Luce aún más bonita en otoño

Córdoba, la ciudad de los patios, las flores, los naranjos y las palmeras

Exhibe orgullosa su historia, cargada de vestigios como el puente que une ambas orillas del Guadalquivir y las norias que regaban la huerta.

La ciudad andaluza, una de las joyas de España
La ciudad andaluza, una de las joyas de España / Pixabay

Córdoba en un tiempo imperial se mantiene hoy a la sombra de Sevilla y de Granada, pero exhibe orgullosa una historia cargada de vestigios como el puente romano que une ambas orillas del Guadalquivir y las norias que un día regaban la huerta de la ciudad. La monumentalidad árabe que refleja su belleza serena en la Catedral; la intrincada judería y el alma flamenca versada por Cervantes en su obra cumbre, El Quijote. Cada primavera, Córdoba se viste de luces para mostrar sus patios mudéjares, auténticos jardines minimalistas que expresan toda la belleza popular en los geranios en flor de cada uno de sus cientos de tiestos.

A la ciudad de naranjos y palmeras, de pequeñas plazas y de fuentes que tintinean, uno debe acercarse desde la otra orilla del río y atravesar el puente romano, de sólidos pilares. Pasar bajo la puerta del Triunfo para llegar a la inmensa Catedral. Asombrosa la callejuela del pañuelo que muere en una diminuta plazuela con su fuente que es todo un compendio urbanístico. De la céntrica Plaza de las Tendillas a la del Potro y de la Calleja de Las Flores a pasear la Judería y admirar una de las tres sinagogas medievales de España. En la judería nació Maimonides un sabio medieval que luce su estatua en la Plaza de Tiberiades.

Frente a la Ruta de los Patios que abren en primavera la del barrio de San Basilio, menos audaces pero tranquilos y serenos permanecen abiertos todo el año. Vecinos más accesibles con los que charlar y entender que plantas crecen mejor y que cuidados requieren. El Palacio de Viana luce patios formidables todo el año. En la judería se mantienen unos antiguos baños árabes Hamman, para disfrutar de un baño relajante. De ahí y ya de noche, hay que visitar la Plaza de los Capuchinos para admirar unos y rendir devoción otros al Cristo iluminado por las luces de los Faroles.

El Patio de los Naranjos, es la antesala que da acceso a la Catedral que ha conocido tres plantas, la original y visigoda, dedicada a San Vicente; la más conocida, obra del califato y que fue la responsable de sus actuales dimensiones y el espectacular bosque de columnas que sostienen los arcos de herradura policromados en el característico rojo y blanco que todo el mundo conoce. Posteriormente y consagrada de nuevo, luce un espectacular retablo y un inmenso Coro revestido en piedra de mármol negro.

En el Bar Santos se sirve uno de los mejores pinchos de tortilla de la ciudad. Garum 2.1, es la versión actualizada de la gastronomía ancestral y en la que probar excelentes croquetas de calamar y vino de la tierra, un buen salmorejo, la versión mejorada del gazpacho y un Montilla Moriles. Jamón de los Pedroches, la otra gran joya gastronómica cordobesa. En la bodega San Basilio, se puede disfrutar de medias raciones de jamón y de un buen rabo de toro, que ha sido premiado en alguna ocasión como el mejor de la ciudad.

Para comer en un escenario singular, acorde con el paisaje cordobés, el patio del Palacio Basilio (hotel Hospes), cuyo comedor se sostiene ingrávido sobre una cristalera que deja ver los vestigios de la casa romana sobre la que se levantó. Aquí se ofrece una cocina asentada sobre la tradición de ingredientes y productos tradicionales que versionan en platos que miran al futuro. Un salmorejo con polvo helado de tomate y un buen guiso de rabo de toro aderezado con toda la chispa que un chile thai picante es capaz. Ello induce a resaltar la terneza y gusto de la carne. Una buena tarta de queso con un punto de yuzu pone un toque fresco para acabar.

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