Jueves, 21.02.2019 - 01:35 h
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Japón desconoce la propiedad del 10% de sus tierras (y es un problema muy gordo)

En el país nipón nunca ha existido la facultad de expropiar terrenos y gran parte del territorio pertenece a personas que murieron hace siglos

Los japoneses desconocen la propiedad de gran parte de su territorio / Pixabay
Los japoneses desconocen la propiedad de gran parte de su territorio / Pixabay


Hace unos años, la prefectura de Nagano, situada en el centro de Japón, decidió ensanchar una de sus carreteras, lo que implicaba comprar las tierras adyacentes a éstas. Resultó que, una parte importante del territorio previsto para ampliar la vía pertenecía a un grupo de 26 personas de la era Meji: el título de propiedad no había cambiado desde finales del siglo XIX.

El gobierno de Nagano llegó a la conclusión que, dado que nadie había reclamado estas tierras, por ley pertenecían a un total de 107 personas, descendientes directos de los 26 propietarios que figuraban en los papeles. Y para construir la carretera se necesitaba el consentimiento de todos ellos.

Los funcionarios del gobierno local contrataron abogados para localizar a los herederos, pero el coste y el tiempo que conllevaba encontrarlos eran prohibitivos. En consecuencia, la carretera, que es compartida por grandes camiones y los niños que van de camino al colegio, nunca se amplió.

La ciudad de Nagano, capital de la prefectura del mismo nombre / Pixabay
La ciudad de Nagano, capital de la prefectura del mismo nombre / Pixabay

Esta historia, que publicaba el pasado verano el diario nipón Asahi Shimbun, ilustra a la perfección el enorme problema que está empezando a tener Japón debido a su desfasada legislación.

La razón principal del problema es que cuando muere un propietario, sus herederos a menudo no vuelven a registrar la tierra bajo sus propios nombres, algo a lo que no están obligados. A medida que pasan los años, y estos herederos también mueren, sus descendientes tampoco registran la tierra, cuya existencia probablemente desconocen. Pero, de acuerdo con la ley de herencia japonesa, mientras no haya algún tipo de compraventa, todos los descendientes de un propietario tienen los mismos derechos sobre esa propiedad, unos derechos que se van arrastrando de generación en generación.

También en España las propiedades siguen a nombre del difunto en tanto en cuanto no se cambie la titularidad en el registro como consecuencia de la repartición de la herencia. Pero en nuestro país, como en casi todas partes, existe la expropiación: la facultad del Estado para hacerse con una propiedad privada si es necesario para el bien común. En Japón nunca ha existido.

La construcción de cualquier carretera se convierte en un dolor de cabeza / Pixabay
La construcción de cualquier carretera se convierte en un dolor de cabeza / Pixabay

Poco espacio, demasiada gente

Según fuentes gubernamentales citadas por Asahi Shimbun, las autoridades desconocen la titularidad de 4,1 millones de hectáreas de tierra en Japón. Esto supone en torno al 10% del territorio y es una superficie similar a la de la totalidad de Extremadura (algo más que todo Cataluña, por poner otro ejemplo). Y hay académicos que incluso duplican esta cifra.

Existen también cálculos económicos sobre el asunto. Un grupo de investigación de la Asociación Nacional de Planificación de Tierras estima que el problema costará a la economía japonesa seis billones de yenes (en torno a 42.000 millones de euros) para 2040, en función del costo de mantener tierras abandonadas y el valor que podría tener la tierra si se utilizara de manera productiva.

Aunque el problema en torno a la titularidad de las tierras es bien conocido por las autoridades desde los años 80, no fue hasta el tsunami de 2011, el que causó el accidente de Fukushima, cuando empezaron a preocupar en serio del asunto, dado que todas las labores de reconstrucción se complicaron enormemente.

Pese a esto, el Gobierno ha tardado más de un lustro en presentar un proyecto de ley de expropiación, que aseguran se aprobará este año, para facilitar que las obras públicas se realicen en terrenos baldíos cuando es difícil determinar la propiedad.

El problema se extiende también a las grandes ciudades / Pixabay
El problema se extiende también a las grandes ciudades / Pixabay

El problema, en cualquier caso, está lejos de solucionarse. Muchas personas, pese a saberse propietarios de terrenos en zonas rurales, pasan de registrarlos, pues esto tiene un coste, y en muchos casos no genera ningún beneficio. En las ciudades sí interesa ser propietario, pero también allí se arrastran herencias de hace siglos. 

Hideyuki Sano narra en Reuters la historia de un inquilino de Fuchu, un suburbio de Tokyo, que trató de registrar a su nombre la casa en la que vive, perteneciente a su abuelo, que nació a mediados del siglo XIX. Al pedir información al notario, descubrió que su casa pertenecía en realidad a 50 personas.

“Si hablamos de 10 a 15 personas se puede hacer frente. Pero si tienes 50 personas es imposible obtener el acuerdo de todos ellos”, explicaba. “A pesar de que son parientes en el papel, no se conocen. Y sospecho que la mayoría de ellos ni siquiera saben que tienen una propiedad”.

Así que la casa seguirá siendo de su abuelo por los siglos de los siglos.

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