Sublimotion, el restaurante más caro del mundo donde se mezcla gastronomía y tecnología

    • En su diseño colaboraron cocineros, diseñadores, ingenieros, ilusionistas, escenógrafos, arquitectos, coreógrafos y guionistas.
    • Tiene espacio para el humor, el placer, el miedo, la reflexión y la nostalgia.

Un restaurante en el que hay una sola mesa para 12 comensales. En el que la comida es tan importante como el espectáculo y la experiencia, y en el que un menú degustación cuesta 1.500 euros por comensal. Así es el Sublimotion, el restaurante del chef español Paco Roncero en Ibiza, también conocido como el restaurante más caro del mundo... y en el que los concursantes de MasterChef (La 1) compitieron en la final del programa.

'Comida con espectáculo' se ofrece en muchos lugares, pero no 'espectáculos gastronómicos' como éste. Un 'show' en el que el chef con dos estrellas Michelín y tres soles en la Guía Repsol estuvo trabajando más de dos años, justo antes de la apertura de su restaurante en 2014.

Desde 2012, el chef colaboró con un grupo de profesionales de diferentes sectores: cocineros, diseñadores, ingenieros, ilusionistas, escenógrafos, arquitectos, coreógrafos y guionistas. La unión de todos ellos consiguió 'fusionar la alta gastronomía y la tecnología más vanguardista con una puesta en escena sin precedentes', tal y como describen desde el propio restaurante.

El resultado de todo esto es 'un espectáculo creado para emocionar los cinco sentidos, un viaje experiencial diferente a cualquier cosa que haya vivido antes', en el que 12 únicos comensales comparten una mesa con menú degustación servido por 25 profesionales durante tres horas de duración.

El secreto está en su única estancia, que mediante avanzados sistemas tecnológicos permite generar atmósferas cromáticas, controlar la temperatura y humedad de la sala, y aromatizar el ambiente bajo el manto de una secuencia musical especialmente diseñada para la ocasión.

Momentos para el humor, el placer, el miedo, la reflexión y la nostalgia. Los comensales que pueden permitírselo viajan en un mundo de sensaciones desde el Polo Norte donde degustan un frío snack que ellos mismos tallan en su propio iceberg hasta el más barroco Versalles, donde la sutileza y elegancia de una rosa se funde en sus paladares.

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