Domingo, 19.08.2018 - 13:00 h
La movilidad laboral está en auge en la UE

¿Deberías mudarte de país por un empleo? Esto es lo que opina la ciencia

Un estudio señala que la mayoría opta por buscar trabajo cerca de donde viven y que sólo en algunos casos es beneficioso cambiar de ciudad o país.

Catedral St.Paul (Londres)
La catedral de St. Paul en Londres / Pixabay

En los últimos años, la Unión Europea se ha ido convirtiendo cada vez más en algo parecido a EEUU en materia de empleo: hoy en día es más fácil que nunca encontrar trabajo en cualquier punto del continente (siempre y cuando domines, como mínimo, el inglés) y la perspectiva de ganar más o de formar parte de alguna empresa concreta radicada en el extranjero son buenas motivaciones para mudarse. Reino Unido y Alemania siguen siendo el destino preferido de los españoles, donde la comunidad ibérica sigue aumentando a pesar tanto del Brexit como de la recuperación económica de nuestro país.

La opción de vivir en otro país, aunque sea temporalmente, es muy atractiva para los españoles, especialmente para los jóvenes. Para hacerse una idea, sólo el año pasado 367.000 personas hicieron las maletas para trabajar en el extranjero. Pero, a pesar de la experiencia personal que pueda suponer o de la mejora económica que conlleve, no siempre es una buena opción. Es más, un estudio llevado a cabo por Andrew Chamberlain, doctor en Economía e investigador jefe en Glassdoor, señala que la mayoría de las personas optan por buscar trabajo cerca de donde viven y que la cultura local es tanto o más importante que el salario.

Las empresas buscan el talento local

Incluso las propias empresas buscan el talento local; a pesar de vivir en un mundo globalizado -o tal vez por eso mismo-, cuando una compañía se establece en una ciudad no sólo paga sus impuestos en ella, sino que acepta tácitamente a desarrollar el empleo local. Por dos motivos: por un lado, porque el estudio apunta a que un 71,5% de quienes se inscriben en una oferta de empleo viven en el mismo área metropolitana que la empresa; por otro, porque prácticamente en cualquier punto del mapa se puede encontrar el talento que se busca.

Pero no es sólo eso. Aunque haya un candidato de fuera que cumpla (o supere) las expectativas de la empresa para un puesto en concreto, el paso de mudarse a otra ciudad o país es tremendamente delicado. Se trata de un movimiento que normalmente se produce por una mejora salarial o porque esa empresa es puntera en el sector; el problema es que cambiar de residencia siempre implica un riesgo de que sea algo provisional -quizás en un futuro no muy lejano esa persona desee volver a su lugar de origen- y, además, de que no se consiga una integración plena en la comunidad local y en su cultura. Por eso, las empresas son muy cautelosas cuando contratan a personas de otro lugar.

La importancia de la adaptación

En este sentido, al contrario de lo que se pueda pensar, lo que más motiva a quienes se plantean cambiar de ciudad o de país no es el salario. Según el estudio (centrado en EEU.), si bien aquellos empleos en los que hay una diferencia de 10.000 dólares anuales respecto al anterior suponen un aumento del interés de un 50%, quienes buscan trabajo en otro lugar valoran hasta seis veces más la cultura de la empresa y el lugar en el que está ubicada que esa misma subida salarial de 10.000 dólares.

Por otra parte, otros factores como el género también determinan quién es más favorable a cambiar de residencia: los hombres son un 3,3% más propensos que las mujeres. Además, a las personas con más edad y experiencia les atrae menos la idea, según el estudio, que define al emigrante laboral modelo como menor de 30, con un trabajo de oficina y, mayoritariamente, en el sector de las nuevas tecnologías. Y, en muchos casos, sin lazos familiares o maritales inquebrantables.

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