Miércoles, 14.11.2018 - 13:14 h
Viajes

Tiempo de vendimia: cinco escapadas a viñedos para vivir la experiencia

Dicen que el otoño es la estación más triste del año. Aunque para los amantes del vino es la mejor época. ¡Empieza la vendimia!

Vendimia
Las uvas de otoño llenan los paisajes/ Pixabay

En octubre toca volver al cole, los días son más cortos y empieza a hacer frío. Sin embargo, es este mes cuando los viñedos se llenan de racimos en perfecto estado de maduración, y eso sólo significa una cosa: vino. Nos ponemos el cesto bajo el brazo para dirigirnos a algunas de las bodegas que estos días ofrecen actividades de enoturismo divertidas y didácticas que implican pisar el terruño para recoger la uva.

Con bota y porrón

El nacimiento de una nueva añada puede ser una buena excusa para hacer una escapada diferente a la Ribera del Duero. La ‘jornada VIP’ en la vendimia de Pradorey es un viaje sensorial para toda la familia que permite disfrutar del vino, la gastronomía y la desconexión en un paraje natural lleno de historia. La idea es pasar un buen rato aprendiendo sobre la labor milenaria de la elaboración del vino, desde el cultivo de la vid hasta la recolección y el embotellado.

Se recoge la uva, se participa en el despalillado, se pisa como antaño y se cata el mosto antes del merecido descanso, que ser vendimiador es muy duro. A media mañana, después de sudar la camiseta, llega la hora del almuerzo en los jardines de la bodega. Un aperitivo previo a la visita y cata de vinos en el que no falta la tradición de beber del porrón y la bota, y que da paso a una comida típicamente castellana en el comedor de La Posada.

Cuando vendimiar es un lujo

Esta es la propuesta de Abadía Retuerta para la primera quincena de octubre. Convertidos en vendimiadores por un día, los huéspedes del hotel y los curiosos que acudan a esta finca histórica del Duero en temporada de vendimia pueden conocer el proceso de elaboración de un vino de principio a fin. Desde la recogida a mano y la selección de los racimos a la elaboración artesanal de los primeros mostos, es decir, el prensado tradicional, de la mano del enólogo Ángel Anocíbar y su equipo.

La inmersión en el corazón de esta abadía románica de 700 hectáreas, de las cuales 180 corresponden a viñedos, es un must para todo aficionado al vino. En las inmediaciones del exquisito hotel-bodega que es Abadía Retuerta LeDomaine puede hacerse de todo. Desde un paseo a pie, en bici o a caballo por el campo para pisar el terroir y disfrutar del paisaje, la flora y fauna, hasta cenar en antiguo Refectorio, ahora un restaurante con estrella Michelin, después de acabar la jornada de vendimia en un spa sostenible instalado bajo las antiguas caballerizas del templo guiados por un ‘Spa Sommelier’.

Pisar la uva como antes

El pisado de la uva a la manera tradicional es la estrella de las jornadas de vendimia en Cepa 21, que se celebran hasta el 15 de octubre en esta moderna bodega de la familia Emilio Moro cuyo Taller de Vendimia es una de las actividades más solicitadas desde hace seis años. La razón es simple. Se trata de una jornada divertidísima de la que no sólo disfrutan los mayores catando vinos, sino también los más pequeños, haciendo lo propio con gominolas.

La experiencia comienza con una visita a uno de sus viñedos más especiales, el Horcajo, ubicado en la zona de transición entre la vega y el páramo, y que da vida al vino de edición limitada más popular de la bodega. Aquí, el equipo de Cepa 21 muestra cómo saber cuándo la uva está madura y lista para ser recolectada, se comprueba su calidad y se enseña cómo vendimiar la cepa a mano. Después, a pisar la como lo hacían los primeros viticultores de la Ribera del Duero. Realizar todos y cada uno de los pasos es la mejor manera de valorar lo que se catará más tarde: la excepcional añada de 2015.

Fin de semana en la casona

“La vendimia es el momento más importante en la vida de una bodega porque en un tiempo relativamente corto vamos a cosechar nuestros viñedos y a vinificar la uva. En cuestión de días se define gran parte de la calidad y el carácter de nuestros vinos”, explica Julien Schell, de Arínzano. La bodega navarra se llena de vida estos días e invita al visitante a ser testigo de esta exaltación de felicidad durante todas las etapas de la producción, cosecha, vinificación y crianza de sus vinos.

Se trata de entender el profundo vínculo que une cada paso en el largo camino que se recorre cada año desde el viñedo hasta la botella. Catar la uva, catar el vino en proceso de fermentación y catar de barrica se convierten estos días en el eje central de todas las visitas a Propiedad de Arínzano, pues para esta hacienda la vendimia es un tiempo de comunión entre la naturaleza y el trabajo humano, y eso sólo se sabe experimentándolo. El paisaje, que se embellece aún más con los colores del otoño, y la propia bodega, diseñada por Rafael Moneo, harán que más de uno decida quedarse a dormir.

En bici entre las viñas

Los amantes de las experiencias enológicas tienen una cita en Finca Villacreces, donde se han propuesto compartir la vendimia de 2018 de una manera no apta para aburridos. Recorrer los viñedos recogiendo una pequeña muestra de uvas de las diferentes parcelas, realizar una cata de las variedades del lugar para entender y diferenciar sus características organolépticas, estrujar las uvas para obtener el mosto y analizar su grado de azúcar y su nivel de maduración con la ayuda de un refractómetro, como auténticos viticultores, es sólo la primera parte de la aventura.

Antes de probar los vinos que esas uvas recolectadas darán lugar en el futuro en un picnic al aire con productos de la región y el AOVE elaborado por la bodega, hay muchas cosas que hacer. Como por ejemplo dar un paseo en bici eléctrica por el viñedo para disfrutar y respirar el alma de la finca, asentada sobre un meandro del río en la Milla de Oro de la Ribera del Duero, entre pinos centenarios, pequeños estanques y un marco natural privilegiado que aumenta su atractivo en otoño.

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