Domingo, 20.10.2019 - 09:15 h
No tienen nada que ver con el azar

Cómo empezar a atraer la buena suerte a tu empresa con tres simples acciones

Una profesora de Stanford considera que el éxito no es sólo una cuestión de suerte o, en todo caso, que hay formas de atraer a la buena fortuna.

La suerte puede perseguirse / Pixabay
La suerte puede perseguirse / Pixabay

Desde tiempos inmemoriales, hay quienes subordinan su éxito y su fracaso a la buena o mala suerte. O, peor, a una voluntad ininteligible y ajena: en la antigüedad, las cosechas que se perdían por la escasez de lluvias eran fruto de un castigo divino y, hasta hace bien poco, las malformaciones congénitas eran achacadas a esos mismos dioses. En ambos casos, para cambiar su fortuna las personas realizaban danzas o hacían propósito de enmienda porque aún no entendían el regadío ni la ciencia mendeliana. Si hay una respuesta inherente al ser humano es la de recurrir a la suerte (y a los dioses) cuando se desconoce la causa de un fenómeno.

En el terreno laboral, el esquema es similar. Probablemente, en la Edad Media el feudalismo y la esclavitud eran considerados los sistemas más productivos que existían, sin tener en cuenta que la dosificación del esfuerzo alarga la vida útil de cualquier recurso productivo, incluidos los seres humanos. Por eso, hoy en día los mercados representan un campo propio de estudio en el que medir el éxito y el fracaso de cualquier negocio. Y no, la suerte tiene poco que ver en este sentido: según una profesora de Stanford, Tina Seelig, el éxito no es sólo una cuestión de suerte o, en todo caso, hay formas de atraer a la buena fortuna, tal y como apunta este artículo de Inc.

Experta en el ámbito del emprendimiento, Seelig considera que hay que eliminar completamente de la mente esa percepción de la suerte y, en su lugar, propiciar con tus acciones que esa buena fortuna se presente. Precisamente porque resulta imposible saber cuál es la decisión acertada, la suerte escapa a nuestro control, así que lo único que podemos hacer es tratar de acertar en base a nuestra experiencia y, sobre todo, a nuestro conocimiento. La suerte no se espera; se crea. Y, para hacerlo, esta profesora aconseja seguir tres sencillas acciones.

Salir de la zona de confort

Si algo no funciona del todo, es bueno cambiar, así que Seelig propone a sus alumnos elaborar un 'riesgómetro' para medir qué consecuencias tiene una decisión en base a siete dimensiones: intelectual, física, financiera, emocional, social, política y ética. Normalmente, el estatus actual representa la zona de confort con riesgo cero, mientras que cualquier cambio implica un riesgo potencial y gradual. Un ejemplo que usa en sus clases es de una persona tímida, cuyo paso lógico sería el de hablar con un completo desconocido para mejorar en este aspecto. Sin embargo, no conviene llevar a cabo una transformación drástica; en su lugar, Seelig propone dar “pasos de bebé”, que podría traducirse en este caso en practicar con conocidos antes de hablar con alguien desconocido.

Muestra gratitud, incluso cuando rechazas ayuda

La gratitud es un arma muy valiosa y un atajo hacia el éxito, según Seelig. “Cuando alguien hace algo por ti, está empleando en ti ese tiempo que podrían estar reservándose para sí mismos o para cualquier otro”, argumenta, al tiempo que destaca que el orgullo no es una buena opción, ni siquiera cuando te ofrecen un trabajo que no cumple tus expectativas. A menudo, la gente se involucra en tus necesidades sin tener ningún motivo de hacerlo. Agradecerles sinceramente ese gesto puede significar que, aunque en el presente su ayuda no sea de demasiado provecho, quizás en el futuro sí lo sea.

Ver el lado bueno de las malas ideas

A veces, hay ideas tan horribles que ni siquiera se llegan a plantear. Sin embargo, Seelig considera que incluso en las propuestas más disparatas siempre existe algo bueno que se puede rescatar. “De hecho, el origen de las ideas horribles es a menudo algo remarcable”, opina. En este sentido, apuntar todas las ideas que se te ocurran -incluso las que te parezcan abominables- es la mejor de las ideas: en el futuro, tal vez el éxito llegue de la mano de un aspecto positivo de aquel descarte.

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