Una urbe con alma en Italia

La irreductible belleza de Nápoles, una ciudad que no se puede domesticar

Uno tiene que adaptarse al bendito caos que todo lo domina y que es la raíz donde reside toda su belleza, una ciudad de contrastes.

Imagen panorámica de Nápoles.
Imagen panorámica de Nápoles.

La belleza de Nápoles es indómita, es una ciudad que no se puede domesticar. Uno tiene que adaptarse al bendito caos que todo lo domina y que es la raíz donde reside toda su belleza. Nápoles es una ciudad de contrastes, desde la uniformidad urbanística de sus callejones tirados con regla y cartabón, a la anarquía de las coladas que ondean en las fachadas deslucidas por el paso del tiempo. Desde la simplicidad de muchas de sus casas al increíble patrimonio histórico de palacios y más de 400 iglesias. De la abundancia de los puestos de La Pignasecca donde compran todos los napolitanos, al hechizo general que ejerce el espresso.

El arte religioso es fascinante. Desde la Capilla de San Severo, una iglesia que cuenta con El Cristo velado, una de las figuras más representativas del arte sacro de la ciudad; a la iglesia de Santa María de las Ánimas del Purgatorio, una iglesia en la que por macabro que pueda parecer se reza a las calaveras, tradición que la iglesia trató de prohibir pero que tuvieron que mantener por la presión popular. Mientras, en la Via San Gregorio famosa por las innumerables tiendas en las que se venden figuras del tradicional Belén napolitano, una costumbre que se ha ido desacralizando con la introducción de tallas de personajes famosos.

Una joya que no hay que dejar de visitar es el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles donde se guardan las estatuas más singulares del periodo clásico, donde se muestra como la belleza y la proporción del cuerpo humano no es una moda del Siglo XX, sino que se cultivaba ya desde la Grecia clásica. En el llamado Gabinete Secreto se guardan las obras más ‘calientes’ de la época en las que sus autores daban rienda suelta a las pasiones más humanas. Los bares y cafés son los otros ‘museos populares’ de la ciudad. El más original y surrealista, el bar Nilo, donde guardan un pelo de Maradona como reliquia.

Nápoles o su centro histórico está hecho para pasear una y otra vez siguiendo la retaíla de fantásticas iglesias. Recorrer sus calles principales para perderse por los callejones maravillosos plagados de pequeñas tiendas y cafés con sus terrazas en la calle. Dejarse llevar hasta cualquiera de sus plazas, que son el eje urbanístico de la ciudad. Desde Santa María Donna Regina en via Apostoli caminar hacia el Duomo y hasta Santa María Maggiore. Desde allí hacia el norte para visitar las iglesias de San Lorenzo, San Paolo y San Gregorio. Tómese un respiro y un café en la Piazza del Gessi Nuovo.

Como ocurre en todo el resto de Italia, la gastronomía es capital para sus vecinos. El café es una liturgia que se repite varias veces a lo largo del día y que comienza a la hora del desayuno. Una sugerencia, en la pasticceria Leopoldo (vía Foria) pedir un cafe espresso y el dulce que más opiniones concita en su favor, la sfogliatelle, una suerte de hojaldre relleno de ricotta y canela. Para comer, los espagueti frutti di mare, una combinación de la mejor pasta italiana con la esencia de la gastronomía italiana y el alma mediterránea. Los espagueti al vongole o los famosos raviolis de Capri son otras de las opciones más reconocidas de esta cocina.

La pizza es santo y seña de la cocina napolitana, en sus hornos de piedra se cuece la mejor masa de pizza de todas. En Antonio e Antonio, se cuecen las mejores, además de ofrecer las mejores vistas y el encanto natural del sitio frente al mar. Una carta con más de 40 tipos de pizza distintos, pero entre todas ella la que destaca, su obra maestra es la Pizza Vesubio, hecha a base del mejor producto italiano: Tomate piennolo, mozarella di bufala de Campaña, queso Parmigiano Reggiano de 24 meses, aceite orgánico y albahaca cultivada en la red subterránea que recorre toda la ciudad.

No sé si los helados nacieron en Italia, pero es cierto que la pasión con que los italianos salen a la calle en busca del helado más cremoso, les ha hecho merecedores de una fama que sin duda obedece a la realidad. En Mennella, se pueden disfrutar de unos helados absolutamente deliciosos. Pida el suyo y saboreelo paseando por el incomparable paseo marítimo de la Via Partenope. Para cenar hágalo como un napolitano más. En el barrio de San Pascuale, decenas de terrazas cuyas mesas de manteles a cuadros rojos y blancos están pensadas para los propios vecinos que bajan a cenar en las trattorias.

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