Muchos triunfos y buenos toros, pero pocas faenas para el recuerdo

  • Paco Aguado.

Paco Aguado.

Pamplona, 15 jul.- Seis salidas a hombros por la llamada Puerta del encierro, veintidós orejas cortadas entre matadores, rejoneadores y novilleros y una buena cantidad de astados de triunfo deja el balance final de los sanfermines de 2014, que, sin embargo, tuvieron pocas faenas para el recuerdo.

En la también llamada Feria del Toro hubo precisamente eso, buenos toros, todos pertenecientes al por muchos denostado encaste Domecq, cuya representación, también dominante aquí, estuvo a un nivel muy superior que el del resto de estirpes anunciadas.

Más allá de su comportamiento en los encierros, que es cuestión secundaria en cuanto a bravura, entre todas las corridas destacó sobremanera la de Victoriano del Río, lidiada el 9 de julio, que se llevó los premios más importantes en liza y a cuyo toro Español se le dio merecidamente la vuelta al ruedo en el arrastre.

A muy buena altura, y con la exigencia añadida del exceso de trapío, también estuvieron las divisas de Jandilla y Domingo Hernández, mientras que Fuente Ymbro soltó también al ruedo pamplonés algún toro de triunfo, a pesar de su medida raza.

Las grandes decepciones ganaderas, en una feria donde el toro serio y cornalón es el principal protagonista, fueron los feos y mansos Atanasios de Dolores Aguirre, los pésimos Albaserradas de Adolfo Martín y la vulgar corrida de Miura que cerró el abono.

Sólo los enclasados "murubes" del Niño de la Capea, aunque en la corrida de rejones, defendieron el orgullo de los encastes minoritarios, en un ruedo donde los toros justos de raza acusan más de la cuenta las consecuencias y querencias del encierro.

En este contexto, pero sobre todo en un arbitrario entorno festivo y con un muy dispar criterio presidencial -cada día sube al palco un concejal de distinto signo-, este año hubo en Pamplona muchos triunfos de poco peso y orejas de muy generosa concesión.

Numéricamente, con cuatro orejas en dos tardes, el diestro triunfador del abono fue el vasco Iván Fandiño, alegremente premiado con los toros de Victoriano del Río.

Pero la actuación más contundente la protagonizó dos días después Miguel Ángel Perera, que se impuso con su ya habitual autoridad a la corrida de Jandilla y que mereció mayor recompensa tras su gran faena al quinto.

Los otros dos matadores que lograron salir a hombros hacia la calle Estafeta fueron el Juli, que resolvió con su largo oficio ante toros de poca chicha, y Juan José Padilla, que se llevó dos orejas en su segunda actuación, más por su absoluta conexión con el público pamplonés, y en especial con las peñas, que por los méritos en el ruedo.

También hubo orejas sueltas pero valiosas para Miguel Abellán, que toreó la de Torrestrella con una lesión de abductores, y para el colombiano Luis Bolívar, tesonero y heroico con un Miura que le tuvo a su merced en la suerte suprema.

Pero, con otra oreja en su haber, la gran revelación ha sido la del sevillano Pepe Moral, que acaba de salir de un largo ostracismo y que, sustituyendo a David Mora con los Fuenteymbros, plasmó varios de los mejores muletazos que se han visto este año en la Monumental de Iruña.

Ya sin trofeos contantes, Daniel Luque, Paulita, Jiménez Fortes, Diego Urdiales, Manuel Escribano, Alberto Aguilar o Esaú Fernández hicieron esfuerzos poco lucidos, mientras que algunas figuras, como Sebastián Castella y Alejandro Talavante, estuvieron por debajo de lo esperado.

Aparte de las corridas de toros, en la novillada se vivió un resonante y rotundo triunfo del sevillano Borja Jiménez, que tuvo que matar tres utreros por percance de Posada de Maravillas, justo un día antes de que el navarro Roberto Armendáriz también saliera a hombros en la corrida de rejones.

Pero a caballo, y a una diferencia abismal, la mejor faena la firmó el estellés Pablo Hermoso de Mendoza, que paradójicamente se quedó sin premio en una plaza donde fue él quien introdujo el toreo ecuestre.

Y más allá de los resultados, contando con llenos todas las tardes y una taquilla saneada, pagando espléndidamente a toreros y ganaderos y manejándose al margen de los intereses creados, la Casa de Misericordia ha cerrado un año más unos sanfermines de modélica organización.

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