Domingo, 19.01.2020 - 16:52 h
Viajes y hoteles 

El Hôtel du Louvre renace en París tras dos años de obras

Una reforma relanza el histórico hotel, erigido en el siglo XIX en lugar tan emblemático.

Hôtel du Louvre

Octubre de 1984. Un niño de nueve años se encuentra al terminar el día sentado con su familia en la terraza del Café de la Comédie, frente a la place Colette, en París. A su izquierda, divisa la gran entrada a un lujoso hotel, de puerta giratoria, techos altos y fachada bien iluminada, como si se tratara de un palacio o de un monumento público. Delante, un portero vestido con un uniforme impecable aguarda la llegada de los clientes, recto como una vela y sobrio como un pincel. El niño, eclipsado con lo que ven sus ojos, se dice a sí mismo, casi a modo de juramento: “Un día dormiré ahí”. 35 años después, aprovechando que el Hôtel du Louvre, que es como se llama el establecimiento en cuestión, renace tras dos años de obras, ese niño que fue quien esto suscribe, y atendiendo el encargo de GENTLEMAN, recorre sus diferentes estancias con los ojos y la curiosidad de aquel menor, pero con la experiencia y madurez que proporcionan los años, esos que como dijo Ovidio, “vienen sin hacer ruido”.

Hôtel du Louvre

Aspecto de la fachada del hotel a finales del siglo XIX.

En el hotel se cruzarán en las décadas siguientes huéspedes ilustres como Sigmund Freud, que en 1910, en una de sus suites escribió Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci, biografía psicosexual; Camille Pisarro, que pintó más de una decena de cuadros en su habitación, o escritores como Honoré de Balzac, Victor Hugo, Jules Verne o Émile Zola. Sus estancias sirvieron también de inspiración a Conan Doyle, como escenario de uno de sus populares libros protagonizados por Sherlock Holmes: una placa en la entrada así lo recuerda. El lugar es también testigo de proyectos de envergadura: gracias al banquete caritativo que organiza el escultor Frédéric-Auguste Bartholdi en 1875, se permite financiar la realización de su estatua de la libertad, que Francia donará a los Estados Unidos, y que es hoy uno de los símbolos de la ciudad de Nueva York y del propio país.

Hôtel du Louvre
Su ubicación estratégica, en pleno eje de París, es uno de los grandes atractivos del Hôtel du Louvre, junto al museo del mismo nombre y su pirámide.

El establecimiento, más que renacer, se muestra renovado, manteniendo su aspecto exterior de estilo Imperio de 1855 –cumple 165 años–, fecha de una de las Exposiciones Universales que acogió la capital francesa (dedicada esta a la agricultura, la industria y las bellas artes). Fue entonces cuando se erigió, siguiendo las indicaciones y la premura que llegaban del emperador Napoleón III, el Hôtel du Louvre, que se convertirá en el primer gran hotel de la ciudad, en el París del barón Haussmann, que crea grandes avenidas y señoriales e inmensos espacios que darán a la capital del Sena la categoría de una de las urbes más bellas del planeta.

En el hotel se cruzarán en las décadas siguientes huéspedes ilustres como Sigmund Freud, que en 1910, en una de sus suites escribió 'Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci', biografía psicosexual; Camille Pisarro, que pintó más de una decena de cuadros en su habitación, o escritores como Honoré de Balzac, Victor Hugo, Jules Verne o Émile Zola. Sus estancias sirvieron también de inspiración a Conan Doyle, como escenario de uno de sus populares libros protagonizados por Sherlock Holmes: una placa en la entrada así lo recuerda. El lugar es también testigo de proyectos de envergadura: gracias al banquete caritativo que organiza el escultor Frédéric-Auguste Bartholdi en 1875, se permite financiar la realización de su estatua de la libertad, que Francia donará a los Estados Unidos, y que es hoy uno de los símbolos de la ciudad de Nueva York y del propio país.

Hôtel du Louvre
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Si algo no ha cambiado en ese tiempo fue su ubicación estratégica, entre el museo del Louvre, el Palais Royal, el Théâtre de la Comédie y la obra pública de Jean-Michel Othoniel, desde el año 2000, que sirve de acceso a varias líneas de metro. En sus bajos, además del antes mencionado Café de la Comédie, À la Civette, el fiel estanco; la decana librería Delamain, donde hacerse con las obras más clásicas y a la vez actuales de la literatura gala; y la Brasserie du Louvre, ahora con el añadido Bocuse, al seguir los pasos de la casa madre de Lyon del célebre y recordado chef, donde el pollo de Bresse y su crema de champiñones y los famosos 'gaufres' Grand-Mère son dos de sus platos a degustar en invierno.

