Martes, 18.02.2020 - 11:29 h
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China, retrato del país que (casi) domina el mundo

Un recorrido por el país asiático de la mano del arquitecto y escenógrafo Italo Rota. Desde Beijing, Shanghái y Hong Kong hasta Taiwán.

China

“El coleccionista posee una característica preciosa: la capacidad de maravillarse del mundo y de sus objetos, de intuir su potencia evocativa, de entusiasmarse por su descubrimiento, de establecer nexos entre las grandes obras maestras y las pequeñas cosas que constituyen el contexto histórico, dando una imagen más completa de la cultura del pasado”. Lo escribía el filósofo, crítico y ensayista alemán Walter Benjamin (1892-1940). Pero lo cierto es el responsable de una exposición o de un museo quien puede elaborar una interpretación de las colecciones para que los demás puedan disfrutar de ellas. Es él el verdadero director silencioso de la divulgación masiva del arte y de la reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro.

Así pues, desde hace más de 30 años, el arquitecto y escenógrafo Italo Rota (Milán, 1953), graduado por la Universidad Politécnica de Milán, presta su contribución cultural a la contemporaneidad con obras museísticas como el montaje del Museo d’Orsay de París, realizado en colaboración con Gae Aulenti a principios de los años 80, los edificios del Centro de Estudios Avanzados de la Columbia University, en Nueva York, o del Museo del Novecento de Milán, que representó el primer proyecto del renacimiento de la ciudad lombarda en relación con la Expo 2015.

Italo Rota
Italo Rota .

Italo Rota es un explorador de la modernidad. A través de su visión, a veces algo irracional pero siempre asombrosamente creativa, nos acompaña a descubrir China, entre sus bellezas y sus contradicciones, un país que él lleva visitando desde los años 80 y que nos muestra ahora, como si de un comisario de exposición se tratara, con una visión tan particular como enriquecedora. Un viaje inédito que parte de la unicidad de Beijing, pasando por Shanghái y Hong Kong, con etapa en Taiwán, para descubrir, entre otras muchas cosas, que lo tesoros chinos no se encuentran en China.

¿Cómo ha cambiado China desde los años 80?

En algunas ciudades, como París, la mutación ha sido lenta; se han ido añadiendo partes, pero nada ha cambiado de forma sustancial. Beijing, sin embargo, es irreconocible: es otra ciudad.

¿Y la gente que la habita?

También ha cambiado radicalmente. Antes se vestían todos de la misma manera. En la calles se veían solo variaciones de un mismo color. Hoy en día los chinos han creado su propia identidad a través de la forma de vestir. Es casi una obsesión, expresada en una infinita combinación de indumentarias que crean un verdadero paisaje textil.

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A la Izquierda, edificio de viviendas en la Kowlookn Walled City, en Hong Kong, derribada en 1992. A la derecha, multitud de personas pasean por las calles de Pekín. 


¿Se puede hablar de una ciudad estratificada?

Es un cambio más radical y en ciertos aspectos hasta traumático. Beijing no se puede definir ni como una metrópolis ni como una megalópolis: es una ciudad infinita, en la que ya no hay ni dentro ni fuera. Una ciudad-región tan extensa que llega hasta la Muralla China. Los limites urbanos son imperceptibles porque siempre se está dentro, y por tanto el resto del mundo parece estar lejísimos. Puede que esta sea una de las razones por la que los chinos siempre se han sentido poco responsables hacia el planeta.

¿Cuál es el rasgo más marcado que define esta ciudad?

La larga calle que la atraviesa es un rasgo inolvidable, con los edificios alineados sin poder encontrar paz, en el sentido de que no consiguen construir espacios. Pero son también los ambientes interiores que conforman esta ciudad. En la ciudad imperial, por ejemplo, se articulan filas de casas que desde hace 500 años acogen a la clase política y cuentan como la ritualidad del poder ha permanecido inmutada. Un hecho que ha preservado su uso más que su arquitectura.

¿Diría que la ciudad de Beijing se está reinventando?

Sí, hay muchas cosas que hacen pensar eso, aunque es demasiado pronto para decir cuál será la imagen final. Puede que la ciudad esté intentando cumplir el deseo de Deng XiaoPing (1904-1977), pionero de la reforma económica del país y artífice del socialismo chino: él pensaba que en China todos tenían que llegar a ser ricos.

