Sábado, 23.03.2019 - 06:38 h
Es decisiva en los líderes

El rasgo de la personalidad que hace que la gente se sienta a gusto a tu lado

La forma en que una persona tiende a hacer sentir a los demás es una parte consistente de su personalidad. Y tiene implicaciones en la empresa

Hay personas que caen bien y nos hacen sentir a gusto a su lado. / Pexels
Hay personas que caen bien y nos hacen sentir a gusto a su lado. / Pexels

Hay gente que cae bien y gente que cae mal. Por supuesto, hay personas simpáticas de las que desconfiamos, y otras de carácter reservado, cuando no malcarado, que nos encantan. Pero no es lo habitual. Por norma general, hay personas que nos hacen sentir cómodas en cuanto las conocemos, y otras que hacen que se enciendan todas las alarmas.

Aunque es un campo de investigación reciente, existen ya algunos estudios que aseguran que la forma en que una persona tiende a hacer sentir a los demás es una parte consistente y medible de su personalidad. Lo llaman “presencia afectiva”. Y es de una importancia vital en el mundo de los negocios.

Héctor Madrid, profesor de comportamiento organizacional de la Pontificia Universidad Católica de Chile, define la presencia afectiva como “un rasgo de personalidad que implica que la mera presencia de una persona tiende a provocar emociones positivas o negativas entre quienes interactúan y comparten entre sí”.

“Dado que es un rasgo de personalidad”, explica Madrid en un artículo publicado en la página de la universidad, “la presencia afectiva es estable en el tiempo y se manifiesta en los diversos ámbitos de la vida de una persona. Así la presencia afectiva describe la forma de ser de nosotros al relacionarnos con otras personas”.

La fuerza de las personas “populares”

Como explica Julie Beck en 'The Atlantic', la presencia afecta fue descrita por vez primera hace una década, en un estudio de las investigadoras estadounidenses Noah Eisenkraft y Hillary Anger Elfenbein.

En un experimento, las profesoras separaron a los estudiantes de una escuela de negocios en diversos grupos y los inscribieron en las mismas clases por un semestre. Los estudiantes hicieron cada proyecto grupal juntos. Luego, los miembros de cada grupo evaluaron a sus compañeros según ocho emociones diferentes: estresado, aburrido, enojado, triste, tranquilo, relajado, feliz y entusiasta. Los investigadores descubrieron que una parte significativa de las emociones de los miembros del grupo se podía explicar por la presencia afectiva de sus compañeros.

Este estudio detectó por vez primera que nuestra forma de ser tiene una suerte de firma emocional, que afecta no solo a la forma en que nos perciben las otras personas, sino también a su comportamiento.

Los buenos líderes contagian al equipo emociones positivas. / Pexels
Los buenos líderes contagian al equipo emociones positivas. / Pexels

Desde hace algún tiempo se sabe que las emociones son contagiosas: si una persona se siente enfadada, puede infectar a su vecino con ese enfado. Esta es la razón por la que un empleado tóxico puede arruinar el ánimo de todo un departamento y el motivo por el que nos es difícil ligar si estamos tristes o desesperanzados. Pero la presencia afectiva es un efecto que uno tiene independientemente de los sentimientos propios: aquellos con presencia afectiva positiva hacen que otras personas se sientan bien, incluso si personalmente están ansiosos o tristes, y lo contrario es cierto para las personas con presencia afectiva negativa.

Como era de esperar, las personas que constantemente hacen que los demás se sientan bien son más importantes para los que les rodean: en el estudio de Eisenkraft y Anger un número mayor de sus compañeros de clase los consideraban amigos. También obtuvieron un mayor interés romántico de los demás en un estudio separado de citas rápidas.

La presencia afectiva en entornos laborales

Madrid y sus compañeros de la Universidad Católica de Chile han estudiado recientemente en qué medida la presencia afectiva podría ser relevante en las organizaciones y el contexto de trabajo.

Tras realizar una serie de estudios observando la interacción de los empleados con sus líderes han llegado a la conclusión de que la presencia afectiva de los directivos se relaciona de forma directa con la conducta de los integrantes del equipo. Pero no siempre para bien.

Como explican el investigador chileno la presencia afectiva positiva conlleva que las personas recuerden las experiencias de trabajo que han sido exitosas y además desarrollan actitudes favorables acerca de su ambiente laboral, centrándose en las oportunidades de colaboración. “Además, las emociones positivas energizan a una mayor cohesión y confianza en los grupos de trabajo”, apunta.

Por el contrario, la presencia afectiva negativa de un líder disminuye la probabilidad de que los integrantes de un equipo se ayuden entre sí. “Esto se debe a que las emociones negativas conllevan que las personas perciban su entorno de forma más desfavorable, centrándose en las malas experiencias de trabajo”, explica el investigador. “Los integrantes de un equipo están más dispuestos a no tener un contacto cercano entre ellos e incluso al conflicto”.

Las emociones son altamente contagiosas. / Pexels
Las emociones son altamente contagiosas. / Pexels

¿Qué hace a un líder más influyente?

Aún no se ha estudiado qué es exactamente lo que hace a unas personas tener un determinado tipo de presencia afectiva. Puede tener que ver con el lenguaje corporal, el tono de voz o con ser un buen oyente. Madrid sugiere en ‘The Atlantic’ que investigaciones futuras podrían señalar que algunas personas tienen una fuerte presencia afectiva (ya sea positiva o negativa), mientras que la de otras es más débil. Pero tanto los investigadores chilenos como los estadounidenses sugieren que una gran parte de la presencia afectiva tiene que ver con la forma en que las personas regulan las emociones, las de los demás y las suyas.

Todos compartimos de alguna forma nuestras emociones con nuestro entorno, pero hay personas que amplifican estas y otras que las disimulan. Esto puede ser bueno para los que nos rodea, pero malo para nosotros, y viceversa.

Como apunta Elfenbein, la presencia afectiva positiva no es intrínsecamente buena, ni para la persona ni para quienes la rodean. Los psicópatas se caracterizan por ser encantadores y atractivos, y usan su presencia afectiva positiva para fines espurios. La presencia afectiva negativa, aunque a priori es peor en un líder, puede tener consecuencias positivas, por ejemplo, en un entrenador de fútbol que se enfada porque el equipo va perdiendo y transmite este a los jugadores, que se ponen las pilas.

Estos hallazgos tienen implicaciones prácticas para las organizaciones. La presencia afectiva es un rasgo de personalidad, por lo tanto, estable y poco modificable en el tiempo. De este modo, apunta Madrid, las posibilidades para mejorar la gestión de una empresa se restringen a la selección del personal, de modo que las compañías sepan encontrar el mejor ajuste entre el candidato a líder y su trabajo futuro en un equipo.

En este sentido, aunque la presencia afectiva negativa pueda ser útil en diversas circunstancias, Madrid aconseja apostar por directivos con presencia afectiva positiva. “Una alta presencia afectiva negativa es un factor excluyente para un puesto líder, porque ésta se asocia al uso de estrategias de empeoramiento de las emociones de los integrantes de un equipo y como consecuencia a una menor colaboración entre ellos”, concluye.

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