Hôtel du Louvre
Las vistas desde la brasserie du Louvre Bocuse nos regalan la belleza de espacios como el del Café Le Nemours y la entrada a los jardines del Palais-Royal.

Una restauración luminosa

París es conocida por su grisaille, por su falta de luz, sobre todo en el largo y frío periodo invernal. Es por lo que el interior del Hôtel du Louvre gana en luminosidad, desde la entrada, con esos suelos de mármol que recuerdan a los de la cercana Ópera Garnier. Y no digamos el bar, antes de lo más teatral, en tonos oscuros y envolventes, ideal para citas a media luz o reservadas a la vista de público. Descubrimos su acristalada cúpula –hasta el reciente pasado, oculta–, que permite que la luz del día penetre, manteniendo sus motivos neoclásicos. El bar se llama ahora L’Officine du Louvre, cual trastienda farmacéutica donde, en lugar de ungüentos, se preparan cócteles, con o sin alcohol, que responden a nombres como Bergamoiselle, Réglissieuse, Aléguante… o Champelier.

Hôtel du Louvre
Interior de L'Officine du Louvre, el bar del hotel, decorado por  una frondosa vegetación y una cúpula acristalada, que permite que la luz solar ilumine la estancia.

Un total de 164 habitaciones, de las cuales 57 son suites, junto a una denominada Signature. Un cinco estrellas con un servicio atento, pero donde el lujo por los detalles y las atenciones no guarda las rigidices de antaño, quizás para desgracia de los más nostálgicos. Nuevos tiempos representados por la juventud de los equipos y la gestión del establecimiento por parte de la cadena Hyatt –el Hôtel du Louvre pertenece a su The Unbound Collection–. El edificio, que en otra época formara parte de una sociedad controlada por la familia Taittinger, la de la célebre casa de espumosos, que contó también, en su cartera, con el Crillon y el Lutetia, es propiedad del grupo catarí Constellation.

Hotel du louvre

Interior de una de las espaciosas suites del hotel. 

Y llega la noche. La 320 es la habitación que nos acoge. Minimalista, sin libros ni revistas –cosa rara en los hoteles–, no muy grande, aunque con la inmensidad frente a la ventana, la Comédie française, la terraza de uno de los cafés con más encanto de la Ciudad de la Luz, el Nemours, y el acceso a ese paraíso en pleno distrito 1 de París, los jardines del Palais-Royal, que nos dan la bienvenida con las columnas de Daniel Buren, desde 1986, y diferentes fuentes. Perfectamente insonorizada, nadie diría que estamos en una vibrante capital del mundo. Dentro se respira paz, sosiego, algo así como un prohibido las pesadillas.

Hôtel du Louvre
El Teatro de la Comédie française y la avenida de la Ópera, por la que encaminarse al edificio de Garnier, forman parte de las inceíbles vistas del hotel. 

Sueños cumplidos 

Tras el necesario descanso, recién despuntado el alba, lo más recomendable es salir a visitar el barrio, siguiendo las inspiraciones que nos proponen las guías elaboradas por especialistas para los clientes del hotel. También cabe la posibilidad de visitar los apartamentos de Napoleón III, en el museo del Louvre, así como las que fueran bodegas de este, en época del monarca Luis XV.

Aquel muchacho del Café de la Comédie con el que abríamos este artículo, que fue viendo al igual que sus semejantes cómo a lo largo de los años el lujo se desencorsetó –en algunos casos demasiado, pasando casi de manera tajante del traje tres piezas al pantalón corto y el calzado deportivo–, siente un sueño de infancia cumplido, aunque para él, en lo más profundo de su memoria, guarde aún intacta la imagen del hotel que descubrió a mediados de la década de los 80. Si a muchos que dejaron de ser niños les impone la entrada del Hôtel du Louvre, o la de cualquier otro reputado nombre, nada como vencer esa aprehensión y cruzar la puerta, para apreciar su atmósfera, sentarse en su bar o almorzar en la 'brasserie' y, si pueden, pasar una noche entre sus muros; ese momento, la noche, en el que, como escribió el mentado Victor Hugo, cada ser humano se encamina hacia su luz.

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