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Apio, una hortaliza de temporada perfecta para enfrentarse a la báscula

Diurético y regulador, consumido crudo o cocido, este aliado vegetal no debe faltar en una dieta enfocada a perder peso.

Un licuado de verduras y frutas verdes
Un licuado de verduras y frutas verdes

Ahora que la primavera empieza a alterar nuestra sangre y la meta del verano está más cerca es hora de ponernos frente al armario. Cambios de ropa y primeras intentonas hacia esta trinchera, poblada de lanas y algodones, forman parte de las escaramuzas con las que debemos enfrentarnos al temido pero deseado buen tiempo.

Nos hemos pasado durante el otoño y el invierno, por regla general, postergando el juicio de la báscula –Navidad mediante- y arriesgándonos ahora a que haya alguna sorpresa al alza en nuestro pesaje. No nos vamos a poner dramáticos porque tenemos tiempo de sobra para corregirlo antes de lucir palmito veraniego pero sí hay que buscar remedio.

El primero de ellos pasa, inevitablemente, por la cocina y es que es imposible afinar la cintura si uno no se toma en serio lo que sucede entre fogones y encimeras. Por eso consagramos al apio como remedio saludable para pelearle a los michelines su cuota de protagonismo en los selfies estivales.

Denostada por considerarlo difícil de incluir en nuestro recetario, el apio es una de esas verduras que realmente no sabemos muy bien cómo incorporar de una forma sabrosa en la dieta pero que, bien interpretada, puede ser tan rica como saludable y sobre todo, barata.

Ya los romanos y los griegos conocían sus propiedades diuréticas. Tanto es así que Hipócrates, uno de los más célebres médicos de la Antigüedad, ya lo tenía como un básico en la farmacopea clásica por estas características. De intenso olor y sabor, el apio es una hortaliza de orígenes mediterráneos, que además tuvo una fuerte presencia en los ritos funerarios egipcios, donde se usaba para aromatizar sepulcros.

De aquel uso ritual no queda demasiada constancia y no la hemos adaptado para los tiempos modernos, todo lo contrario que sus usos gastronómicos, que se popularizaron a partir del siglo XVIII por toda Italia y de ahí saltarían al Nuevo Mundo, conquistando nuevas cocinas en las que se podía utilizar tanto tallo como hojas para aromatizar cualquier tipo de guiso, aunque son los británicos los mayores consumidores de este tallo ligeramente amargo y de sus hojas, que desecadas se utilizan como sazonador junto a la sal o la pimienta.

Tallos de apio partidos y desprovistos de sus hojas
Tallos de apio partidos y desprovistos de sus hojas

Presente desde tiempos inmemoriales en estofados y sofritos, el apio no sólo aporta sabor a los fondos, sino que puede ser mucho más útil si lo consumimos crudos –no en grandes cantidades porque puede ser algo indigesto- o ligeramente cocido, a modo de guarnición o situándolo dentro de los entremeses de cualquier comida. Conocido por aportar muy pocas calorías por cada 100 gramos de productos, el apio es uno de esos alimentos que no deben faltar en el día a día si se quiere bajar de peso o si tenemos problemas de retención de líquidos.

Aunque de aportación nutricional algo escasa –no esperes milagros vitaminados con él- sí encontramos en sus hojas y tallo el apiol, un aceite esencial que es responsable de las propiedades diuréticas de la planta. Presente tanto en las variedades verdes como las amarillas –siendo éstas menos frecuentes en nuestro país, aunque algo más sabrosas-. Más allá del sabor, lo que también nos importa del apio es su relevancia como nutriente, siendo más rico en minerales que en vitaminas, como puede ser el potasio, con cerca de 300 mg, o los 100 mg de sodio que encontramos en 100 gramos de producto total.

Utilizado como crudités, al estilo del picoteo, acompañado de hummus o de baba ganush –una crema de berenjena, típica de Oriente Medio-, el apio puede combinarse con otras verduras en crudo como la zanahoria o el pepino para crear entrantes saciantes y refrescantes. Otra de sus opciones, al consumirse cocido, es cocinarlo entero y trocearlo para servirlo sobre ensaladas o pastas, a las que realzará su sabor con el toque crujiente y ligeramente amargo de sus tallos y que puede ser acompañado de un chorrito de aceite de oliva.

Otra solución, muy de moda y perfecta para consumir en cualquier momento del día, es licuarlo junto a otras verduras de color verde como la col, la manzana, la acelga o la espinaca, que forman parte de los mal llamados zumos détox –puesto que su componente desintoxicador no está demostrado científicamente-, lo que no quita que sigan siendo una buena forma de consumir vitaminas y nutrientes con rapidez y mucho frescor. Para darles un extra de sabor, si no te llama demasiado la atención la mezcla, puedes recurrir a especias como la pimienta, a un poco de sal, o a algunas salsas como la Worcestershire o el tabasco para aportarles una pizca de gracia.

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