Jueves, 27.02.2020 - 16:34 h
Arquitectura 

Sáenz de Oinza, una retrospectiva de sus mejores obras del siglo XX

Comisariada por sus hijos en el Museo ICO, en la muestra se exhiben las obras relevantes del arquitecto más influyente del país. 

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Retrato de Francisco Javier Sáenz de Oiza.

Maestro de maestros –por su estudio pasaron figuras como Rafael Moneo o Daniel Fullaondo–, no era, sin embargo, el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza (Cáseda, Navarra, 1918 - Madrid, 2000) un hombre de certezas inmutables. En su última aparición pública, quizás movido más por su ironía que por el convencimiento, llegó a pedir perdón por su obra. “La arquitectura debe ser hermosa –dijo también– aunque no funcione; capaz de conmover aunque tenga goteras”.

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Imagen de las Torres Blancas.

A pesar de su declarada modestia, Sáenz de Oiza es una de las figuras más influyentes de la arquitectura española de la segunda mitad del siglo XX, reconocido, entre otros premios, con el Príncipe de Asturias de las Artes, en 1993. Dedicado simultáneamente a la enseñanza y a la creación mientras pudo –tuvo que jubilarse de la docencia a los 65 años–, entre sus creaciones sobresalen dos proyectos en Madrid. Por un lado, las Torres Blancas (1968), un edificio encargado casi como símbolo de poder por el empresario Juan Huarte, dominado por líneas curvas y que cuenta en sus 23 plantas con viviendas de terrazas ajardinadas y un espacio común con salas de reuniones y hasta un restaurante concebido para servir a los vecinos. Y, por otro, la sede del entonces Banco de Bilbao en el Paseo de la Castellana (1971), reconocido como un nuevo rascacielos especialmente funcional. La Basílica de Aránzazu, en Oñate, completaría el triunvirato de sus obras más señaladas.

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Propuesta de concurso para la Capilla del Camino de Santiago, elaborada por Sáenz de Oiza, Pepe Romaní y Jorge Oteiza.

Autor de viviendas sociales en los primeros años de su trayectoria, la inauguración del El Ruedo (1990), con 346 viviendas para familias desfavorecidas, le situó ante un jurado, el popular, a veces más exigente, pero al que aceptó enfrentarse personalmente con una incómoda visita recogida por las cámaras de televisión.

A la figura de Sáenz de Oiza, dedica ahora (desde el 6 de febrero) el Museo ICO una retrospectiva comisariada por tres de sus hijos, también arquitectos. La muestra incide en las artes y oficios que acompañan la actividad del arquitecto del siglo XX, entendidos por Sáenz de Oiza como parte inseparable de su trabajo, muestra sus edificios más célebres y también testimonios de su relación con numerosos amigos, como el escultor Jorge Oteiza.

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En la imagen, proyecto del Palacio de Festivales de Santander.

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