Miércoles, 20.02.2019 - 23:42 h
A 15 minutos de la frontera con España

Una escapada ‘foodie’ a San Juan de Luz, el mágico encanto del suroeste francés

Un pueblo de tradición ballenera que, además de su belleza y su calma, acoge algunos de los mejores restaurantes de Francia.

San Juan de Luz
San Juan de Luz / Pixabay

San Juan de Luz es uno de los pueblos con más encanto de todo el suroeste francés. A quince minutos de la frontera, este antiguo pueblo de balleneros y corsarios se dibuja alrededor de una bahía bien delimitada en forma de media luna, que domina el arenal que forma la ‘grande plage’. Hoy, los barcos de pesca esperan fondeados las mareas que les conduzcan en busca de buena pesca han sustituido las viejas traineras de arponeros que a golpe de remo perseguían ballenas para asegurar el sustento de sus habitantes. Casonas típicamente vascas cuyas vigas de madera se pintan del reivindicativo color rojo y verde.

Durante el verano es recomendable quedarse a dormir en San Juan, para así esperar la caída de la tarde y con ella ver como se vacían las calles de la multitud que ha llegado a pasar el día. Sólo entonces se descubre una villa tranquila y relajada que rezuma encanto y cuya arquitectura vasca tradicional y popular de fachadas blancas de las que cuelgan pimientos a secar mantiene su esencia. Para comenzar el día nada como acercarse el mercado de Halles, donde observar excelentes puestos de pescado, otros más originales en los que venden carne magra de caballo y, muy buenos quesos de oveja. Los viernes, los granjeros acuden a vender los productos de su huerta.

En San Juan se encuentra una de las mejores confiterías del mundo donde entre otras elaboraciones se preparan unas mermeladas exquisitas. En la Maison Francis Miot, que han obtenido durante varios años consecutivos la distinción como mejor repostería del mundo, se pueden adquirir mermeladas de un sinfín de sabores. En la misma línea ‘gourmet’ se puede y se debe dar una vuelta por la Belle Eloise, una tienda de conservas de pescado artesanas que hacen en la zona. Si el hambre aprieta nada como volver sobre sus pasos para tomar un aperitivo en Buvete de Halles, un bar con terraza en el exterior del Mercado. Buenos mejillones y sardinas con una botella de blanco.

Un buen lugar para probar la mejor restauración de la zona puede ser Zoko Moko, que significa lugar apartado en vasco. Remy un chef amante de la buena cocina y el surf, ha logrado una estrella Michelin para el establecimiento, haciendo una cocina de raíces pero cuya seña más característica es la libertad con la que se mueve Remy para proponer platos en los que sólo tienen cabida los mejores productos de la zona, pero que propone en combinaciones con mucha armonía y a precios muy ajustados para un local de esta categoría. Los menús a mediodía son accesibles para cualquiera a sólo 26€, mientras que de noche sirve uno más completo y ambicioso por 45€.

Para cenar Kaiku, un local con estrella Michelin situado en el corazón de San Juan, en un singular edificio del siglo XVI. Viejas vigas de madera cruzan la sala, un gran arco de piedra separa las dos estancias con una iluminación suave y cálida, y las mesas se disponen amplias y cómodas y se visten con finos manteles de lino blanco. Nicolás es un chef que hace una cocina elegante de autor. Da a sus platos un punto de cocción perfecto manteniendo toda la esencia y la frescura. Espárragos tibios, carnosos y espléndidos; cigalas en emulsión de coco y lima; una lasaña de cordero, sabrosa y potente; buenas verduras de temporada; un teriyaki de lomo o unas manitas de cerdo vasco. Los postres rinden homenaje a la alta repostería francesa, con el Luis XIV, una suave mousse de chocolate crujiente.

Para descansar nada como el hotel La Deviniere, un pequeño establecimiento con mucho encanto y que se encuentra en el corazón peatonal de la villa muy cerca de la playa grande. El salón que da a al bucólico jardín enciende su chimenea cuando comienzan a llegar los días más frescos del otoño. La recepción decorada con pequeños objetos de arte y libros antiguos reciben al visitante. Sus habitaciones están decoradas con mucho estilo, son elegantes, casi sofisticadas. Cada una de ellas cuenta con un pequeño balcón que se asoma sobre el campanario de la iglesia, más allá del precioso jardín.

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