Sábado, 15.12.2018 - 01:47 h
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El nuevo jefe de IA de Google quiere meterse en el negocio de la salud

Dicen que el PIN de su teléfono son los últimos cuatro dígitos del número pi, y está decidido a que Google encuentre nuevos campos de negocio.

Jeff Dean, durante una charla en 2015 / NVIDIA Corporation
Jeff Dean, durante una charla en 2015 / NVIDIA Corporation

Jeff Dean es uno de los más veteranos empleados de Google y, cuentan, uno de los mejores programadores del mundo. Entró en la compañía en 1999, cuando el hoy gigante de internet era solo una startup con un año de vida, que luchaba por hacerse un hueco en el incipiente mundo de la World Wide Web, pero pronto empezó a destacar como un informático fuera de serie.

Dicen que su teclado solo tiene dos botones, un cero y un uno, que el PIN de su teléfono son los últimos cuatro dígitos del número pi, y que ha logrado acelerar la velocidad de la luz; tres de los memes que circulan sobre su legendaria habilidad con los ordenadores.

Esta semana Dean ha sido ascendido a jefe de la división de Inteligencia Artificial (IA), uno de los puestos más importantes de la compañía. Y no es una sorpresa. El informático ha sido responsable de buena parte del auge de la IA en Silicon Valley desde que se unió al secreto “laboratorio X” de Google en 2011 para investigar el aprendizaje automático –la rama de la IA cuyo objetivo es lograr que los ordenadores aprendan– conocido como “redes neuronales profundas”.

Como explica Tom Simonite en Wired, el proyecto produjo un software que aprendió a reconocer gatos en YouTube. Parece una frikada, pero gracias a esta tecnología Google logro mejorar en gran medida la precisión de su servicio de reconocimiento de voz, y desde entonces ha convertido la técnica de las redes neuronales profundas en el corazón de la estrategia de la compañía para casi todo. 

El nuevo trabajo de Dean lo pone a la cabeza de la que es quizás el departamento de investigación más importante del mundo. El grupo produce artículos científicos sobre temas como la creación de voces sintéticas más realistas y la enseñanza de robots para captar objetos. Pero, además, Dean será el encargado de diseñar cuáles serán los próximos modelos de negocio de la compañía. Y tiene muy claro hacia donde quiere enfocar sus esfuerzos.

La salud en el punto de mira

Hasta el momento, la investigación en IA de Google se ha utilizado principalmente para mejorar o expandir productos existentes, como el software de búsqueda o su exitoso sistema operativo Android, pero Dean ha asegurado que sus investigaciones sobre el aprendizaje automático permitirán a la compañía abrir nuevos campos de negocio, y el de la salud, asegura, es el primero que quiere explotar.

Dean ya tiene experiencia en el sector. Antes de graduarse, trabajó en el Programa Mundial sobre el SIDA de la Organización Mundial de la Salud, desarrollando un software para realizar modelados estadísticos de la pandemia del VIH.

Por el momento no ha desvelado muchos detalle del que parece un inminente desembarco de Google en el sector de la salud –sector en el que ya ha aterrizado uno de sus grandes competidores: Amazon–, pero la compañía ya tiene varios frentes abiertos en el área.

En India están probando un software que puede detectar complicaciones en la diabetes que causa ceguera. También han probado un programa que detecta los indicadores del cáncer de mama en los exámenes con microscopio.

Aunque se trata de un campo con una fuerte regulación en la que las empresas no pueden ir tan rápido como les gustaría, no cabe duda de que la IA tendrá cada vez más aplicaciones en salud. Y Dean cree que debe ser una prioridad para Google, entre otras cosas porque, en la actualidad, su modelo de negocio es tremendamente monolítico. El éxito en esta área podría ayudar a diversificar el negocio de una empresa que, a pesar de su enorme oferta de productos y servicios, depende en gran medida de la publicidad. En 2017, casi el 90 por ciento de los ingresos de Alphabet, la matriz de Google, provenían de los anuncios.

La compañía busca diversificar su negocio / Pixabay
La compañía busca diversificar su negocio / Pixabay

Un dilema ético

A principios de mes, miles de empleados de Google, incluidos docenas de ingenieros senior, firmaron una carta protestando por la participación de la compañía en un programa del Pentágono que utiliza inteligencia artificial para interpretar imágenes de vídeo y podría usarse para mejorar la selección de ataques con drones.

La misiva evidencia cómo la inteligencia artificial planteará todo tipo de dilemas éticos con los que no va a ser fácil lidiar. En declaraciones a Wired Dean asegura que, en concreto, el proyecto con el Pentágono “es relativamente mundano”, pues consiste, asegura, en reunir un conjunto de componentes de código abierto existentes. Pero reconoce que en su nuevo rol tendrá que tener muy presente la ética de sus decisiones: “Creo que debemos hacer una pausa como compañía sobre cuál queremos que sea nuestro papel. Hay una amplia gama de puntos de vista en la empresa sobre lo que deberíamos hacer”.

Google tiene todas las papeletas de protagonizar un próximo escándalo similar al que acaba de sufrir Facebook, y todos los directivos esperan que, si el ese día llega, no sea por su culpa.

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