Domingo, 21.10.2018 - 19:14 h
Los trepas trabajan menos

Hacerle la pelota al jefe es agotador (y además empeora tu rendimiento)

Un estudio señala las consecuencias de la adulación constante a un superior, que van desde el mal comportamiento hasta saltarse reuniones

Hacer la pelota es crontraproducente / Pexels
Hacer la pelota es crontraproducente / Pexels

En cualquier lugar de trabajo existen ciertas personas que basan su estrategia para ser valorados en la adulación constante a sus superiores, más allá del terreno estrictamente laboral. Aunque pueda resultar positivo ofrecer un feedback constructivo a los demás, hacerle la pelota al jefe no sólo es negativo para el entorno -especialmente para los compañeros-, sino que además es tremendamente agotador y termina por afectar al rendimiento de quien lo hace, tal y como señala un reciente estudio llevado a cabo en la Universidad Estatal de Oregón y publicado en el Journal of Applied Psychology.

De hecho, hacer la pelota también termina por “agotar los recursos de autocontrol” del empleado y propicia malos comportamientos. “Existe un coste personal por tratar de adular a tu jefe. Cuando se agota tu energía, puede llevarte a territorio de nadie”, explica Anthony Klotz, profesor asociado en dirección de equipos en la Escuela de Negocios de la Universidad Estatal de Oregón y autor principal del estudio.

Sin embargo no es el único tipo de conducta que afecta negativamente al comportamiento de los empleados: según la investigación, tratar de promocionarse constantemente ante los superiores tiene un efecto de desgaste similar y termina por producir desórdenes, por muy efectivo que pueda resultar a corto plazo.

La diferencia entre agradar con tu trabajo y adular

“Generalmente, impresionar a un superior es una manera de querer gustar y parecer capacitado” en el espacio de trabajo, señala Lawrence Houston III, coautor del estudio. En este sentido, la adulación es una de las principales formas que utilizan los empleados para crear y mantener su imagen deseada en el entorno laboral, algo que en otros estudios anteriores siempre se ha considerado como una estrategia lícita que no sólo sirve para obtener mejores resultados a nivel individual, sino también para mejorar el ambiente colectivo. Algo que desmiente parcialmente la última investigación, que diferencia entre agradar con el trabajo y hacer la 'pelota'.

Sus autores examinaron durante dos semanas a 75 profesionales que trabajaban para una empresa pública en China y las tácticas usadas para impresionar a sus supervisores, dividiéndolas en adulación y autopromoción. Así, determinaron que las del primer tipo generalmente incluyen halagos, estar de acuerdo con la opinión del supervisor y hacerle favores. Por su parte, la autopromoción se refiere a agenciarse el crédito de un éxito, alardear sobre el rendimiento y resaltar las conexiones con otras personas importantes.

El agotador arte de hacer la pelota

Sorprendentemente, y al contrario de lo que se solía pensar hasta ahora, los investigadores concluyeron que la conducta de aquellos empleados que abusaban de la adulación variaba según el día. Es decir, que les resultaba imposible mantener el mismo nivel a la hora de hacer la pelota constantemente. Por otro lado, también advirtieron que mientras mayor sea el grado de adulación y más complejas las estrategias empleadas, más agotados se sienten los empleados. Algo que, en opinión de los autores del estudio, resulta comprensible ya que para hacer la 'pelota' se requiere “una apariencia de sinceridad” que exige mucho mentalmente.

Los resultados observados fueron que ese agotamiento llevaba a malos comportamientos con compañeros del trabajo, saltarse reuniones o pasar más tiempo navegando por internet que trabajando. Algo que, en general, se agrava cuando los empleados no presentan altos niveles de habilidades sociales: aquellos con mayor capacidad para relacionarse con los demás son menos propensos a presentar agotamiento tras hacerle la pelota al jefe, según el estudio. Y, en caso de presentarse esa merma, sus autores recomiendan tomarse un descanso para evadirse: “Siempre es mejor que dejar que el agotamiento se manifieste de otro modo, como siendo grosero con un colega de trabajo”.

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