Miércoles, 22.05.2019 - 03:19 h
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Las 9 claves para dar siempre una buena primera impresión en el trabajo

La primera impresión es clave al elegir qué personas conseguirán un empleo o qué empresa se llevará un contrato. Y siempre puede mejorarse

El lenguaje corporal es clave para conseguir lo que deseamos / Pixabay
El lenguaje corporal es clave para conseguir lo que deseamos / Pixabay

En la vida como en los negocios las primeras impresiones son clave. Hay decenas de investigaciones sobre el tiempo que tardamos en elaborar un primer juicio de una persona y todas coinciden en señalar que este se forja en un suspiro. En solo unos segundos una persona nos cae mejor o peor, nos parece competente o deshonesto, y creemos que es apto para un puesto o nos gustaría que saliera de nuestro despacho inmediatamente.

Ni que decir tiene que este prejuicio es solo eso, un prejuicio, pero tiene un enorme peso a la hora de tomar decisiones, sobre todo si estas son urgentes. La primera impresión es clave al elegir qué personas entrarán en un proceso de selección –el personal de recursos humanos se toma de media tan solo seis segundos a la hora de valorar un currículum, según una investigación–, pero también para contratar servicios a proveedores o buscar inversores.

Según Amy Cuddy, psicóloga social y profesora de la Harvard Business School, la clave para causar una buena impresión consiste en presentarse como una persona de fiar, pues, de forma subconsciente, esto es lo primero que valoramos cuando conocemos a alguien.

“Desde una perspectiva evolutiva lo más crucial para nuestra supervivencia es saber si una persona merece nuestra confianza”, explica la psicóloga en su superventas El poder de la presencia (Urano), cuyas ideas fueron sintetizadas en la segunda charla TED más vistas de la historia.

En el volumen, Cuddy asegura que “con demasiada frecuencia abordamos los mayores obstáculos de nuestras vidas con temor, los ejecutamos con ansiedad y los abandonamos con arrepentimiento”. Algo que puede evitarse si trabajamos nuestra presencia, que no es otra cosa que la forma en que nos presentamos al mundo.

Una reflexión que puede cambiar tu vida

Como explica Cuddy, que afortunadamente huye del misticismo propio de muchos manuales de autoayuda, no necesitamos embarcarnos en una gran búsqueda espiritual o completar una transformación interna para aprovechar el poder de la presencia. Para cambiar como nos percibe la gente debemos aprender, momento a momento, a modificar el lenguaje corporal con el que nos damos a conocer y la mentalidad que guía nuestro comportamiento. Y para ello, como explica la psicóloga, lo decisivo es aprender una serie de reglas:

1. Cuida tu lenguaje corporal

Al margen de nuestro aspecto (y nuestra belleza, que lamentablemente también influye a la hora de formar impresiones), la primera información que recibe alguien que nos acaba de conocer proviene de nuestro lenguaje corporal. 

Como explica Cuddy, hay gestos como encogernos de brazos o tocarnos el cuello que causan una primera mala impresión, aunque también influye la forma en que caminamos o nos sentamos.

Para evitar errores lo ideal es mantener lo que la psicóloga bautiza una “postura de poder”: con los brazos o codos extendidos, la barbilla levantada y una postura expansiva.

Una investigación elaborada por la propia Cuddy, en colaboración con Dana Carney, ha demostrado que adoptar este lenguaje corporal asociado durante solo dos minutos es suficiente para crear un aumento del 20 por ciento en la testosterona y una disminución del 25 por ciento en la hormona del estrés cortisol.

2. No mientas

En muchas ocasiones, para tratar de dar una buena impresión ocultamos información a nuestros interlocutores, exageramos nuestras habilidades o, sencillamente, contamos trolas. Pero, como explica Cuddy, y han investigado profusamente autores como Robert Trivers, mentir es más difícil de lo que parece.

“Estamos contando una historia mientras suprimimos otra, y por si esto no fuera lo suficientemente difícil, la mayoría de nosotros experimentamos culpa psicológica por hacerlo, lo cual también intentamos suprimir. Sencillamente, no tenemos la capacidad intelectual para administrarlo todo sin dejar que algo salga mal, sin que haya ‘fugas’”, asegura Cuddy.

3. Escucha más de lo que hablas

Para ganar la confianza de otra persona es necesario hacerle ver que te importa (aunque no la hayas visto en tu vida). Y para ello lo importante es tener una escucha activa: hacer preguntas, mantener el contacto visual, sonreír… Hacer ver a tu interlocutor que te interesa lo que le estás contando. Por supuesto, tendrás que responder a sus preguntas, pero trata de hablar sobre lo que a él le interesa, no lo que te interesa a ti.

Ni que decir tiene que da una pésima impresión que te pongas a mirar el móvil o te distraigas. Suspenso inmediato.

La forma en que tratamos a nuestro interlocutor suele tener más importancia que el aspecto / Pixabay
Permanecer atento es la mejor forma de causar una buena impresión / Pixabay

4. Haz la pelota a tu interlocutor

Aunque hay que evitar ser excesivamente adulador, a todo el mundo le gusta recibir algún que otro halago. Una buena forma de causar una buena primera impresión pasa por comentar alguna característica que admires de tu interlocutor o su trabajo. Esto no solo aumenta la confianza, sino que también indica que te has informado de quién es la persona con la que estás hablando.

5. No te hagas la pelota a ti mismo

Aunque mostrar nuestra valía es importante, máxime en un entorno laboral, es más importante ganarse la confianza de la gente que ganarse su respeto. Como apunta Cuddy, hablar demasiado bien de uno mismo es un problema común, sobre todo para los profesionales jóvenes que intentan causar una buena impresión al principio de sus carreras. Por supuesto, no hay que menospreciarse, pero la humildad es más de fiar que una excesiva confianza en uno mismo.

6. Ofrece, no pidas

Es una de las claves absolutas de los negocios: siempre se debe ofrecer lo que necesita tu interlocutor. Este consejo vale tanto para encontrar trabajo como para cerrar una compraventa. Aunque quieras obtener algo a cambio, debes centrarte en lo que tú puedes ofrecer, y que este sea el mensaje que se lleve la otra persona: que eres alguien que le puede echar un cable.

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