Miércoles, 17.10.2018 - 03:40 h
Escapada

Ruta por los pueblos blancos de Málaga

Unos kilómetros hacia el norte el paisaje se transforma desde el azul del mar al color más parduzco de las tierras del interior.

Gaucin

Málaga es mucho más que playas. Unos kilómetros hacia el norte el paisaje se transforma desde el azul del mar al color más parduzco de las tierras del interior y las casas que encaladas lucen de un blanco primoroso. Al otro lado de Sierra Bermeja en una zona de suaves cerros y amables colinas, un puñado de los que llaman los pueblos blancos destacan en un paisaje único. Son pueblos construidos sobre ladrillos de adobe, cal y tejas que cierran la cubierta superior. Son pueblos que adornan las flores del jazmín, el rojo de los geranios y los morado de la buganvilla.

Son pueblos dominados por el silencio de sus calles y por las conversaciones animadas de sus mayores que se concentran en las plazas para comenzar tertulias que se repiten periódicamente y que mantienen discursos enrocados. Pueblos ventilados por la brisa de un mar no muy lejano se cuela entre las estrechas y empinadas calles refrescando los efectos de un sol que calienta los tejados de pizarra. Son olores yodados casi imperceptibles de un mar no muy lejano. Son colores blancos puros de fachadas encaladas que reflejan el sol

Casares

Circulando por una carretera tras doblar una curva, de la nada, aparece Casares. Apilados en una colina como una montaña de terrones de azúcar aparecen sus casas blancas, encaladas, dominadas por el castillo del siglo XII. La vieja muralla, conocida como la plana, se confunde con el barranco, auténtica defensa natural del sitio. Espectaculares vistas sobre el peñón, el mar y África velada por la neblina. Para comer en Casa Curro un menú por sólo diez euros y raciones muy abundantes.

Gaucín

Gaucín tiene duende y embrujo para haber cautivado a un grupo de artistas que eligieron la tranquilidad de su entorno blanco, como fuente y taller de inspiración. En sus alrededores, los ríos Guadiaro y Genal han convertido la naturaleza en un auténtico oasis de exuberante vegetación. Álamos, fresnos y sauces en sus riberas, naranjos por doquier y alcornoques, pinos y acebuches, arriba, en la sierra.
Para cenar el restaurante La Fuente. Muy buena comida y a buen precio, un sitio muy agradable.

Ronda

Ronda se levanta sobre un corte natural del terreno, sobre un tajo vertical socavado por el río Guadalevín que parece que suspende las casas de fachadas blancas en un equilibrio frágil que parece puede romperse en cualquier momento. Las murallas encierran la ciudad, los patios mudéjares enriquecen el interior de cada casa. Los baños árabes construidos en el Siglo XIII son los mejores conservados de la zona. La plaza de toros es la más antigua de España. Para comer recomendamos el restaurante Almocabar, sin duda el mejor de la ciudad. Se come bien y de verdad. Su dueño y chef, Manolo, sigue atendiendo a sus clientes tan bien como cocina. En la calle Virgen de los Remedios, cerca del tajo y del puente nuevo y en el bar El Lechuguita, tapas a buen precio.

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