Sábado, 23.02.2019 - 10:48 h
Nec Otium

El mejor discurso dura 18 minutos (y esta experta enseña a prepararlo en 5 pasos)

Dominar la oratoria es esencial para tener éxito en el trabajo, pero tenemos miedo a hablar en público. Mónica Galán asegura que puede superarse.

Mónica Galán Bravo.
Mónica Galán Bravo.

“Hablar en público se ha convertido en una vara de medir profesional, es una segunda profesión que tenemos que dominar para poder ser exitosos en cualquier trabajo, te dediques a lo que de dediques”, asegura a La Información Mónica Galán Bravo, coach especializada en oratoria que trabaja para enseñar a políticos y empresarios a dominar el arte de hablar en público.

En su opinión, todos tenemos miedo a salir a la palestra pues desde niños hemos interiorizado que enfrentarnos a la audiencia es, en resumidas cuentas, un marrón: “Cuando somos pequeños no tenemos vergüenza, pero si nos sacaban a la pizarra era porque habíamos hecho algo mal. Ni sabías por donde te venían, no estabas preparado y no deseabas salir. Era una obligación. Si habías estado distraído además la ejecución no era buena. Todo lo que significaba salir a hablar la población era algo abogado al fracaso desde el primer instante”.

Hoy, por suerte, los niños tienen más espacio para los debates, hacen presentaciones y hablan en público con mayor naturalidad, incluso en varios idiomas, algo que para muchos adultos es un drama.

La buena noticia, asegura Galán, es que cualquiera puede aprender a hablar en público. Y para ello ha escrito el Método Bravo (Alienta), un manual para dominar el arte de la oratoria siguiendo cinco pasos. Son estos:

1. B de bienvenida

“El primer instante de hablar en público tiene que ser redondo”, asegura Galán. “Hay que comenzar con fuerza, de una forma distinta, porque todo el mundo empieza igual”.

La coach recomienda tres recursos de arranque ampliamente utilizados, pero muy útiles, como son hacer una pregunta a la audiencia, trasladando el protagonismo a ésta y pidiendo su atención; contar una historia autobiográfica, que genere impacto emocional; o plantear un hecho o dato curioso de la temática que se va a tratar.

2. R de reconocimiento

Galán asegura que debemos trabajar el reconocimiento de nosotros mismos, la temática que vamos a tratar y la audiencia. De nosotros como oradores, para ganar autoestima y retrospección; de la temática, haciéndonos un experto en nuestro campo de especialización; y de la audiencia, quizás lo más importante, para reconocer su atención, que es el recurso más valioso que pueden brindar a un orador.

“En los discursos hay que meter un agradecimiento a la audiencia”, explica la coach. “Nada como esperar que suceda algo para que suceda”.

3. A de autoridad

Para tener autoridad, asegura Galán, las palabras deben verse refrendadas por el cuerpo y la voz. Hay que cuidar, en definitiva, el lenguaje no verbal. “Si lo que dice tu cuerpo y lo que dicen tus palabras no dicen lo mismo creerán a tu cuerpo y a tu voz antes que a tus palabras”, sentencia la coach.

Para sonar seguros debemos transmitir seguridad, y esto es algo que se puede entrenar. “Cuando te dan el carné de conducir no sabes conducir, sabes circular, a conducir se aprende con los años. Con la oratoria pasa lo mismo. Al principio no tienes seguridad. La vas ganando y al final la tienes”.

Enfrentarse a un micrófono es aterrador / Pixabay
Enfrentarse a un micrófono es aterrador / Pixabay

4. V de valor

“Para mi es la más importante, porque hablo de como entregar valor a la audiencia y como aumentar tú mismo el valor, para superar el miedo escénico”, explica Galán. Y en este sentido es decisivo aprender a escribir buenos discursos.

“Muchas veces la gente dice que prefiere no escribir sus discursos”, explica la coach. “Yo digo siempre que si no merece la pena que lo escribas seguramente tampoco merece la pena escucharlo. No creo que saber escribir sea necesario para hablar bien, pero hay que escribir para poder contarlo”.

Galán da mucha importancia a la historia que se cuenta, “el alma de las presentaciones”, y el vocabulario que se escoge, en definitiva, al texto. Aunque con la práctica se pueden llegar a improvisar algunos partes de los discursos, lo cierto es que toda gran intervención se prepara a conciencia. “Winston Churchill decía que necesitaba tres horas para un discurso de diez minutos, y 10 minutos para hacer uno de 3 horas”, apunta Galán. “La mejor improvisación es la preparada”.

Para esto hay que tener también en cuenta el tiempo. Como apunta la coach, los tiempos de atención son cada vez más cortos, y siempre que se pueda elegir es mejor optar por discursos ajustados. “Las charlas TED duran de media 18 minutos, que es lo mismo que duraba el discurso más famoso de la historiad, de Martin Luther King Jr.”. Esta es la duración óptima de un discurso.

5. O de ovación

Al igual que preparamos el arranque de los discursos debemos prestar atención a su final, algo que según Galán se descuida mucho más. “La gente tiene que saber que estás acabando y que es hora de aplaudir”, concluye la coach, y para ello hay que dejar algún recurso para la traca final.

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