Domingo, 16.06.2019 - 01:26 h
En busca de distracciones positivas

La paradoja de la concentración: por qué no siempre te hace más productivo

Nuestro cerebro tiene un límite y si estamos permanentemente concentrados lo alcanzaremos pronto. Las distracciones son necesarias

Concentrarse es importante, pero no deja lugar a la creatividad. / Pexels
Concentrarse es importante, pero no deja lugar a la creatividad. / Pexels

Tener capacidad de concentración es sin duda una ventaja en el trabajo, pues permite evitar distracciones y centrarse en la tarea que se de be acometer. Pero las personas que no se permiten un mínimo de distracción también tienen problemas.

Como explica el neurólogo y psiquiatra Srini Pillay en su libro 'Tinker, Dabble, Doodle, Try: Unlocking the Power of the Unfocused Mind', aunque todos necesitamos concentrarnos para terminar las tareas, tenemos tendencia a aislarlos demasiado. “Demasiada concentración puede en realidad hacemos daño”, asegura. ¿Por qué? Por estos tres motivos:

1. Concentrarse mina tu energía

No es ningún secreto. Todos tenemos de vez en cuando el típico día con mucho curro en el que tenemos que estar plenamente concentrados y acabamos derrotados. Nuestro cerebro tiene un límite. “Si pasas demasiado tiempo concentrado tu cerebro empieza a perder energía”, explica Pillay. Se necesitan distracciones para poder seguir trabajando.

2. Estar concentrado hace que te des cuenta de otras cosas

Para estar concentrado necesitamos aislarnos de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, pero esto tiene una importante contrapartida en el entorno laboral. No solo nos perdemos del resto de cosas que están ocurriendo en nuestro equipo, sino también, llevado a lo grande, si una empresa está muy concentrada en algo puede no ver lo que está haciendo la competencia.

“An Wang, el fundador del procesador de textos, estaba ocupado concentrándose en la segunda versión de su creación, y en el proceso perdió a un competidor, el PC”, explica Pillay. Si estamos demasiado concentrados es fácil perder la noción del panorama general.

3. La concentración mina la creatividad

La creatividad requiere una amalgama de ideas, muchas veces desordenadas, y concentrarse únicamente en un pensamiento o idea no deja espacio para que otros pensamientos se introduzcan en nuestro cerebro y abran paso a novedades.

Srini Pillay. / Alison Whitmire
Srini Pillay. / Alison Whitmire

Cómo sacar ventaja de la falta de concentración

Estar permanentemente desconcentrado no es productivo, pero es necesario que abramos espacios en nuestro día a día donde dejar volar la imaginación. Pillay sugiere tres maneras de fomentar la creatividad:

1. Deja que tu cerebro se vaya por las ramas

En el ajetreado mundo laboral de la actualidad es difícil dejar que nuestro cerebro se enrede en pensamientos que nada tienen que ver con lo que estamos haciendo, pero, siempre con moderación, soñar despierto es la mejor manera de encontrar ideas creativas.

Esto no significa que debamos sentarnos en nuestra mesa y dejar volver la imaginación mientras tenemos decenas de tareas por hacer. Lo ideal es crear espacios para pensar, cuando realizamos actividades cotidianas que no requieren de una gran concentración, como puede ser planchar, cocinar o pasear al perro. Soñar despierto durante una actividad de bajo perfil, puede ayudarte a sentirte con más energía, productivo y creativo.

2. Encuentra las distracciones adecuadas

En el trabajo nuestras mayores distracciones suelen ser las redes sociales o los paseos por tiendas de todo tipo en internet, estas no son las distracciones más recomendables. Internet da lugar a la procrastinación, peor no libera en realidad a nuestro cerebro para tener pensamientos creativos.

Pero hacer garabatos en un papel, por ejemplo, sí es una distracción que permite a nuestro cerebro descansar. Esto permite, según Pillay, hacer garabatos, conectar con tu subconsciente, permitiéndote después retener más información y mejorar tu memoria.

3. Reconoce las distracciones inconscientes

Las distracciones inconscientes, como pensar si te llegará el dinero para pagar el coche que quieres o qué vas a ponerte en la cena que tienes esta noche, no son siempre las más adecuadas. Todos damos vueltas y vueltas a pensamientos que se convierten en distracciones poco saludables, que según Pillay activan el centro de miedo del cerebro sin que nos demos cuenta.

Pillay argumenta que es importante ser consciente de estas distracciones para apartar un tiempo para pensar en ellas y permitir que tu cerebro encuentre soluciones a esos miedos inconscientes, en lugar de que aparezcan en momentos inoportunos.

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