Martes, 16.10.2018 - 12:39 h
Cada vez consumimos más

El 1 de agosto habremos agotado los recursos de la Tierra disponibles en 2018

El llamado Día de la Sobrecapacidad de la Tierra se adelanta este año al 1 de agosto, la fecha más temprana jamás registrada

Los recursos son limitados (y cada vez consumimos más) / Pixabay
Los recursos son limitados (y cada vez consumimos más) / Pixabay

Aunque Elon Musk se haya distraído últimamente en disputas con los equipos de rescate de Tailandia por no haberle dejado ayudar con su minisubmarino en el caso de los 12 menores atrapados en una cueva, hay una cosa que nadie puede discutirle: a día de hoy, pocos se toman más en serio que él la necesidad de buscar alternativas al agotamiento de recursos en la Tierra. Tal vez fuese más sencillo tratar de encontrar soluciones en nuestro propio planeta, pero tal y como evoluciona la inagotable capacidad de consumo del ser humano no parece descabellado que en un futuro no muy lejano necesitemos colonizar y terraformar otros mundos.

El indicador más claro al respecto es el llamado Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, que se adelanta este año al 1 de agosto, la fecha más temprana jamás registrada, tal y como apunta este artículo de The Guardian. Esta marca roja en el calendario supone el punto en el que el consumo mundial ya ha agotado todos los recursos que el planeta es capaz de generar en un año, por lo que todo lo que consumamos a partir de ese día será a cuenta (que tendremos que pagar tarde o temprano).

212 días para consumir lo que la Tierra tarda en generar 365 días

Cada año entramos antes en números rojos: en 2018 tardaremos sólo 212 días en consumir el carbón, los alimentos, el agua, las telas, la tierra y la madera que la Tierra tarda en generar 365 días. O, lo que es lo mismo, necesitaríamos que nuestro planeta generase un 70 % más de recursos para hacer que nuestro consumo fuera sostenible, según Global Footprint Network, una organización que mide anualmente la deuda ecológica del ser humano con la Tierra.

Hasta los años 70, el consumo era sostenible en la Tierra. A pesar del incipiente problema de la polución -que por entonces no era una realidad consensuada por la comunidad científica-, del rápido incremento de las poblaciones en el período con mayor paz -al menos en Occidente- y del desarrollo de técnicas de producción cada vez más sofisticadas y eficientes, los seres humanos aún consumíamos menos recursos de los disponibles en el planeta.

Los gases de efecto invernadero son una gran amenaza / Pixabay
Los gases de efecto invernadero son una gran amenaza / Pixabay

A partir de ese momento, se empezó a detectar que los recursos que consumíamos sobrepasaban la capacidad de regeneración de nuestro planeta: en 1970, el Dia de la Sobrecapacidad de la Tierra llegó el 29 de diciembre; en 1980, el 3 de noviembre; en 1989, coincidiendo con la Caída del Muro, este momento sucedió el 12 de octubre; en el año 2000, con el capitalismo ya asentado, ocurrió el 23 de septiembre; hace una década llegamos a vivir esta situación el 15 de agosto; mientras que en los últimos años se ha moderado ligeramente la curva hasta llegar al 1 de agosto de 2018, cuando sobrepasaremos de nuevo la capacidad de regenerar recursos de la Tierra.

Tala indiscriminada, combustibles fósiles y gases de efecto invernadero

Esta amortiguación del consumo coincide con la época de mayor desarrollo tecnológico hasta la fecha: la digitalización de las sociedades durante la última década ha permitido consumir menos recursos que antes -empezando por el papel-. Además, el uso de energías renovables, la creciente concienciación sobre la economía circular y el reciclaje, así como la progresiva implantación de sistemas eléctricos en los vehículos, están permitiendo transformar los hábitos incluso de los menos jóvenes.

Sin embargo, las buenas noticias se acaban ahí. Lo cierto es que la tala indiscriminada sigue exterminando bosques enteros casi a diario en todo el mundo -provocando cambios irreparables en el clima y los ecosistemas locales-, el consumo de combustibles fósiles sigue al alza -y, consecuentemente, la polución en las grandes urbes-, y la emisión de gases de efecto invernadero, lejos de haber desaparecido, ha repuntado en los últimos años, especialmente por las industrias chinas que siguen utilizando CFC en su producción.

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