Escapada

Salvador de Bahía o melhor carnaval do mundo

La percusión de Candeal, esa especie de escuela de vida creada por Carlinhos Brown perfora el cerebro para sonar dentro de tí hasta la extenuación.

Salvador Bahía

Los carnavales son la fiesta de la carne y de la diversión, desvestidos del pudor que nos mantiene sobrios el resto del año, olvidamos los convencionalismos sociales, y los disfraces y las máscaras muestran nuestro lado más lúdico. Transgresión sin rubor, diversión sin descanso, excesos al ritmo de la música y de los ritmos pegadizos, bailes sensuales y seductores, todo eso es el carnaval; y su máxima expresión el maior e melhor carnaval do mundo: Salvador de Bahía.

Los tríos, esos enormes tráilers sobre los que artistas de percusión hacen sonar y retumbar sus instrumentos a ritmos electrizantes y frenéticos haciendo bailar a más de dos millones de personas que, entregados como en una especie de ceremonia de candomble, mueven sus cuerpos acompasados al compás de ritmos pegadizos. La percusión de Candeal, esa especie de escuela de vida creada por Carlinhos Brown perfora el cerebro para sonar dentro de tí hasta la extenuación. Desde el atardecer hasta que el sol vuelve a nacer, doce horas de baile enloquecedor que difícilmente puede aguantar alguien no nacido en esta tierra.

Es la alegría que contagian sus gentes. Unos visten eternas sonrisas de marfil y cuerpos de ébano esculpidos por una genética sobresaliente, otros esconden sin complejos sus curvas en inmaculados vestidos blancos bahianos. Besos espontáneos que despiertan el deseo; cervezas con las que brindar por una amistad apenas nacida y que promete ser eterna; bailes que muestran la bendita locura que ocultamos el resto del año; risas que remarcan el lado hedonista de nuestras vidas; nada es importante más allá del sonido de la percusión de los chicos de Candeal.

Eso sí, el carnaval tiene diversos ritmos e intensidades. Desde los recintos ordenados de los camarotes, más caros y aburridos a ser un pipoca más. En medio de una inmensa marea que como un tsunami va arrasando con su ritmo y alegría, apenas queda espacio para mover el cuerpo. Obligado por la masa sólo puedes acomodar tu cuerpo, el ritmo y los saltos al del resto del grupo. Consigue tu Abada, la camiseta que te da derecho a participar del desfile, como uno más del bloco, las comparsas que una tras otras, inundas las calles de Bahía.

Las batucadas resuenan con toda una intensidad inusitada, como si el sonido de los tambores tuvieran que alejar con su rítmico retumbar las sombras que ocultan la diversión y el desenfreno del resto del año. El arte natural de esta gente mezcla el golpeo incesante del tambor con los pitos de los silbatos que marcan la inflexión que te obliga a pasártelo bien.

Salvador de Bahía es una ciudad con un cierto aire espiritual, que se desprende de sus iglesias católicas, como la del Bon Fin, las prácticas ancestrales que conectan al hombre con diosas legendarias africanas; el candomble y las funerarias que muestran sus ataúdes en un espectáculo un punto tétrico.

En el barrio del Pelourihno, las calles mantienen el pavimento que un día pisaron los esclavos que se vendían en la Plaza del Mercado; las casas pintadas de alegres colores pastel desprenden el encanto y la alegría que muestran sus gentes. Bebe caipiroscas. Borracharia es uno de los mejores locales de copas. Para comer Aconchego da Zuzú. Para dormir el hotel Villa Bahía y para conocer mejor la ciudad lee a Jorge Amado.

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