Viernes, 19.04.2019 - 22:59 h
Lecciones históricas para el urbanismo actual

Airbnb nació en la Venecia del XVI (y en el Renacimiento supieron regularlo)

Venecia ya no sabe qué hacer para controlar el flujo masivo de turistas, pero el problema con la llegada de visitantes lo ha tenido toda su historia

Miniatura del libro 'Voyages et aventures de Ch. Magius', de 1578.
Miniatura del libro 'Voyages et aventures de Ch. Magius', de 1578.

Venecia se pone siempre como ejemplo de los problemas que puede acarrear un modelo de turismo masivo. La ciudad italiana recibe cada año unos 25 millones de turistas, de los cuales 11 millones pernoctan en una población que no ha dejado de perder residentes, pasando de 175.000 tras la II Guerra Mundial a 50.000 personas en la actualidad.

El ayuntamiento de la ciudad anunció a principios de este mes que empezaría a cobrar un nuevo impuesto que deberán pagar quienes visiten el centro histórico de esta ciudad patrimonio de humanidad: una “tasa de entrada” con la que se pretende controlar el turismo masivo, y que irá aumentando progresivamente. Durante este año costará tres euros, a partir de 2020, seis euros.

Es la última medida de una ciudad que ya no sabe qué hacer para controlar el flujo masivo de turistas, que amenaza con hacer de la ciudad un parque temático, sin verdaderos residentes, la mejor forma de acabar con su encanto real.

En este sentido, se ha hablado mucho últimamente de como el auge de plataformas de alquiler de viviendas como Airbnb han contribuido a que las casas, otrora disponibles en régimen de alquiler para los vecinos de la ciudad, hayan pasado a ser prohibitivas, pues es mucho más rentable alquilarlas por días a los turistas.

Ciudades como Amsterdam, Berlín, Barcelona o Londres han actuado para frenar estos efectos negativos, imponiendo nuevos impuestos o limitando el número de noches en que se puede alquilar una propiedad, pero Venecia se lleva la peor parte: la población de residentes no deja de disminuir mientras la ciudad se llena de personas que ni siquiera pasan la noche en ella, dejando muy poco dinero a las arcas públicas, que aun así tienen que costear los servicios necesarios para su tránsito.

Cierto es que la situación que vive actualmente la ciudad no es comparable a la de ningún otro momento de su historia, pero haríamos mal en pensar que los problemas de Venecia con el turismo son nuevos. La ciudad es en realidad uno de los primeros destinos turísticos de la historia.

¿Quién no quiere conocer Venecia? / Pexels
¿Quién no quiere conocer Venecia? / Pexels

Venecia en el Renacimiento

Como explica en ‘The Conversation’ Rosa Salzberg, profesora de historia de la Universidad de Warwick, las autoridades de la ciudad de Venecia tienen una larga tradición en lo que respecta a la regulación de las migraciones y el turismo, y a la gestión de medidas para poder obtener beneficios de este flujo de visitantes.

“De hecho, en la Venecia renacentista, una gran afluencia de extranjeros impulsó el surgimiento de un gran sector de alojamiento informal, que fue difícil de tasar y regular y tuvo un gran impacto en la comunidad urbana”, apunta Salzberg. “¿Suena familiar?”

Durante el siglo XVI, Venecia era una poderosa ciudad-estado, capital de su propia República, que abarcaba el noreste de la actual Italia, pero también parte de las costas de lo que fuera Yugoslavia, Albania y Grecia. Su situación, en la encrucijada de grandes imperios, convirtió a la ciudad en el más importante nodo económico del mundo. Y esto, claro, atrajo a mucha gente.

Al mismo tiempo que pintores como Tiziano y Giorgione estaban convirtiendo a la ciudad en un centro cultural del Renacimiento, la población aumentó de aproximadamente 100.000 personas a casi 170.000 en solo 50 años.

En esta época, Venecia recibía cada día cientos de mercaderes, emprendedores y emigrantes de todo tipo, que buscaban trabajo en las florecientes industrias locales. Y, aunque eran muchos menos, comenzó a recibir a sus primeros turistas, como Michel de Montaigne, el conocido humanista francés, que acudió a Venecia para explorar los tesoros culturales de la ciudad.

Toda esta gente, la mayor parte de la cual, además, pretendía quedarse a vivir en la ciudad, precisaba de alojamiento. Y es entonces cuando surgió lo que podríamos calificar como el Airnbn del Renacimiento.

Mapa de Venecia de 1572.
Mapa de Venecia de 1572.

Tasas municipales pioneras

Salzberg ha dirigido una investigación que muestra cómo cientos de familias venecianas aprovecharon la oleada de personas que visitaban la ciudad para ganar dinero alquilando habitaciones y camas.

“Muchas eran mujeres que luchaban por ganarse la vida de otras maneras: personas como Paolina Briani, que en la década de 1580 alquilaron habitaciones a comerciantes musulmanes del imperio otomano, en su casa, a pocos minutos a pie de la Piazza San Marco”, explica Salzberg.

El rápido crecimiento de esta economía informal de alojamiento alarmó al gobierno veneciano. Al temer la propagación tanto de enfermedades como de ideas políticas y religiosas consideradas peligrosas, el Gobierno estaba ansioso por controlar la presencia de extranjeros en la ciudad. Además, quería limitar la competencia de estos alojamientos informales con las posadas con licencia de la ciudad, que eran una fuente rentable de ingresos fiscales.

Se trata de un problema extremadamente similar al que se vive hoy en día. Y el Gobierno municipal actuó tratando de registrar los alojamientos, para poder cobrarles impuestos y tener controladas a las personas que visitaban la ciudad.

Al controlar el movimiento de personas, los consejeros de la República vieron que los migrantes y visitantes eran cruciales para la economía de la ciudad y su poder cultural, y se esforzaron en dar la bienvenida a cualquiera que trajera bienes valiosos, ideas innovadoras o tuviera potencial como capital humano. Por el contrario, se esforzaron en impedir la entrada a mendigos, prostitutas o minorías religiosas.

Al mismo tiempo, el Gobierno se dio cuenta de que los venecianos comunes, especialmente los grupos vulnerables y pobres como las viudas, también se beneficiaban de la afluencia de migrantes. Y el dinero que los residentes ganaban ofreciendo alojamiento podía ser esencial para su supervivencia.

Los turistas colapsan el puente de Rialto. / Pixabay
Los turistas colapsan el puente de Rialto. / Pixabay

No estamos en el siglo XVI

Durante el renacimiento, la regulación impuesta por el Gobierno de Venecia a los negocios hosteleros permitió a la ciudad conciliar los intereses de los locales y visitantes, de una forma en que se reforzó la fortaleza económica, cultural y política de la ciudad.

Los problemas que afronta la ciudad cinco siglos después pueden resultar similares, pero existen diferencias: los migrantes no acuden a la ciudad por lo mismo (en el siglo XVI los turistas eran una selecta minoría), ni en el mismo número. Y las soluciones, por tanto, deben ser más imaginativas.

Ahora bien, como explica Salzberg, tanto la propia Venecia como el resto de las ciudades que están viviendo los problemas derivados del turismo masivo (en España principalmente Barcelona) pueden tomar algunas lecciones de la Venecia del Renacimiento. La clave, explica la historiadora, reside en promover interacciones significativas entre visitantes y residentes; por ejemplo, como ha hecho Berlín, prohibiendo a las personas alquilar pisos enteros en Airbnb.

“La Venecia de hace 500 años desafía a las personas a pensar en ‘el problema de Airbnb’ de una forma más matizada”, concluye la investigadora.

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