecnología más puntera. En el piso de abajo, una sala de barricas única, de forma circular.

Señorío de Arínzano, de Rafael Moneo

Arínzano
El concepto de château francés se mantiene en esta bodega navarra de 160 hectáreas.

El concepto de château francés se mantiene en esta bodega navarra de 160 hectáreas de viñedo, donde las cepas son las verdaderas estrellas. El propio Rafael Moneo (autor del Museo de Arte Moderno de Cáceres, el auditorio de Barcelona, la nueva catedral de Los Ángeles o el proyecto de ampliación del Museo del Prado), la califica de "bodega paisajística". De hormigón abujardado, la finca de la familia Chivite enmarca los tres edificios originales -el palacio de Cabo de Armería, con su torre medieval del siglo XIV, la ermita neoclásica y el caserón- dando lugar a un arco que encierra las construcciones y que se integra a la perfección en el paisaje de encinas que rodea la espectacular finca.

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