Al final de la ría de Arousa

Taberna Meloxeira en Puerto Meloxo, O’grove, cocina internacional bien hecha

Una propuesta diferente en la que elementos y técnicas orientales, potencian la gran calidad del producto gallego.

'Bogavante,tendones y nécora' en Meloxo.
'Bogavante,tendones y nécora' en Meloxo.

La mayoría asocian Galicia con el marisco y una cocina sin muchas complicaciones, de cocciones y puntos de sal adecuados que, son suficientes para que un producto excelso dé sus mejores registros. Cuando se viaja a Galicia se hace con la aspiración y el deseo de rendirse ante los mejores pescados del Atlántico y rendir homenaje al marisco en todas sus formas: Centollas, percebes, nécoras y todo tipo de conchas... De hecho, la mayor parte de los restaurantes orientan su propuesta de cocina a ofrecer el mejor producto del mar. Por eso es de valorar locales como Taberna Meloxeira, cuya osadía rompe la rutina de la zona.

En O’grove, un pequeño itsmo añadido al final de la ría de Arousa, desde donde se adivina ya la proximidad del océano Atlántico, y donde en esta época del año, los cielos mantienen el tono gris que confunde la línea del mar con la del cielo; donde las nubes y la bruma se adentran hasta reducir la visibilidad a unos metros, y donde la chovia (lluvia) fina se hace constante hasta que se aprende a convivir con ella, Álvaro Fuentes ha establecido un hito que marca diferencias evidentes con el resto de la propuesta gastronómica de la zona. Incluso la bodega esta plagada de referencias nuevas, desconocidas para el no iniciado, pero interesantes.

No en vano, Álvaro vivía en Londres cuando hace cuatro años, decidió viajar un fin de semana desde la ‘city’ para descubrir un pequeño local en pleno puerto Meloxo, que se traspasaba. Con las armas que da el haber viajado y visto mundo, decidió apostar para transformar el local de arriba abajo. Primero adecuó el interior para hacer un establecimiento más moderno, pero amable, donde las maderas siguen destacando, pero en un formato agradable para todo tipo de públicos y terraza para cuando el tiempo amaina. Mientras, en la cocina se dio un giro de 180º, transformando la carta hacia platos en los que ingredientes y productos de fusión animaban cada receta.

Junto a la mesa del ventanal, desde la que se ve el puerto y un puñado de pequeñas barcas de pesca, la carta sorprende por su carácter internacional. Salsas thai, tiraditos y aderezos llegados del otro lado del Atlántico, junto con especias desde el lejano oriente, contribuyen a dotar al buen producto local de la chispa necesaria para dar más potencia. La mayor parte de los platos se resuelven con soltura y corrección evidente. Así, una ensalada de algas, muestra todos los registros del mar en la boca, frescura y salinidad a partes iguales. Una carta plagada de guiños a la buena cocina internacional similar a la que se ofrece en las grandes capitales.

Un tiradito de besugo, en el que se apreciaba la calidad del pescado, pero donde un exceso de cítricos (se fue la mano) escondía el resto. Un pulpo bien asado a la brasa acompañado de puré de patata y un tono picante que contribuía a resaltar el conjunto. Unas muy buenas vieiras asadas, marcadas con foie y frutos rojos, resulta una combinación atrevida, pero muy efectiva en la boca. El carabinero thai, une la frescura y la calidad de los productos de la zona con una preparación más potente y notable. Arroces con bogavante y sus correspondientes aderezos orientales dan una gran versión de la caldereta de arroz. La fideua, extraordinariamente fina, apenas una capa de fideos que versionan con diferentes tipos de pescados: San Martín, Sargos, un gran plato para concluir.

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