Una nueva forma de disfrutar el vino

Enoturismo submarino: 5 bodegas para visitar con traje de neopreno

La tierra se queda pequeña. Existen bodegas que envejecen sus vinos en las profundidades oceánicas y que organizan bautizos de buceo para visitarlas

Ahora, las bodegas, también se exploran bajo el mar.
Ahora, las bodegas, también se exploran bajo el mar.

El enoturismo submarino es un concepto relativamente nuevo. Sin embargo, la práctica de envejecer los vinos en el fondo del mar viene de lejos. La historia empieza con esos viejos barcos hundidos en alta mar y las botellas encontradas en sus bodegas inundadas. Con experiencias fortuitas que han demostrado que el mar ofrece unas condiciones excepcionales para la evolución del líquido en la botella. Los que envejecen en las profundidades del océano no son ni mejores ni peores vinos, pero sí poseen características singulares muy valoradas por enólogos y sumilleres, que tienen que ver en gran medida con la graduación alcohólica y la salinidad.

"Tres meses de crianza sobre lecho marino equivalen a 7 u 8 años de añejamiento en una bodega tradicional", aseguran los responsables de la bodega valenciana Vina Maris, pionera en envejecimiento submarino en España junto a Crusoe Treasure en Vizcaya. Amén de estas dos bodegas, hay viticultores que se aventuran a meter sus botellas en el mar, a ver qué pasa. Uno de los casos más famosos es el de Sketch, el albariño que el enfant terrible del vino, Raúl Pérez, envejece bajo las aguas de la Ría de Arousa en Pontevedra. O el Garum Submarino que cría Luis Pérez en ánforas sumergidas a 12 metros de profundidad en la costa de Cádiz.

Más allá de nuestras fronteras, la bodega italiana Bisson de Chiavari, próxima a Portofino, envejece sus vinos durante 13 meses bajo el mar, muy cerca de la costa de Génova. En Francia, Chateau Larrivet-Haut-Brion tiene sumergido un barril de 56 litros de su cosecha 2009 en la costa atlántica de Cap Ferret. Y al otro lado del charco, Mira Winery cría su Napa Cabernet 2009 en la bahía californiana de Charleston. Las botellas envejecen en este puerto de Carolina del Sur durante 90 días y salen al mercado un precio de 1000$ (763€).

Para probar estos vinos custodiados por Neptuno no hace falta ponerse el traje de neopreno, pero si estás pensando en organizar una escapada de enoturismo aventurero, toma nota de estas cinco bodegas submarinas cuya visita es toda una experiencia.

Vinos Tendal (La Palma)

Desde 2007, esta bodega canaria investiga la manera de envejecer vino sin utilizar barricas de roble. Uno de los métodos alternativos es precisamente el de la crianza bajo el mar, aprovechando el medio natural y a pesar de las dificultades y peligros de esta técnica. Para ello se han asociado al Club de Submarinismo la Cueva Bonita, para poder visitar esta bodega en el fondo del mar y enlazar el mundo del vino con el del submarinismo. Los que se atrevan a calzarse las aletas podrán observar cómo duermen en el agua 1500 botellas de diferentes tipos de añadas.

Vina Maris (Calpe)

Una bodega que se puede visitar bajo el mar.
Una bodega que se puede visitar bajo el mar.

Vina Maris es todo un referente de las bodegas submarinas y la visita a sus vinos envejecidos en las profundidades del Mar Mediterráneo es la actividad enoturística más solicitada del momento. Se trata de la única bodega submarina de este mar y también es de las pocas que pueden visitarse en todo el mundo. Los más lanzados pueden realizar inmersiones con instructores y buzos especializados para conocer las instalaciones submarinas. Ubicada en la costa de Calpe (Alicante), esta singular bodega produce dos vinos de crianza submarina con marca propia y D.O. Alicante: Vina Maris Monastrell y Vina Maris Chardonnay. Unas 1.000 unidades sumergidas a 30 metros de profundidad en jaulas de acero marino y que alcanzan los 50€ por botella.

Crusoe Treasure (Vizcaya)

Afincada en la bahía de Pletzia (Vizcaya), la otra bodega española pionera en vinos submarinos es Crusoe Treasure. Sus investigaciones sobre la crianza bajo el mar empezaron en 2009 y desde entonces han desarrollado una gama de dos vinos, dos tintos que envejecen en barricas de roble antes de ser sumergidos en las aguas del Oceano Atlántico: CT Classic, con un año de crianza en roble y otro en jaulas marinas, y CT Passion, con seis meses en madera y un año de maduración en el mar. La bodega prefiere no revelar el origen de estos dos vinos tan singulares, quizás para mantener el misterio que rodea a este tipo de envejecimiento, pero el primero parece ser un clásico de Rioja y el segundo un vigoroso tempranillo castellano.

Bodega Submarina de Canarias (Tenerife)

Los vinos bajo el mar maduran antes.
Tres meses bajo el mar equivalen a 7 u 8 años de añejamiento en una bodega tradicional.

La preciosa ilustración de Vivo Volta etiqueta a Atlanticum, el vino submarino de Bodegas Ferrera que reposa en las profundidades del archipiélago atlántico durante 6 meses gracias a la Bodega Submarina de Canarias, una empresa que ofrece espacio a las bodegas de Canarias para envejecer sus vinos en unas condiciones de luz, humedad, temperatura, presión y gravedad imposibles de conseguir sobre el nivel del mar. Desde las faldas del Teide nacen también el vino de La Haya, a partir de ese sistema tan único de cordón trenzado que forma desde hace siglos el patrimonio paisajístico del Valle de La Orotava. Es otro de los vinos elaborados con pasión, esfuerzo y cariño, que emergen a superficie una vez cumplido con su periodo de guarda en esta singular bodega submarina.

Viña Casanueva (Chile)

El concepto de las cavas submarinas no es nuevo en Chile. Viña Casanueva es bodega instalada en las profundidades del Océano Pacífico, donde se produce un pinot noir submarino con matices únicos. Las botellas pasan entre dos y seis meses sumergidas en el mar, y aunque estos vinos pueden probarse en restaurantes de distintas localidades chilenas, la bodega ofrece la posibilidad de ir con un instructor de buceo a buscar nuestra propia botella al fondo del océano, para después bebérnosla en una de estas mesas y completar la experiencia.

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