Martes, 12.11.2019 - 15:48 h
Los riesgos laborales del deporte

Por qué los exfutbolistas mueren 3 veces más que la media por daños neurológicos

Un estudio en Reino Unido señala que el 11% de quienes han jugado al fútbol profesional fallecen por demencia y otras causas neurodegenerativas.

Joao Felix (jugador del Atlético de Madrid) frente al Getafe
Por qué los exfutbolistas mueren 3 veces más que la media por daños neurológicos.

Los futbolistas, como la mayoría de los deportistas de élite, suelen presumir de unas condiciones físicas privilegiadas que les permiten competir al máximo nivel. Para hacerse una idea, en el fútbol de élite actual los jugadores recorren de media entre 10 y 15 kilómetros por partido, lo que equivale prácticamente a una media maratón en 90 minutos cada tres o cuatro días. Sin embargo, ni siquiera llevar una vida dedicada al deporte garantiza una salud de hierro para los futbolistas.

De hecho, un reciente estudio elaborado por la Football Association (la federación inglesa de fútbol, el equivalente a la RFEF) alerta de una creciente preocupación entre los futbolistas, ya que los datos indican que los exjugadores mueren tres veces más que la media por daños neurológicos: mientras que la demencia, el Alzhéimer o las enfermedades neurodegenerativas representan en torno al 3% de las muertes entre la población, este porcentaje se eleva hasta el 11% en el caso de quienes han jugado al fútbol al máximo nivel.

La investigación, llevada a cabo por la Universidad de Glasgow para la FA, ha analizado las causas de muerte de más de 7.500 exjugadores profesionales en Escocia nacidos entre 1900 y 1976, comparando los datos con los de 23.000 personas que no practicaron fútbol de alto nivel durante su vida. A lo largo de 18 años, se han producido más de 1.100 muertes de exfutbolistas, de las cuales 222 fueron directamente causadas por demencia, Alzhéimer u otras causas neurodegenerativas, tal y como señala el equipo de expertos en neurología.

Los riesgos laborales en el fútbol

Analizando las causas más probables, los investigadores hallaron una correlación entre el uso reiterativo de la cabeza durante el juego (para rematar, para despejar) y el posterior desarrollo de daños cerebrales, si bien el estudio no ha querido emitir una conclusión concluyente al respecto. En cualquier caso, se trata de un riesgo laboral que se extiende también a golpes en saltos, codazos, forcejeos o, incluso, golpes fortuitos con elementos del campo (como, por ejemplo, los palos y el larguero de la portería.

De hecho, la FA lleva más de una década estudiando los posibles daños cerebrales en los exfutbolistas y su relación con el fútbol. Especialmente, a partir de 2006, cuando el portero Petr Cech (entonces en el Chelsea, hoy retirado) sufrió una aparatosa durante un partido contra el Reading que hizo saltar las alarmas por la falta de seguridad de los porteros en el fútbol. En un lance con un rival, Cech se fracturó el cráneo y, aunque al principio pareció un simple choque, los médicos determinaron posteriormente que el incidente le pudo haber costado la vida al guardameta checo.

Cuando regresó a las canchas, tres meses después, Cech empezó a llevar su característico gorro de rugby. Pero lo más importante es que la federación, la liga y todos los organismos del fútbol inglés empezaron un ambicioso proyecto para el control de lesiones en la cabeza (y otras lesiones graves) que implicó un cambio en la regulación que, desde entonces, obliga a todos los clubes a compartir información de sus servicios médicos. El objetivo es doble: por un lado, hacer un seguimiento conjunto de posibles tendencias en las salas de enfermería y, por otro lado, realizar estudios a largo plazo sobre los riesgos del fútbol para los jugadores.

Desde entonces, los esfuerzos del fútbol inglés por prevenir muertes prematuras debido a daños neurológicos se han centrado en el estudio de este tipo de lesiones en los jugadores en activo. El problema es que, a pesar de que elementos como el gorro de rugby de Cech puedan salvar vidas en el momento, el efecto a largo plazo del propio juego de cabeza (solo hay que pensar en cuántas veces despejan durante un partido los centrales de un equipo) es imposible de mitigar por ahora, aunque ya hay quienes señalan que el uso de protectores como el gorro de Cech pueden ser el camino a seguir.

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