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A la izda., el rascacielos que acoge la sede de la Televisión Central en China, proyectado por el arquitecto Reem Hoohlas. A su lado, el pabellón chino en Shangái.

¿La arquitectura está cumpliendo su papel en la China contemporánea?

En algunos casos las intervenciones arquitectónicas han sido negativas, como la de Albert Speer Junior para la Olimpiadas, que podemos considerar un lapsus urbanístico. Ahora, de hecho, los estadios y las piscinas no se están utilizando, porque el deporte no representa una prioridad en la vida de los chinos. El área de los rascacielos de la comunicación, sin embargo, es muy interesante. Se trata de tres edificios de épocas y estilos diferentes que se confrontan acogiendo sendas formas de poder mediático: el público, el privado y el local. Esta continua mezcla es típica de Beijing.

¿Y Shanghái?

Shanghái es un ciudad reciente, y es interesante ver como eventos de calado mundial como los Juegos Olímpicos (celebrados en 2008) o la Expo (en 2010) no han dejado mucho en la imaginación colectiva. De la Expo solo ha quedado el pabellón chino, una gigantesca tabla roja que domina la ciudad.

¿Y fuera de Shanghái?

El territorio que ciñe la ciudad es también interesante. A una hora de tren está Hangzhou, con su gran lago. Es otra ciudad, aunque ya ha sido prácticamente anexada. Más o menos es como si el centro de Shanghái estuviera en la periferia, porque en Hangzhou habitan personas mucho más chinas, que viven en casas tradicionales. Aquí hay más verde, mansiones sumergidas en bosques y campos donde se cultiva el té. De este apéndice de Shanghái ha empezado la reinvención del pasado reciente chino de finales de los años 800.

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Una de las muchas mujeres recolectoras en Hangzhou.

El arte de la caligrafía también representa un importante patrimonio cultural para los chinos.

Es su forma absoluta de arte: parece que casi toda su creatividad haya sido empleada en la escritura. Y es una escritura con un cierto misterioso, porque es inaccesible. Entre los objetos más caros están, precisamente, las caligrafías, que pueden llegar a costar más que las cerámicas antiguas. Cuando el último emperador chino huyó de Beijing llevó consigo una caligrafía como dinero contante. Lo cual significa que en esas letras se concentra todo. Con el tiempo se ha perdido un poco la relación entre la espada y el pincel, bien representada en las películas épicas chinas: el pincel del calígrafo, de hecho, se mueve como la espada.

¿Cuál es la cosa más espectacular que ha visto en Hong Kong?

La Kowloon Walled City, la ciudad más densamente poblada del mundo. Una ciudad en la ciudad, completamente autónoma de Hong Kong, también llamada The City of Darkness, que en los años 90 ha sido derribada. Hoy en su lugar hay un monumento que la recuerda.

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Una embarcación con las características velas rojas navega a los pies de los rascacielos de Hong Kong. 

¿Y qué tenía de extraordinario?

Que era una manzana de 200 metros por 150 en la que vivían 50.000 personas. Además de casas, había restaurantes, tiendas, burdeles, hospitales, escuelas y sitios donde se imprimía dinero. El núcleo originario, que se remonta a la dinastía Sung (960-1297), era un jardín con una aglomeración de casas alrededor, que, creciendo desmedidamente en altura, dio forma a una especie de ciudad amurallada con un gigantesco y espectral cavedio, o patio, en el centro. Se puede decir que ha sido un intento involuntario por parte de los chinos de crear la ciudad del futuro, que finalmente, a causa de la falta de control político y social, no se ha podido realizar. Era impresionante porque parecía una catedral gótica cercada por una serie de casas bajas y luego un anillo de rascacielos años 60. Era tan famosa que en Tokio se ha reproducido una parte, como si fuera un parque de atracciones, con restaurantes y tiendas.

Hong Kong es también la ciudad de Bruce Lee…

En Hong Kong se encuentran los lugares de las películas de James Bond, de Bruce Lee, de Jackie Chan. Bruce es el héroe que va a América para luego volver a Hong Kong. A través de sí mismo hace una síntesis entre Occidente y Oriente: es un ser híbrido que no ha perdido de vista la China de sus abuelos, ofreciendo una fuerte identidad cultural. Hong Kong tiene, además, una gran riqueza paisajística; de hecho, en mi opinión es una de las ciudades modernas más bellas del mundo. Vive de día y de noche una continua trasformación de sí misma. Es como las metrópolis europeas hasta finales del los 80.

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