Jueves, 23.05.2019 - 09:55 h
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El plan de China para que la gente quepa en sus masificadas ciudades

Shanghái y Pekín han impuesto un tope poblacional para desatascar sus entornos urbanos que ya empieza a dar sus frutos.

El tráfico en Shangai es insostenible / Michell Zappa
El tráfico en Shangai es insostenible / Michell Zappa

La población que suman exclusivamente Pekín y Shanghái, unos 48 millones, es mayor que la que suma España en todo nuestro territorio nacional, de unos 46,56 millones, según el INE. La comparación es brutal: imaginen que los habitantes de 17 comunidades autónomas y dos ciudades autónomas, repartidos en más de 500.000 kilómetros cuadrados de terrenos montañosos y valles, en tierras donde la lluvia apenas arrecia y otras donde la sequía hace estragos, se concentrasen exclusivamente en dos megaurbes y aún así hubiese otro millón y medio de personas adicionales, más o menos las que hay en Barcelona capital. De ahí que la capital y la segunda ciudad más poblada de China hayan decidido poner en marcha un plan para limitar la sobrepoblación, tal y como recoge The Guardian.

El problema es evidente. Cuando más de 20 millones de se concentran en un solo lugar, surgen las estrecheces espaciales y temporales: ya son comunes los atascos kilométricos en las principales arterias de Pekín y Shanghái, contribuyendo de este modo a unos niveles de polución que en ciertos días impiden ver más allá de unos centenares de metros. La alternativa, usar el transporte público, incluye colas para subir a los vagones abarrotados y hasta un servicio de 'empujadores', para que ninguna sardina se quede fuera de la lata. El acceso al trabajo y a una vivienda es igualmente una odisea, aunque los últimos datos del gobierno chino apuntan a que en 2017 se crearon unos 10 millones de puestos de trabajo y la tasa de desempleo se situó en torno al 4%.

Demoler barrios y fomentar las 'Seseñas' de China

Es por ello que tanto Pekín como Shanghái estén llevando a cabo un riguroso plan para limitar el espacio habitable: se demuelen barrios enteros, tanto en el casco histórico como en el extrarradio, para “modernizarlos”, esto es, reducir el número de viviendas para hacerlas más eficientes, dejando espacio para pequeños estudios o habitaciones que no impliquen un aumento significativo de la población. El objetivo es que ninguna de las ciudades pase de los 23 y 25 millones de habitantes, respectivamente.

Y, por el momento, las medidas parecen haber dado resultado: en 2017, Pekín hospedaba a 21,7 millones de personas, unas 20.000 menos que el año anterior; mientras, Shanghái redujo su población en 10.000 personas ese mismo año hasta situarse en los 24,18 millones, según los datos oficiales de las autoridades. Sin embargo, no todos opinan que la “modernización” de las megaurbes sea una simple cuestión de control demográfico.

Beijing no solo es enorme, además atrae a miles de turistas chinos / Cory Denton
Beijing no solo es enorme, además atrae a miles de turistas chinos / Cory Denton

Saskia Sassen, profesor de Sociología de Columbia, se queja de que “lo que solía servir para hospedar a cuatro familias es ahora la planta baja de un edificio para una sola persona adinerada. El gobierno chino está moviendo a la gente fuera de las grandes ciudades hacia otras menos pobladas, aquellas con una edificación excesiva y edificios medio vacíos que sólo eran proyectos para las constructoras para hacer dinero”. Una situación que recuerda peligrosamente a la de los grandes proyectos en España durante la burbuja inmobiliaria que acabaron convertidos en ciudades fantasma, como Seseña.

Políticas herederas del veto al segundo hijo

En cualquier caso, la sobrepoblación en un país con más de 1.379 millones de personas -según el último censo, de 2016- es algo que preocupa desde hace tiempo. En 1979 se implementó la famosa política para que las parejas sólo pudieran tener un solo hijo. Y, aunque desde 2015 se ha aprobado la progresiva reversión de la medida -hasta un máximo de dos hijos-, China es consciente de que un aumento desproporcionado de la población generaría más problemas y pobreza que otra cosa.

Ahora, el Gobierno chino aplica una política tan rígida para reducir la sobrepoblación de las grandes ciudades que sólo el pasado noviembre obligó a decenas de miles de personas en situación de alquiler irregular en Pekín a abandonar la ciudad. Y, según los medios del país, la operación se llevó con absoluta diligencia: los residentes tenían apenas unos minutos para recoger sus cosas y abandonar sus casas, que inmediatamente después eran demolidas.

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